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CON UN ARCO TRADICIONAL

VÍDEO: brutal lance con arco a un oso que se le mete en el puesto de espera

De espera a los osos negros en Canadá, Jeremie, el cazador protagonista del lance, tira un ejemplar de gran tamaño a escasos dos metros que se llega a asomar al puesto en el que se encontraba.
El oso en el momento en que se asoma dentro del puesto. El oso en el momento en que se asoma dentro del puesto.

Un lance de infarto podría decirse. Este cazador americano apasionado de la caza de osos, acumula experiencias inolvidables frente a estos grandes depredadores, pero pocas como la del siguiente vídeo. Los osos negros de Canadá habitan en zonas boscosas de vegetación muy espesa y árboles tremendamente altos, por lo que la forma de cazarlos es con un cebo en espera

Jeremie tenía preparado el cebo, sabía por las huellas que un gran oso estaba entrando casi a diario y decidió probar suerte. Preparó un puesto no muy lejano de la miel que utiliza para atraer a los osos, ya que esta vez afrontaba el reto con su arco tradicional -es decir, sin poleas, por lo que el esfuerzo para abrirlo y mantenerlo abierto es mucho mayor-, sin visor y sin nada más que la madera, la cuerda y la flecha. 

Sentado a unos 10 metros de la comida, Jeremie y su cámara disfrutaron de la estampa que dejaron dos jóvenes ejemplares, que entraron a comer con bastante luz. Su sorpresa vino cuando apareciendo de entre el denso follaje, un enorme ejemplar salió corriendo tras los jóvenes osos y los echó de allí, perdiéndose de la vista. “Exactamente 43 segundos después apareció otra vez. No tenía mucha confianza en el tiro y ni si quiera a esos escasos 10 metros que nos separaban, tenía claro que pudiera tirar”, cuenta Jeremie en el vídeo sobre el lance. “Lo que no sabía es que se iba a acercar muchísimo más…”, narraba el cazador antes de la escena de infarto que sigue su comentario en el vídeo. 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El oso comienza a andar derecho hacia donde se encontraban los cazadores apostados, hasta que termina asomando la cabeza por encima de la endeble rama cortada y puesta transversalmente a modo de puesto. “Santo cielo”, se le escapa al cámara que en ese momento, seguro que pensó que igual aquella era la última espera de su vida. Milagrosamente el animal recula un par de pasos y ofrece el costado al cazador, que tensa su arco y dispara la flecha cuando el animal se encontraba prácticamente en el puesto todavía.