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En la galería de tiro y tras un corzo leonés

Probamos el rifle Titan 6 All-round con visor Swarovski dS

Inmersos en esta era digital, sería difícil entender que no entrase de lleno en la caza, para resolver ese momento crítico del disparo a larga distancia. Ahora lo comprobamos con el rifle Titan 6 All-round, que lleva montado el visor Swarovski dS.
Prueba_Titan6_SwarovskidS_G Rifle Titan 6 All-round con un visor Swarovski dS 5-25x52 P montado.

Hace pocos años la búsqueda de cartuchería rasante llenaba páginas compulsivamente, buscando combinaciones de calibres y cargas que nos permitiesen llegar más lejos con unas correcciones mínimas. La generalización de las torretas balísticas vino a acabar con esa preocupación y, ahora mismo, podríamos decir que, casi con cualquier cartucho, podemos llegar hasta donde necesitemos con total precisión.

Choca, sin embargo, a poco que reflexionemos sobre el sistema, lo arcaico que puede resultar. Las torretas balísticas son simplemente contadores de clicks de altura, numerados en función de la curva que trace la combinación que utilicemos. Nadie me negará que habituados a tocar una pantalla para tener toda la información en el acto, eso de girar una rosca contando clicks acaba por parecer un tanto prehistórico.

No es nueva, en cambio, la idea de sumar telémetros y sistemas balísticos a la óptica; es algo con lo que ya cuentan muchas marcas, generalmente en prismáticos, mucho menos habitual en visores.

Michel Coya probando el equipo en el campo.

Esta vez es Swarovski quien se ha sumergido en la tendencia, dispuesta a dar al cazador un sistema altamente efectivo, que le evite tener que realizar cálculos y permitiéndole centrarse simplemente en una puntería correcta. Y es que eso es el dS, un visor inteligente, que en esta ocasión me llega montado sobre otro producto de calidad austriaco, el Röwa Titan 6 All-round, acero y plástico vistiendo la conocida acción.

Desgranemos en el siguiente vídeo este conjunto, una combinación que llega para empujar al cazador a concentrarse únicamente en apuntar.

La prueba de fuego en la caza de un corzo

Madrugón corcero en una mañana soleada y sin viento en el norte de León. Decido recechar entrando por detrás, para dar vista a la enorme ladera que flanquea el valle central. Las codornices cantan sin parar en ese barbecho que, a modo de meseta, atravieso para dar vista un enclave donde sé que anda un corzo tirable.

Cazo muy despacio, usando mis prismáticos Swarovski EL 10x42 cada veinte metros. A pesar de lo despejado, tengo que ponerme los guantes, pues el frío es intenso. La repoblación de pinos jóvenes se alterna con pequeños rodales de rebollos, dejando claros de herbazal que recorro con la óptica. Me tomo mi tiempo y comienzo a descubrir alguna corza. Parece increíble que las tenga tan cerca, ahí delante, y no consiga verlas. Tras dejarme los ojos sin ser capaz de ver si hay algún macho con ellas, continúo el rececho.

Corzo leonés cobrado con el equipo de la prueba.

Es al llegar al último repecho cuando veo un movimiento en el valle que queda a la izquierda. Lo meto en los prismáticos y por un instante levanta la cabeza..., hay que tirar. Va tapándose, obligándome a caminar para no perderlo. Coloco el 4Stable Stick de carbono y apoyo el Titan. Sé que todo ha de ser muy rápido o se meterá en el brezal, perdiéndolo con total seguridad.

Subo los aumentos a 18x y pulso el botón de medida. En la pantalla aparecen 198 metros. Giro la torreta del paralaje y meto de nuevo la cara en el visor, dispuesto a jugar el lance. Me sorprendo al ver que ya me está mirando, de culo, parcialmente tapado. Fijo el punto iluminado sobre la pieza, ligeramente por debajo del poste horizontal, y rompo el disparador. El equipo ha cumplido con sobresaliente, precisión quirúrgica. Es momento de precintar el trofeo y preparar como se merece su exquisita carne. No hay forma mejor de rendirle respeto a la pieza abatida.

(Texto, vídeo y fotos: Michel Coya)