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EL VÍDEO DEL MOMENTO

VÍDEO: así actúa un cazador cuando un lince le sorprende casi en los pies

Andando tranquilo por un camino, un ejemplar joven de lince pasa por delante de este cazador y llega a pararse unos instantes a menos de un metro, permitiendo que el hombre le grabase perfectamente.
El lince pasando junto al cazador. El lince pasando junto al cazador.

Los linces ibéricos se recuperan poco a poco y vuelven a ser una parte fundamental de muchos ecosistemas, estando cada vez más presentes y siendo más fácil verlos cada día campando en libertad en el monte. Estos días está circulando por redes el vídeo que pudo grabarle un cazador, a un ejemplar joven que caminando tranquilo por un camino, en el que estaba colocado con su rifle el autor del vídeo, llega a pasar por los pies del cazador como si nada. 

Resulta incluso llamativa la tranquilidad del animal ante la presencia humana a tan corta distancia, pero hemos hablado con José María Finat, copropietario de la finca El Castañar (ubicada en Montes de Toledo), donde actualmente habitan unos 12 linces gracias al programa de cría y puesta en libertad que llevan a cabo desde hace años, y nos ha asegurado que “se trata de un ejemplar joven de la especie”. Muchos de estos cachorros es probable que hayan nacido en semi libertad o incluso en centros de cría, algo que indudablemente reduce el miedo que sienten por los hombres y además, José María Finat que conoce muy de cerca estos felinos, añadía que “es un animal tan arrogante porque es el primero en la cadena alimenticia, no tienen depredadores por lo que no tienen miedo a nada. 

Algo que indudablemente ayuda a ese descaro tan poco habitual en los animales salvajes, que sumado al hecho de que “llevan solo 5 años con los programas de reintroducción y han estado en contacto con el hombre mucho tiempo, es normal que sean mas mansos pero son chulos por naturaleza, porque son los mas fuertes de la cadena”, explicaba José María.

 

Sin lugar a dudas esa pasividad ante la presencia tan cercana de un hombre, debe ser fruto de la combinación entre su arrogancia natural y haber perdido miedo a los humanos por estar en contacto con ellos, porque prácticamente casi le pisa el morral y ni se inmuta, prosiguiendo con su camino como si allí no hubiera nadie.