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Consejos ofrecidos por Luis Manuel Jara, presidente de la AEPES

Así solucionarás los 4 errores más comunes en el rastreo de piezas heridas

Luis Manuel Jara, presidente de la Asociación Española del Perro de Sangre (AEPES), nos ilustra en este valioso artículo acerca de los errores más frecuentes en el rastreo de piezas de caza mayor heridas y cómo solucionarlos.
Rastreo_Solucion_Errores_G Venado cobrado tras el rastreo con un sabueso de Baviera.

Creemos que tenemos ya a nuestro magnífico perro de sangre preparado, que previamente hemos comprado al criador más famoso que aparece en Internet y que tiene más pruebas superadas que nadie y, sin embargo, después de haber pisteado más de dos horas un corzo herido, no hemos conseguido cobrarlo.

 

¿En qué hemos fallado? ¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometemos? En las siguientes líneas vamos a tratar de explicar, en nuestra experiencia, cuáles son esos errores y cómo solucionarlos.

 

1 El más frecuente, no fiarnos del perro

 

El que yo defino como más frecuente es el no fiarnos de nuestro perro. Tenemos la tendencia natural a humanizar al perro y nos cuesta entender que sus preparaciones y sus sentidos son de los más distintos a los nuestros, además de especiales.

 

Rastreo de una pieza herida con un sabueso de Baviera.

 

Solemos pensar que porque no vemos sangre, ésta no está, y lo que ocurre es que nosotros no la vemos pero nuestro compañero sí. Dejémosle trabajar. Como siempre, él va a tener razón. Pero para dejarlo trabajar, precisamente debemos tener una gran compenetración con nuestro compañero; hemos de conocer cada expresión para poder reconocer si está en el rastro correcto o se ha despistado con un rastro caliente.

 

2 No empezar en el lugar del tiro

 

Otro error que se comete con frecuencia es no comenzar en el anchuss. En la Asociación Española del Perro de Sangre (AEPES) utilizamos esa palabra alemana para referirnos al lugar del tiro. En efecto, es frecuente que el cazador, con el fin de evitarnos caminatas, nos diga que el animal fue disparado allí, pero… “ven por aquí, que es el último lugar donde vimos sangre”.

 

Jabalí herido en batida y recuperado gracias al rastreo de este teckel.

 

Debemos rechazar siempre esa posibilidad por tentadora que se presente y comenzar siempre en el anchuss. En él podemos encontrar numerosos indicios que en la pista no estarán, podemos hacernos una idea aproximada de lo que ocurrió, de la dirección correcta, de la herida y, sobre todo, y para mí lo más importante, empezar desde el anchuss forma parte de una rutina para nuestro compañero que sin duda le ayuda a identificar con precisión el animal herido que buscamos y a discriminar éste de otros olores que se encuentran en el lugar.

 

Personalmente, este punto tiene aún mayor importancia en los supuestos en los que el animal se encuentra junto a otros en el momento del disparo (Ejemplo: corzo con corzas en una pradera).

 

3 ¡Se puede parar el rastreo!

 

Un error más es pensar que no podemos parar el rastreo. ¡Claro que se puede! Siendo novato iba siempre acelerado y a rastras detrás del perro porque pensaba que si el perro notaba tensión en la traílla pensaría que lo estaba corrigiendo y abandonaría la pista que correctamente seguía. La experiencia posterior me ha demostrado que no sólo se puede interrumpir un rastreo, sino que además es positivo.

 

Venado recuperado por un sabueso de Baviera.

 

En ocasiones, cuando perdemos el rastro por un rastro caliente, podemos parar, beber agua, fumar uno o dos cigarros y continuar en el último punto que lo teníamos por bueno. O en situaciones de calor, es mejor refrescar y parar que intentar rastrear con la lengua fuera. No olvidemos que si el perro deja de respirar por la nariz y comienza a jadear por la boca, perderá la mejor parte de la información que le llega por el olfato. Por eso es mejor, parar y continuar más tarde.

 

4 Sin prisas ni urgencia

 

Otro error común es lo que podemos denominar como urgencia y prisas por rastrear. Cuando salimos a rastrear debemos tener en cuenta que sabemos dónde y cuándo comenzamos, pero nunca dónde y cuándo acabamos. Y sin embargo, a veces cuando recibimos una llamada para acudir a un rastreo, pensamos que por acudir antes vamos a hacerlo mejor o nos va a resultar más sencillo al tener el rastro menos antigüedad, y esto no es cierto por varios motivos.

 

El primero es que, como mínimo, debemos esperar entre dos y tres horas desde el disparo para permitir que el animal se enfríe y detenga su huida. Si comenzamos el rastreo sin esperar este tiempo es muy probable que desencamemos al animal y entonces su huida será más larga. Además, una vez desencamado, es muy posible que ya no lo encontremos. Es mejor esperar pero ir con más seguridad.

 

Sabuesa de Baviera con una corza cazada en invierno.

 

A veces intentamos acudir rápido con el fin de que la pista no tenga mucha antigüedad, y sin embargo, en ocasiones, resulta preferible retrasarlo aunque la pista tenga más horas de antigüedad pero podemos pasarlo en condiciones más favorables.

 

Esto se ve más claro en los meses de verano, en los cuales es mejor acudir temprano a la mañana siguiente, en la que el rocío habría refrescado e hidratado el rastro, que pasar ese rastreo con muchas menos horas de antigüedad a las cuatro de la tarde, cuando la temperatura ronda los 40 grados. Igualmente, en invierno, es preferible acudir temprano a la mañana siguiente que ir a última hora de la tarde, de tal forma que si el rastreo se prolonga un poco, anochecerá y no podemos continuar.

 

Para finalizar

 

Si intentamos corregir estos errores es posible que tengamos más éxito en nuestros rastreos, pero si aun así no lo conseguimos, debemos tener en cuenta que el elemento fundamental para rastrear animales heridos es precisamente que se encuentren heridos y, además, como dice Jean Guy Gendras, “hay que hacer todo lo anterior y además tener un poco de suerte”.

 

(Fotos: AEPES y Archivo)