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Son medalla de oro y plata y fueron cazados por el Club de Monteros Ribeira Sacra

Abaten dos magníficos jabalíes (155 y 135 kilos) en una batida

Hace semanas publicamos en esta web unos vídeos de espectaculares guarros grabados por trail-cams en la zona gestionada por el Club de Monteros Ribeira Sacra. Pues bien, ahora os detallamos el resultado de una increíble batida celebrada el 4 de noviembre.
Vakamulos_Senen_Batida_G Impresionantes jabalíes cazados el 4 de noviembre por el Club de Monteros Ribeira Sacra.

Antes de pasar a relatar la batida del 4 de noviembre, en la que se cazaron, entre otros jabalíes, dos magníficos machos de 155 y 135 kilos, arrojando uno medalla de oro y el otro de plata, comentaremos que Monteros Ribeira Sacra es un club de cazadores gallegos sin ánimo de lucro con su sede social en Orense y su base de operaciones en Nogueira de Ramuín, en plenos Cañones del Sil (Ribeira Sacra orensana).

Al frente del Club, como presidente, se encuentra Senén Ramos Álvarez, con una experiencia contrastada en la cinegética general y en la caza mayor en particular. Aunque este club de socios y amigos practica la caza mayor (corzo, ciervo y jabalí) con su propia jauría de perros de rastro y otras de rehaleros colaboradores en general, su pasión y razón de ser es la caza del jabalí.

Los jabalíes de este coto

Alcanzan dimensiones muy grandes para la media de peso y talla normales en la Península Ibérica. La abundante maleza y comida y la presencia de miles de centenarios castaños, que les facilitan sustento rico en proteínas y carbohidratos, propician que los animales no tengan que realizar mucho ejercicio físico y que se ceben a conciencia.

La genética de dichos animales también es imponente, y todos los años se abaten de forma continuada ejemplares macho de 120, 140 e incluso alguno excepcionalmente de hasta 170 ó 180 kilos. También alguna hembra suele superar a veces los 100-110 kilos de peso.

El cazadero

Es espectacular, con laderones de castaños centenarios tupidos de maleza, fundamentalmente brezales tupidos y altos, zarzones corridos, espinos y tojos. El rugido de los disparos y detonaciones de los rifles resuenan a lo largo y ancho de este paraíso natural que son los Cañones del Sil, sin duda un escenario majestuoso en el que las ladras y el arrollón de estos jabalíes ladera abajo, magnifican y realzan el ejercicio venatorio.

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Por el contrario, el derroche físico que perros, monteros y, sobre todo, perreros deben realizar para desencamarlos y conducirlos a las posturas es brutal y no apto para todos los públicos.

Sacar las reses de dichos montes lleva en ocasiones que todo el equipo de batida arrime el hombro y emplee cuerdas y energía empleando horas en dichas tareas. Caza sufrida, pero caza intensa y de verdad.

Batida del 4 de noviembre

Se desarrolló en el corazón de los Cañones del Sil, en las inmediaciones del Parador Nacional de Santo Estevo de Ribas de Sil, y nos la relata Senén Ramos Jr.

A las ocho de la mañana, junta de monteros y amigos en la localidad de Luintra, mientras los perreros y rastreadores preparan los grifones, sabuesos y demás jauría en las perreras del Club. A las nueve nos reunimos en el cruce superior que lleva al Parador Nacional (alejados de dicho monumento para no molestar ni entorpecer el descanso de sus huéspedes).

Tras un rápido intercambio de impresiones y ante la abundancia de rastros, decidimos atacar una mancha que arranca a unos 300 metros debajo del Parador Nacional y que conforma una hoya con dos regatones en su interior. Mi padre, Senén Ramos Álvarez, distribuye rápido las armadas y las sueltas.

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Yo conduciré nuestra rehala (que será transportada a pie con la colaboración de Manolo y Benigno) hasta la suelta mediante cuerdas, para que los perros no se trasteen con el ‘escudo’ de rastros de corzo que puebla las limpias y centenarias carballeiras que rodean los encames de los jabalíes.

Por la parte cercana al Sil (fondo de la mancha), Manuel Junco hará lo propio con su rehala de gascones y podencos chicos. Damos una hora a puestos y postores para que cierren la mancha (los puestos son todos naturales y algunos requieren ser ocupados por gente joven que tendrá que escalar estos laderones de castaños a buen ritmo).

Una vez comunicado por parte de Senén el cierre de la mancha por los puestos a través de las emisoras, comenzamos el itinerario por “el camiño Real” que parte del Monasterio hacia el fondo del Cañón del Sil. El transporte de mis ocho perros, a pie y atados hasta el lugar donde los soltaremos.

El rastro es abundantísimo, los animales han estado ya pegados al Monasterio esta noche y el camino literalmente no existe, pues está completamente levantado. Los perros se ponen exaltados y nerviosos, quieren cazar ya, pero debemos llegar a la maleza y alejarnos del pueblo.

Tras la suelta

A los quince minutos estamos en el lugar, confirmo con mi amigo Manuel Junco que todo está bien y soltamos. Los perros se introducen en el zarzal y el barullo es estruendoso y formidable. Algún gran jabalí (“vakamulo”, como me gusta llamarlos a mí cariñosamente) está plantando cara a mis perros. Me acercó rápidamente; mi osita de Carelia, “Balita”, está a mi derecha, en un pequeño zarzal, marcándomelos a parado, pero el resto de la jauría se encuentra a la izquierda, con lo que parece ser un gran jabalí.

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Primer “vakamulo”

De repente mi grifón “Pol” se queja (lo han pinchado), por lo que me introduzco en el zarzal a portarlo y realizo una detonación controlada al suelo (en Galicia los batidores podemos usar arma de fuego, para apoyar a los perros dada la gran envergadura y la gran defensa de maleza que tienen los suidos).

El gran “vakamulo” arranca, llevándose a la jauría salvo “Pol”, que regresa a mí con una pata rajada (luego sería suturado, precisando 14 grapas). Aviso a mi sobrino Mateo, que raudo lo transporta al remolque para su asistencia. Siento dos detonaciones ladera abajo. Mi amigo Santiago Castro lo confirma: “ha caído, ha caído. Es un gran cochino” (finalmente arrojará 155 kilos en la romana).

Van todos los perros a él y, tras revisarlos, me confirma que ninguno más ha sido herido. Mi Carelia “Balita” también ha arrancado una piara, los tiros se suceden sin descanso en los dos cierres y en la traviesa que hay entre los dos regatones. ¡Qué espectáculo oír el eco de disparos y ladras de rastro en los Cañones del Sil! (majestuoso e indescriptible con palabras).

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El segundo gran jabalí

Por otra parte, en el cierre de la “Cañota Furada”, Carlos Cuenca abate un ejemplar joven de unos 40 kilos y cuando está recargando, observa otro enorme que se le está pasando por arriba, sin perros, en un terrazo antiguo de los viñedos que los monjes benedictinos tuvieron en estas tierras.

Se aguanta, con la templanza que la disciplina castrense le ha instruido, con sangre fría, mientras el “vakamulo” confiando en su astucia se está vaciando por arriba, tapado por los terrazos, hasta que en un breve espacio de unos tres metros, la pared derrumbada ofrece la silueta completa del animal y “pumm”.

El Bergara en .30-06, lo deja seco, rodando más de doscientos metros laderón abajo, hasta parar en el tronco ancho de un castaño centenario. Este animal arrojaría en su pesado posterior 135 kilos. Otros dos jabalíes de gran envergadura son fallados por Benigno y Roque.

A las dos horas enfrían las ladras y los disparos y decidimos terminar la batida. En total, siete jabalíes cobrados y uno pinchado pero que, dado lo escarpado del terreno y el escaso rastro de sangre, no se puede cobrar. A continuación se sacan los bichos del monte, para pasar la tarde entre amigos desollando las piezas, comiendo una buena parrillada y rememorando los intensos lances y las emocionantes vivencias de la jornada.

(Senén Ramos Jr.)

 

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