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con un articulo tan manipulador como tétrico

Una periodista compara la caza con el nazismo e insta al Gobierno para que la prohiba

“El nuevo Gobierno debe combatir la violencia de la caza con la convicción a la que le obligan sus presuntos valores de justicia y de paz”, suplica Ruth Toledano, periodista de El Diario, fiel seguidora de la corriente animalista.
Ruth Toledano, orgullosa animalista y periodista de El Diario. Ruth Toledano, orgullosa animalista y periodista de El Diario.

Se llama Ruth Toledano, es una periodista conocida por su ideología animalista radical y escribe en El Diario con frecuencia, artículos de opinión en los que carga las tintas a más no poder contra la actividad cinegética, pero su último artículo sobrepasa todos los límites de la libertad de expresión, siendo un ataque desmedido contra la caza, una incitación al odio atroz y desmesurada, llena de comparaciones tan miserables como poner a los cazadores en la misma categoría que el nazismo alemán.

El abominable artículo es fruto de las manifestaciones contra la caza del pasado 2 de febrero, convocadas en más de 40 ciudades españolas y donde el animalismo quedó en seria evidencia, tras la ridícula asistencia que hubo en la gran mayoría de ciudades -como Pamplona, donde asistieron la friolera de 6 personas. Toledano asegura que el domingo se salió a la calle “a luchar contra la violencia legalizada que es la caza”, donde un año más “retumbaron en las conciencias los bramidos de dolor de las víctimas, sus aullidos de angustia, sus berridos de pánico, sus gemidos agónicos. Como retumban impunemente el estruendo de los cartuchos, el crujir del cuchillo que se adentra en la carne”.

La caza “es supremacismo”

El texto constituye de principio a fin una burda manipulación de la opinión, que solo tiene el objetivo final de provocar la repulsa, el odio y el rechazo de una actividad como la caza, que aparece dibujada como una atrocidad gracias a una retahíla tras otra de parangones desorbitados. “Un año más los pasos de esa sociedad pacífica han ido impulsados por miles de patas rotas, de patas desgarradas, de patas ensangrentadas, convulsas, atadas, arrastradas, para decir en las calles que es un crimen rebanar un cuello que palpita, que es un crimen decapitar un cuerpo que se resiste a morir, un cuerpo que no nos pertenece, que siente, que padece”, escribe Toledano.

Como suele decir el refranero español, “lo que mal empieza mal acaba” y en este caso, no podía ser menos. Haciendo uso de un estilo tan cursi como grotesco, la periodista termina equiparando la caza a la ideología nazista alemana de la supremacía de la raza aria de la siguiente forma:

La sociedad pacífica salió a recordar que es delito matar. Que ese crimen solo se permite y está legalizado porque las víctimas son diferentes. Que justificar en esa diferencia la matanza de otros individuos solo es supremacismo. Y que, así como la Historia ha condenado a quienes imponían la violenta superioridad de una raza sobre otra o de un sexo sobre otro, la Historia condenará el supremacismo de nuestra especie sobre las otras especies que habitan la Tierra, y condenará el supremacismo de los escopeteros sobre la sociedad pacífica contra la que atentan”.

La apelación directa al Gobierno

En el artículo no podía faltar la ya típica alusión al supuesto abandono, maltrato y ejecución masiva de los perros de caza cada fin de temporada, asegurando que “quienes llevan a cabo esas prácticas sanguinarias son también quienes abandonan después en las carreteras a los perros que han usado de herramientas. O les pegan un tiro en el monte. O los arrojan vivos al abismo de una zanja. O los cuelgan de un árbol”.Después de toda esa argumentación, toca el turno de súplica al Gobierno, un Ejecutivo con clara inclinación animalista, algo de lo que la periodista es plenamente consciente y a ello apela, para que “tome medidas” contra la caza, pidiendo directamente su abolición de la siguiente forma:

Porque con la caza tenemos un problema, y deben afrontarlo los diputados y diputadas, el presidente del Gobierno, el vicepresidente, las vicepresidentas, las ministras y ministros, los directores generales. Porque tenemos el monte espantado de disparos, la calma del campo mancillada de sangre, el equilibrio ecológico vulnerado, la justicia conculcada, la vida despreciada. Y también hay un anhelo: acabar con esa barbarie y con las mentiras y falacias en las que se sustenta. Por eso la sociedad pacífica ha exigido al nuevo Gobierno que cumpla con su deber moral de defender la paz en todo el territorio y para todas las criaturas que lo habitan. Ha exigido que defiendan los derechos humanos frente a la violencia de los cazadores, que defiendan los derechos de los animales frente a la violencia de los cazadores, que defiendan los derechos del medio natural, del campo, de los ecosistemas frente a la violencia de los cazadores.

Este año debiéramos poder clamar por la paz con más confianza que nunca porque se ha iniciado una etapa política que se define progresista. Y las personas en este Gobierno debieran responder: ¿nos defenderán ustedes de esa violencia?, ¿se pondrán del lado de las víctimas o protegerán a los verdugos? Defender la paz es su obligación moral y política, y no podrá decir que es progresista mientras no combata el sufrimiento animal y ecológico, el crimen social y cultural que denuncia cada año la Plataforma NAC y, con ella, la sociedad pacífica.

El nuevo Gobierno debe combatir la violencia de la caza con la convicción a la que le obligan sus presuntos valores de justicia y de paz, y con la determinación que ha de otorgarle el hecho de que la barbarie se ha sentado en el escaño de al lado, haciendo enseña, precisamente, de la violencia contra los animales, del negacionismo sobre la emergencia ecológica y de un machismo que representan, mejor que nada, las escopetas de los cazadores. El lobby de la caza, consciente de que su tiempo está acabando, trata de hacerse fuerte en las instituciones a través de la ultraderecha y de la derecha ultra. ¿Va a permitirlo el Gobierno progresista? ¿Van a distinguirse de los violentos o su silencio será cómplice de su violencia?

Si el Gobierno progresista no quiere que la sangre se derrame sobre las alfombras del hemiciclo; si no quiere que las columnas del Congreso tiemblen, ateridas de crueldad, como tiemblan los huesos de los galgos; si no quiere que sus ideas de justicia caigan abatidas por los disparos de su propia traición; si se dicen ecologistas y feministas y han recogido por vez primera la reivindicación animalista en la gran noticia que supone la creación de una Dirección General por los Derechos de los Animales, han de recoger el grito de la sociedad pacífica y actuar en consecuencia a su repulsa a la violencia legalizada que representa la caza.