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Cómo quitar el miedo a los tiros a tu perro de caza

Cazador y su perro en una jornada de menor.

En el periodo de socialización es muy importante que el cachorro conozca el mundo que le rodea, pues hasta ese momento sólo conoce su canil, a su madre y a sus hermanos; ahora los humanos son su nueva manada y habitan en un nuevo entorno.

 

Paseos y comida con ruidos

 

Pasear al cachorro por la ciudad es lo ideal, con ruidos de coches, de motos, bullicio... Al principio se asustará- también veremos así su carácter, quién se asusta y quién no-; es normal, estamos nosotros para darle tranquilidad y seguridad.

 

Paseo de un cachorro por un entorno urbano.

 

A la hora de darle de comer, es ideal tener un recipiente metálico, para dejarlo caer desde cierta altura, que haga ruido. Si el cachorro se asusta, le echamos su ración de pienso y lo tranquilizamos, en poco tiempo ese estruendo metálico le hará entusiasmarse porque lo hemos condicionado a crear la asociación ruido=comida. Utilizar tolbas en cachorros o dejarles un recipiente lleno para que se alimente cuando quiera, es la mejor forma de maleducarlos.

 

Recipiente metálico de comida para perros.

 

Detonadora o globos, sí; petardos, no

 

Más adelante, cuando el cachorro tenga sobre los 5 ó 6 meses, debemos ya comenzar a utilizar una detonadora (que a nadie se le pase por su mente utilizar petardos, ya que he visto varios casos de miedo a los tiros por petardo). Si no se tiene detonadora es mejor utilizar globos inflados y estallarlos.

 

Detonadora de lápiz.

 

Sin prisas con los disparos

 

Si hemos socializado bien, si hemos prevenido, el cachorro no presentará ningún problema de miedos o traumas al disparo, pero aun así vamos a hacer las cosas despacio y no introduciremos el disparo al tun-tun. Podemos aprovechar alguna sesión de entrenamiento del cobro o de muestra con sus primeras piezas, para introducir el disparo, que al principio se realice desde distancias prudenciales. Mucha observación de las posibles reacciones, para detenernos a tiempo o para seguir sin más problemas.

 

Perro tras su dueño en una jornada de caza menor.

 

La primera jornada de caza, y si el perro no ha escuchado un tiro de escopeta, si su carácter habéis adivinado que es más bien tirando a flojo, procurad ir solos, pues la mayoría de los casos de miedos a los disparos se deben a la escopeta del compañero.

 

Si el perro no es el protagonista del lance y disparamos, lo más normal es que se asuste: ¿no os asustáis vosotros si estáis a otra cosa y alguien pega un portazo en casa?

 

Un perro tiene miedo a los tiros por tener una sensibilidad auditiva alta, por no haber socializado correctamente ni haber prevenido. Es importante saber que el miedo es algo que cualquier mamífero trae en su genética, le ayuda a sobrevivir, pero eso no quiere decir que el miedo a los tiros sea algo genético; descartad esa idea porque es falsa.

 

¿Podemos quitar el miedo a los tiros?

 

Sí podemos, sí, pero no os voy a engañar, pues dependiendo del grado de ese miedo será más complicado o prácticamente imposible. El miedo a los tiros se puede dar desde grados muy bajos (no huye, simplemente se queda parado, desconcertado), hasta lo que llamaríamos pánico y ya no miedo a los tiros, a los ruidos fuertes (se tumba o en un grado excesivo huye despavorido). Todo depende de la reacción del perro y sobre todo de nosotros.

 

Joven setter inglés con miedo a los tiros.

 

Por ejemplo, observamos que al disparar yendo de caza, el perro se medio-agacha y echa las orejas hacia atrás; si no hacemos caso a esta señal y encima sometemos al perro a un tiroteo, nos lo estamos cargando literalmente hablando

 

Lo mejor es parar, y si tiene pasión por el cobro, aprovecharnos de esa pasión y sólo realizar disparo cuando el animal persiga una pieza: veréis cómo la cosa cambia. Y es que la única forma de erradicar el miedo a los tiros es neutralizando ese miedo. ¿Cómo? Condicionando al perro a crear una asociación positiva, igual que hacíamos de cachorro con el recipiente metálico de su comida.

 

Métodos para la asociación positiva

 

Es fundamental que el perro tenga hambre. Necesitamos la ayuda de algún compañero, que será el que efectúe las detonaciones; en casos muy extremos o si no tenemos detonadora (¡no utilizar petardos!), usamos globos hinchados.

 

Le damos de comer al perro mientras nuestro compañero, a una señal nuestra y a distancia prudencial (10 metros más o menos), hace estallar el globo, momento en el que tranquilizamos al perro, le acariciamos y le ofrecemos la comida de nuevo (se supone que se habrá retirado o tumbado). Si comienza a comer lo acariciamos, esperamos que coja confianza y damos una señal para que haga detonar otro globo. Y actuamos como antes.

 

Globo a punto de ser estallado.

 

Si reaccionara de forma despavorida y no quisiera comer, le retiramos la comida hasta el día siguiente. Ahora tendrá más hambre, operamos de idéntica forma y así poco a poco y día a día. Si viéramos que en tres días  sigue reaccionando con bloqueo y no querer comer, será mejor dejarlo, no sea que quitemos el miedo a los tiros pero porque se nos muera el perro de hambre.

 

Si hemos conseguido que reaccione bien a los estallidos de los globos, iremos acercando cada día un poco más el ruido al perro, para llegar un momento en que estallemos el globo a un par de metros de éste, mientras come; entonces es el momento de pasar a una detonadora o escopeta y con mucho cuidado procederemos como al principio, desde una distancia prudencial, no sea que estropeemos el trabajo y esfuerzo de muchos días, repito muchos días, por entusiasmo.

 

Con piezas alicortadas

 

Las codornices de granja nos van a dar buen juego. Consiste en sembrarle codornices alicortas para que las muestre, las levantamos, dejamos que persiga y las atrape. Si ya tuviera creada la asociación de pieza=disparo de forma negativa, es decir, que rehúya esa pieza, que dude ante su presencia, entonces debemos motivar lanzándole nosotros esa pieza alicorta y animándolo a perseguirla.

 

Incluso podemos valernos de otro perro para que se produzca el efecto 'celos' y que así nuestro can coja más confianza. De momento nos olvidamos del disparo, el perro debe 'picarse', hay que despertar ese instinto cazador que por culpa del miedo está cohibido.

 

Codorniz de granja.

 

¿Cuánto tiempo? Normalmente el perro nos lo dice, pero calcularle unas 20, 30 codornices, a razón de un par de ellas diarias y entrenando día sí, día no. Pasado ese tiempo prudencial y siempre que veamos al perro muy motivado, que sale con alegría, que busca con ganas, que persigue sin desistir, entonces será momento de comenzar con las detonaciones.

 

Comenzamos con detonadora o en su defecto globos hinchados: ¿cuándo? Cuando el perro va persiguiendo y está a punto de atrapar la codorniz. Observamos bien esa reacción y en consecuencia seguimos trabajando o volvemos al principio. ¿Que reacciona bien? No precipitarse entonces, ahora reduciremos la distancia del disparo y lo haremos mientras persigue.

Si todo va bien podremos utilizar ya la escopeta, pues ya hemos logrado que asocie de forma positiva que el disparo es igual a cobrar esa pieza.

 

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