Pasar al contenido principal
Época ideal para conocer qué corzos campean en nuestros cotos

Así es la vida del corzo durante el mes de marzo

El mes de marzo para los corzos es un mes de gran importancia y de grandes cambios para nuestros corzos, que ahora se dejarán ver más, al dedicar buena parte del día a pastar en siembras y praderas y a marcar su territorio.
corzo
Marzo es, en muchas de las áreas donde se distribuye el corzo, uno de los peores meses, ya que los animales han gastado casi todas sus reservas energéticas en un duro y largo invierno, por lo que sus necesidades alimenticias son fuertes, obligándoles a una mayor actividad y a la necesidad de aumentar el número de sus desplazamientos en busca de alimentos, por lo que sus avistamientos son más frecuentes.

La escasez de comida en el monte, donde los árboles y arbustos carecen todavía de esos atrayentes brotes que tanto les gustan, y la casi inexistencia de ningún tipo de pasto hace que los corzos tengan que “dar la cara” en siembras y praderias, donde con el aumento de las horas de luz las siembras empiezan a coger cuerpo y en las praderas comienzan a brotar los primeros pastos, cubriendo así las necesidades de los corzos.

Mes ideal para ver “qué corzos hay” en nuestro coto

El aumento de su actividad, las necesidades alimenticias y el marcaje de los nuevos territorios convierten al mes de marzo en un mes crucial para hacernos una idea de los corzos que tenemos en nuestro coto, tanto de su número como de la calidad de los mismos, por lo que unas salidas equipados con unos buenos prismáticos, tanto a primera hora de la mañana como al atardecer, nos serán de gran ayuda.

Estas salidas se centraran principalmente en las denominadas zonas calientes de los cotos, es decir aquellas zonas en las que la experiencia nos indica que son las más querenciosas para estos pequeños ungulados: zonas de siembra, praderas, ribazos; pero sin olvidar de vez en cuando darnos unas vueltas por el monte donde la presencia de huellas, excrementos y sobre todo, las escodaduras y los arrascaderos, nos servirán para detectar la presencia de algún individuo nuevo al que no habíamos observado con anterioridad, principalmente algún macho viejo y esquivo, al que no le gusta abandonar el bosque.

Además estas salidas también servirán para que aquellos amantes de lo ajeno -los furtivos- sepan que el coto cuenta con una cierta vigilancia y que nuestra sola presencia puede disuadir a más de uno, sabiendo que sus fechorías pueden ser denunciadas en el momento.

¿Cómo se comportan ahora los machos?

Es en este mes cuando los grupos de capreolus que han permanecido juntos a lo largo de unos cuantos meses empiezan a disgregarse, siendo los machos adultos los primeros en abandonarlos en busca de su nuevo territorio, donde no soportarán la presencia de otros machos.

Los machos adultos suelen tener ya a mediados de marzo la cuerna limpia, por lo que es un factor de diferenciación, puesto que los machos más viejos son los que primero están totalmente limpios. Este proceso de limpieza de la cuerna, a pesar de lo que mucha gente cree, se produce en un corto periodo de tiempo, un día o como máximo dos, durante los que el corzo se pasa la mayor parte del día frotándose las cuernas contra árboles y arbustos, no tanto con la intención de marcar territorio sino para eliminar casi totalmente esta correa. Durante un par de días más las cuernas tendrán un aspecto ensangrentado que desaparecerá rápidamente empezando la cuerna a coger su color natural.

Cuando la cuerna está totalmente limpia y preparada para cumplir su función (que no es otra que la de otorgar a su poseedor de una herramienta eficaz para disuadir a sus competidores) es cuando el macho comienza la tarea de buscar ese nuevo territorio con gran actividad, siendo los machos más fuertes los que se quedarán con las mejores áreas, es decir, aquellas que más comida tengan y que además les ofrezca una adecuada cobertura.

Los machos jóvenes serán echados por los adultos viéndose en la necesidad de realizar, en algunos casos, grandes desplazamientos hasta encontrar un territorio vacante, que según algunos expertos puede llegar a superar los 25 kilómetros desde su lugar de nacimiento, lo que posibilita la presencia de individuos en lugares en los que nunca se habían detectado, generando de esta manera la formación de nuevas poblaciones.

El asentamiento en los nuevos territorios se detectará gracias a la obsesión de su nuevo o viejo inquilino -son muchos los corzos que año tras años ocupan los mismos asentamientos- de dejar constancia de que ese territorio ya está ocupado, por lo que se dedicará a la tarea de marcar su zona especialmente con escodaduras y rascaderas, que irá localizando en puntos estratégicos y por lo general bastante visibles de su territorio.

Las corzas buscan un buen lugar para sus crías

Al igual que los machos, las hembras también comienzan a dispersarse teniendo unas necesidades alimenticias muy elevadas, seguramente mayores si cabe que la de los machos, pues en su interior los corcinos van ganando peso a gran velocidad, como sus abultadas tripas así lo empiezan a delatar, por lo que a finales de este mes de marzo también van escogiendo sus propios territorios, aquellos que son más afables para la llegada de sus crías.

Las hembras, aunque se haya comentado pocas veces, son también bastante territoriales, no soportando con agrado la presencia de otras hembras, admitiendo tan solo la presencia de las crías del año, y a veces la del año anterior, pero estas, tarde o temprano, serán expulsadas y obligadas a buscarse un nuevo territorio, ocurriendo al igual que con los machos la colonización de nuevos lugares. La búsqueda de su territorio se centra principalmente en parámetros alimenticios, y al igual que en los machos es normal que una hembra ocupe el mismo territorio año tras año.

(Texto y fotos: Álberto Aníbal-Álvarez, Shutterstock y Archivo).