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Las nuevas tendencias en munición metálica para la caza

Hace ya más de una década que se inició una nueva tendencia en cartuchería para armas largas. No es difícil notar que por un lado la longitud total de los cartuchos se está reduciendo, mientras que por el otro su diámetro aumenta.

El otro aspecto sobresaliente de este proceso es que toda esta nueva cartuchería va acompañada de la palabra Magnum, decorada por algún adjetivo calificativo como Súper, dando a entender que son más potentes aún que los originales.

Por otro lado, resulta evidente que estos nuevos cartuchos “potenciados” incluyen solamente a un pequeño segmento, los de pequeño calibre o “small bore”, habiéndose fijado como límite superior práctico para esta medida los 8 milímetros o .323 del sistema anglosajón. Es como si de repente el mundo se hubiese enfrentado a la necesidad de emplear cartuchos del tipo Magnum para lidiar adecuadamente con las presas más pequeñas.

Entre los nuevos cartuchos, la velocidad y energía ha tendido a reducirse, o en el mejor de los casos a mantenerse tal cual, aunque justo es recalcar que esa reducción ha sido mínima y en aras de alguna que otra mejora marginal. La pregunta a hacerse es, ¿si la potencia se ha mantenido sin cambios, de qué sirven estas modificaciones introducidas en el aspecto físico de los nuevos cartuchos, qué ventajas nos ofrecen?

Los últimos grandes avances

Los grandes incrementos en las prestaciones –velocidad y potencia- alcanzaron su cúspide allá por principios del siglo pasado, precisamente en 1905, aunque para 1962 se decidió reducir en parte su potencia por considerarse que estos cartuchos estaban sobre dimensionados para los fines bélicos. Como sea, podemos decir que desde la aparición del .223 los incrementos logrados en energía y velocidad han sido escasos y para nada espectaculares. La pregunta a formularse es: ¿los nuevos cartuchos modifican esta situación en algo?

Durante el transcurso de estas líneas daremos por aceptados dos puntos. El  primero de ellos es que en todo momento nos estaremos refiriendo a cartuchos que se emplean mayoritariamente para la caza de presas comprendidas entre las categorías CXP1 y CXP2 (animales de hasta 150 kilogramos de peso, de piel fina, huesos frágiles y en su mayoría no peligrosos), por lo que analizaremos aquí solamente aquellos cartuchos que ocupan el 95 por ciento de las ventas, que son los que nos interesan, dejando de lado al .325 WSM, que no es más que un 8 milímetros con la velocidad de un .300 WM y la energía de un .338 WM. El segundo hecho que daremos por sentado es que, habiendo ya enunciado que no hay grandes cambios en lo que a energía y velocidad se refiere, estas líneas transcurrirán analizando otros aspectos, tanto los ventajosos como los no tanto, de estos nuevos productos. Veamos primero los cambios introducidos en el aspecto físico y los beneficios aparejados.

¿Por qué vainas tan cortas?

La primera pregunta a formularse ante uno de estos nuevos cartuchos, léase Short Magnum (SM) o Super Short Magnum (SSM), es el por qué de su corta vaina. La respuesta es para reducir el peso del arma, y existe un antecedente muy exitoso al respecto. A mediados del siglo pasado, en 1952 paran ser más exactos, los Estados Unidos reemplazaron al .30-06 Springfield, o 7,62 X 64 milímetros, por otro cartucho de iguales prestaciones, pero más corto, el .308 Winchester o 7,62 X 51 milímetros NATO, o sea, el mismo calibre pero con una vaina 13 milímetros más corta.

La finalidad era la de lograr un arma más liviana al presentar una acción más corta. En ese caso, y gracias a las pólvoras modernas, e incrementando ligeramente la presión de trabajo del .308 sobre las del viejo 06, no fue necesario aumentar el diámetro de la vaina como ha sucedido con los SM y los SSM.

Bien, ¿y qué ventaja otorga una vaina más ancha? Simplemente mayor precisión. Una columna de pólvora más corta permite una ignición más rápida y pareja de la totalidad de la carga, con lo cual se logran presiones más uniformes durante todo el proceso de quemado. Esa delta menor entre los picos de presiones es el responsable de esa mayor precisión.

Pero este último incremento sólo se justifica en los torneos de bench rest, y difícilmente tiene razón de ser en caza mayor, en particular en la de animales de la clase CXP2 y 3 (animales de hasta 500 kg). El tamaño del blanco es tal que una diferencia de milímetros en el radio de dispersión del arma simplemente no cuenta.

¿Y qué hay de los Super Short Magnum?

De modo que los primeros cartuchos Short Magnum nos otorgaron armas más livianas y algo más de precisión, sin variar en gran cosa su velocidad y fuerza de impacto. Pero, ¿ocurrió lo mismo con sus descendientes, los cartuchos Super Short? ¿Fueron creados con el mismo espíritu? No. Los SSM, como el .223 WSSM, el .243 WSSM y el .25 WSSM salieron a la luz para igualar, y no para superar ni en velocidad ni en potencia, a cartuchos preexistentes, pero que eran demasiados largos, obligando al empleo de acciones muy pesadas para contener cartuchos de escaso diámetro. Así la misión del .223 WSSM fue la de reemplazar al .220 Swift, la del .243 WSSM al 6 milímetros Remington Magnum y el .25 WSSM al 25-06.

En cuanto a prestaciones, el límite de estos cortos y gruesos cartuchos -y con ello me refiero a los SM y los SSM-, parece estar dado por cuatro factores: reducción en el peso del arma (a considerar a la hora de recechar); mejoría en la precisión; y el hecho de que estos cartuchos no están disponibles en cualquier tienda de deportes y además no resultan económicos, -lo cual limita la práctica de tiro con el arma y puede resultar un problema de consideración al momento de reponer munición-. El último factor es la sospecha, bastante extendida, de que todos estos cambios se deben al deseo de incrementar las ventas de armas y cartuchos por parte de sus fabricantes apelando a la fascinación que ejerce la palabra magnum sobre los cazadores, palabra que vende, y mucho.

De modo que ahora el lector, armado con esta información, y cotejándola con sus necesidades cinegéticas y posibilidades económicas, puede decidir si el cambio justifica el esfuerzo.

(Texto: Daniel Stilmann. Fotos: Shutterstock, Alberto Aníbal y archivo)