Pasar al contenido principal
REFERENTE EN LITERATURA, PERIODISMO Y CAZA

Nueve años sin Miguel Delibes, el cazador que escribía

Poco se puede decir que no se haya escrito ya sobre él, Miguel Delibes, uno de los más ilustres académicos de la lengua españoles que ocupa ya su lugar en la historia y que ha sido, es y será siempre, un referente para los cazadores.
Miguel Delibes con una percha de codornices

Hace nueve años que España recibía la triste noticia de la pérdida de Miguel Delibes, aquel ilustre castellano que supo despertar en muchas personas el amor por la lectura, que se convirtió en un referente para los profesionales de las letras y un ejemplo de vida, para aquellos que valoraron esa personalidad noble, sencilla, humilde y discreta que le distinguió como persona.

 

Decía Jose María García en su homenaje a Delibes, allá por 2010, que “Hacer apología a estas alturas de la figura de este académico de la lengua española y del tesoro que encierran todos y cada uno de sus textos, todas y cada una de las entrevistas que ha concedido o todos y cada uno de los discursos que ha pronunciado, sinceramente, me parece que está de más”. Y así es, puesto que ese tesoro quedará ahí, entre las páginas de los libros, para deleite y disfrute de todas las generaciones que están por venir. 

 

"He sido fiel a un periódico, a una novia, a unos amigos, a todo con lo que me he sentido bien. He sido fiel a mi pasión periodística, a la caza... Lo mismo que hacía de chico lo he hecho de mayor, con mayor perfeccionamiento, con mayor sensibilidad, con mayor mala leche. Siempre he hecho lo mismo”

 

Los gustos de Miguel Delibes siempre fueron los del más modesto cazador castellano

 

Como cazador, Delibes se convirtió en una figura admirada y respetada, cuyos valores y forma de entender la cinegética siguen siendo religión para los verdaderos amantes del campo. Se enamoró de la naturaleza en su primera infancia, durante los primeros años de su vida, como él mismo decía “Yo llegué al campo a través de la escopeta y la caña de pescar”. Acompañaba a su padre como morralero, cargando con el morral en el que portaban dos o tres conejos y alguna que otra perdiz y a quien dedicaba en numerosas ocasiones sus agradecimientos:

 

“Y, en especial , a mi padre, que me enseñó a amar la caza y que a más de la escopeta, la canana y el morral , aún sube gallardamente sus ochenta años ladera arriba”.

 

"Un par de perdices difíciles justifican la excursión"

 

Delibes fue un hombre sencillo en cuanto a su forma de entender la vida y un purista en cuanto a la caza se refiere. Defendió siempre el valor del esfuerzo en cada jornada, el mérito del sacrificio necesario para abatir una pieza y el sudor en la frente que dignifica un día de caza.

 

«Hay cazadores que miden el éxito de sus cacerías por el peso del morral. Percha nutrida, diversión cumplida, dice el refrán que me invento porque viene a pelo. Yo mantengo un punto de vista diferente: un par de perdices difíciles justifican la excursión; seis a huevo, no»

 

En ese aspecto, resulta imposible que no aflore en la memoria otra distinguida personalidad del siglo XX, que que fue naturalista, conservador y cazador, Félix Rodríguez de la Fuente, quien nos recordaba a los cazadores lo que debería ser siempre ley en el monte “No mates, caza. Porque no es lo mismo matar que cazar. La persecución, el acoso y la muerte de la pieza, siempre han exigido del cazador esfuerzo físico y agudeza mental.” Ambos fueron divulgadores, de diferente forma pero con los mismos valores. Ambos entendieron la caza como una necesidad vital del ser humano que solo es defendible cuando se practica desde la ética del cazador.

 

Miguel Delibes escopeta al hombro por los campos de Castilla, su tierra

 

Esa forma de entender la caza tan purista, tan real, tan natural como el lenguaje que empleaba para describir sus emociones, así como todo lo que significaba para él, se plasmó en cada una de sus obras. Confesaba en una entrevista unos años antes de morir, que todas sus obras tienen algún homenaje perceptible o no, a la vida de campo o a la caza. El mismo se definía como el ‘cazador que escribe’, y así es como le recordaremos todos aquellos a quien la magia de su pluma nos hizo vernos reflejados en alguno de sus escritos de campo.

 

"He dicho a menudo que soy un cazador que escribe; es decir, tomé contacto con los elementos fundamentales de la Castilla profunda mediante mis excursiones de cazador y pescador. Entonces aprendí a hablar como aquellos castellanos. Y todos mis libros tienen adentro a esos personajes, desde el ratero de Las ratas hasta el señor Cayo de El disputado voto... Podemos decir que mi comunicación con el pueblo y mi idioma del pueblo lo aprendí en contacto con estos señores yendo yo allí a una cosa distinta”

 

Hace nueve años que nos dejó, para salir a cazar cada día escopeta al hombro, por los campos eternos que tanto le dieron en vida. Aquí abajo, solo nos queda rendirle homenaje y hacer germinar la semilla que dejó, para seguir haciendo de la caza una pasión noble y respetable que nos permita seguir pasando el testigo de generación en generación.