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UN VIAJE EN EL TIEMPO

El origen de la montería, miles de años de tradición

La montería es un tipo de caza única de España, pero que tiene su origen hace muchos miles de años cuando se cazaban a caballo principalmente osos y jabalíes, pero que ha mantenido su esencia hasta hoy.
La montería en su origen se realizaba con lanzas a caballo. (Fotografía: Club Lanceo Español) La montería en su origen se realizaba con lanzas a caballo. (Fotografía: Club Lanceo Español)

Este es el espléndido artículo publicado por R. Pérez-Maura en el diario ABC, en el que recorre siglos y milenios de historia que han acabado por desembocar en la montería tal y como la conocemos hoy. Del lanceo a caballo hasta el comienzo del uso de armas de fuego para la caza, la montería conforma una parte indiscutible de nuestra historia y de la de Europa, un legado que se mantiene vivo cada temporada de octubre a febrero. 

 

«En otro tiempo, montear implicaba hacerlo a caballo, no existía otra opción a la de perseguir a osos y jabalíes en cabalgaduras para darles muerte cuerpo a cuerpo con armas blancas. Una tradición cinegética secular que gracias a unos pocos alanceros, aún se mantiene»

 

“Durante muchos siglos, quizá milenios, la montería tenía un protagonista principal e imprescindible: el caballo. Era lo que permitía alcanzar la caza al galope, normalmente con la ayuda de los sabuesos que seguían la caza y de los alanos o mastines que ayudaban a retenerla hasta que el jinete la alcanzaba. Hasta el siglo XIV, la montería tenía por objeto las especies más fieras, el oso y el jabalí, que no solo eran algo más fáciles de alcanzar que el cervuno, sino que plantaban cara, dando lugar a un enfrentamiento casi épico.

 

 Los tímidos ciervos y corzos eran cedidos por los reyes, en sus cotos y coutaidas, a los clérigos y funcionarios para que los aprovecharan, matándolos pausadamente con ballestas o arcos. La montería era por definición una caza muy emocionante y deportiva de persecución que terminaba en un cuerpo a cuerpo, mientras que la ballestería lo era de espera o acercamiento sigiloso y terminaba con la caza a distancia.

 

Todo cambió en Europa con la llegada de las armas de fuego. En España estuvieron prohibidas para la caza mayor hasta la llegada del Emperador Carlos V desde Flandes, quien fomentó y autorizó, para asombro de muchos, el uso del arcabuz en la montería. Durante otro par de siglos el caballo siguió presente en la montería; y seguía empleándose para el alcance y obtención de los jabalíes con azagayas, venablos y lanzas. Pero ya Martínez de Espinar en 1644 empieza a titular capítulos de su libro como «Montería con lanza» (a caballo), para diferenciarlos de la montería a pie (con arcabuz). Ambas coexistían cubriendo ya las armadas o las huidas lejanas con arcabuces, que tiraban si el jinete no alcanzaba la caza antes.

 

Pero los arcabuces eran más fáciles de comprar, mantener y transportar que los caballos, lo que les permitió invadir los campos perfeccionándose luego como escopetas y rifles con precisión y alcance impensables ya en el siglo XX, de forma que el caballo quedó relegado en la montería pero siempre muy presente dentro de las manchas donde muchos rehaleros buenos conducían sus perros a caballo durante la batida, transportando las rehalas de finca a finca siguiendo al caballo o ayudando a sacar las canales del monte junto con los mulos.

 

A partir del siglo XIX

 

Es en el siglo XIX cuando se empieza a hablar de lanceo de jabalí para definir algo que era parte intrínseca de la Montería refiriéndose a la caza del jabalí a caballo, normalmente sin perros, persiguiendo a la caza «de vista». Algo parecido al pigsticking en la India, que era una caza de competición por equipos que aquí nunca se practicó.

 

La revolución de la montería a finales del siglo XX y principios del XXI ha hecho que muy pocos costumbristas románticos sigan colocando los rifles de las armadas con caballerías, siendo lo más frecuente el acceso a los puestos en 4x4 a través de un carril, que se recoja la caza con cuadriciclos y que muchas rehalas lo sean de perros que no han crecido en el campo sino en polígonos, perros que no saben diferenciar el ganado o las caballerías de la caza pues atacan a las reses domésticas y osan incluso agarrar caballos con un hombre montado. De permitirse el acceso a las monterías de rehalas de perros peligrosos para caballos y jinetes, el caballo, que fue el rey de la montería durante siglos, desaparecerá y la montería degenerará en una carrera de efectividad, en un ejercicio de tiro aún más mecanizado, menos natural y alejado de su personalidad histórica.

 

Es por esto por lo que entregar esta tercera edición del Premio a las Tradiciones del mayor encuentro del campo y caza de España, la feria Jardines de Campo, a la montería a caballo es muy acertado y oportuno, algo de lo que deben alegrarse todos los que quieren que la montería española mantenga su esencia de ejercicio natural y deportivo.

 

La legislación respalda la tradición milenaria de uso de armas blancas, cuchillos de monte, chuzos y lanzas tanto para los monteros a pie como para los monteros a caballo, y son muchas las huidas por rañas y llanuras contiguas a manchas donde es factible la persecución a caballo de los jabalíes con lanza, que es exactamente lo que definió a la montería durante muchos más siglos de los que se lleva monteando a pie con armas de fuego.”