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NOS LO CUENTA EL CAZADOR Y LA TAXIDERMIA ENCARGADA DE DISECARLO

Cazan un jabalí, tras más de 100 esperas, que podría superar el récord de España

Esta es una de esas historias especiales de la venatoria. David Gallego, dedicó más de 100 noches y casi un año a intentar a hacerse con un monstruoso jabalí, que en la medición ha dado 137, 77 puntos.
El cazador David Gallego, posando orgulloso con su trofeo de ensueño. El cazador David Gallego, posando orgulloso con su trofeo de ensueño.

David Gallego ha tenido la suerte de vivir una de esas historias que todos los cazadores sueñan con tener. Durante casi un año y más de 100 largas noches de espera, después de haberlo probado todo, gracias a un consejo de su padre consiguió abatir un viejo y resabiado cochino, que ha dado 137,77 puntos en verde y que no ha querido homologar, pero que en caso de hacerlo superaría el actual récord de España que se sitúa en 136.95 puntos. Hemos tenido el placer de hablar con él y su primera respuesta cuando le preguntamos que por qué no homologarlo, ya preludiaba lo especial de la historia: “porque a mí lo que menos importa de este guarro, es el trofeo”.

En octubre finalmente se presentó la oportunidad y 17 de octubre de 2019, David se presentó en la Taxidermia Benedito, con quienes también hemos hablado, para hacerles el encargo de inmortalizar los colmillos de “su guarro”, sobre una tablilla.  Se trata de un relato tan emotivo que dejamos que mejor nos lo cuente el protagonista…

El comienzo de una obsesión

“Antes de ver el guarro en cámaras, yo ya había visto las huellas en un camino que se cruzaba, justo antes de una baña. Es un guarro que de donde comía y careaba, a la zona donde se encamaba, había un kilómetro y pico al principio, antes de yo empezar a picarme con él. Sabía que era un guarro grande así que intenté atraerle con maíz y ni siquiera, pasaba olímpicamente del cebadero. Como se suele decir, este guarro sabía latín

Total que del maíz no quería saber nada, pero iba “de ciento en viento” al cebadero, seguramente atraído por el olor de alguna cochina y se daba una vuelta por allí. Comía cuatro granos escasos y no te exagero. El bidón no lo ha llegado a tocar nunca jamás y no pasaba nunca más de 3 o 4 minutos por lo que yo veía en las cámaras. Igual al rededor pasaba más tiempo merodeando, pero desde luego que no volvía a asomarse al comedero. Las pocas veces que ha ido eran 4 minutos y fuera.

“Me ponía hasta cuatro veces a la semana”

Me he puesto muchísimas veces de espera, calculo que más de 100 en total. Ha sido una cosa exagerada, nunca lo he intentado tanto con un guarro y es que había semanas que me ponía cuatro días de siete. Pero en seguida el guarro me cogía el aire y a la mínima que notaba algo, una mínima alteración donde yo le esperaba, -que era en una baña al lado del cebadero-, no entraba. He probado todo, he llegado a ponerme calzas en los pies para subirme al puesto sin dejar rastro de olor, porque más de una vez me ha cogido los vientos a mis huellas, ya ni siquiera a mí, al rastro de mi paso.

De verdad que con ese guarro probé con todo. Todo lo que está en la legalidad lo probé. Intenté hasta dejar una prenda en la zona para que se acostumbrara a mi olor y dejando la prenda no apareció nunca. Probé a esperarle mas lejos, a esperarle al paso, el mil sitios cortándole el paso y nada, no había forma nunca. Siempre me cogía el aire o directamente no aparecía. 

Guarro record taxidermia benedito

Luego el guarro desapareció durante cuatro meses, pero desapareció completamente. Ni huellas, ni cebaderos, nada de nada. Yo lo que pensé es que le habían matado, que había caído en alguna montería o que alguien lo había matado. Pero no, en la luna nueva de septiembre volvió a entrar. Fue un solo día pero ya sabía que estaba vivo. A los 15 días volvió a aparecer y lo que si que veía era que al cebadero no iba, pero al árbol junto a la baña sí. Que pasa, que llegó un momento en el que yo me ponía todos los días y el guarro no entraba ninguno, dejaba de ir y entraba porque salía en las cámaras aunque fuese de refilón o solo el brillo de los ojos, pero yo sabía que era mi guarro

El consejo de mi padre

Mi padre que sabía que para mí se había convertido en algo muy especial para mí. Me dio un consejo que nunca olvidaré. Me dijo que había guarros muy muy astutos y que se encamaban cerca de donde estaba la baña o el cebadero, así saben siempre si llega alguien a ponerse o no. Me dijo que lo que tenía que hacer, era que algún amigo me llevara, me acercara, me pusiera y él se iba con el coche, porque estaba claro que el guarro independientemente de lo que hiciera, sabía cuando estaba yo y cuando no

Pues así lo hice, se vino un amigo y le pedí que me acercara al sitio, me bajé del coche y el se fue. Efectivamente, a la media hora el guarro entró al cebadero. No me lo podía creer. Después de casi un año detrás, con más de 100 esperas hechas en vano, conseguí hacerme con él. Me quedé allí una hora en silencio, con los ojos empañados, mirando el guarro. Creo que son momentos que no se pueden explicar. Si te digo la verdad, una vez que fui a verlo si hubiera tenido una varita y devolverle la vida lo hubiera hecho sin sudarlo. Sentí una sensación de conexión con él, que por una parte me invadía de alegría pero por otra no me sentía tan bien. Es algo precioso, pero yo me sentí como culpable… No sé, es algo raro.

Cuando conseguí recomponerme llamé a mi amigo y le dije que viniera a por mí. El guarro era impresionante. No creo que llegara a los 75 kilos y con muy mal pelo, muy muy viejo. De hecho viéndole luego, yo no sé si este invierno lo hubiera pasado ya. La verdad es que estábamos todos impresionados porque no es lo mismo verle en cámara, que en persona”. 

La taxidermia de los hermanos Benedito

Taxidermia Benedito

Una de las taxidermias que es sin duda buque insignia de este mundo y con una historia de éxito, esfuerzo y trabajo, en la de los hermanos Benedito. Hemos hablado con Carlos Benedito, para saber de primera mano como fue recibir semejante cochino y lo primero que sale como respuesta es “que sin duda, ha sido un grandísimo honor”. Pero Carlos quiere hacer homenaje y ceder la palabra a René Soto, el jefe de taller de la taxidermia Benedito, “de mi absoluta confianza, un grandísimo profesional y al que considero parte de mi familia”, porque “creo que debe ser el quien lo cuente, porque para mí es un honor trabajar con él. Yo lo que te puedo decir es que en cuanto vi el cochino, me quedé alucinado porque estaba claro que era un guarro fuera de lo normal”. 

René fue el encargado de realizar dos réplicas y medir los colmillos. “De verdad que ese guarro es fuera de lo común. Para nosotros ha sido un honor absoluto tenerlo en nuestras manos”, añadía Carlos. Desde su dilatada experiencia en el sector, René nos cuenta que “como taxidermista, te puedo decir que en los sitios que he estado siempre se hacen todos los años entre 30 y 50 o más replicas. Y todos los clientes quieren hacer una de los colmillos mas grandes, por eso estoy acostumbrado a ver guarros realmente sensacionales. Pero con este guarro, cualquier persona acostumbrada a ver cochinos sabía que era fuera de lo común”

Gracias a una vida dedicada a su profesión y más de 2.000 cochinos medidos, fue René quien se encargó de medir el guarro de David. “El cochino es grandísimo, al medirlo dio 137,77 y he tirado por bajo, créeme, porque le he dado solamente 3 puntos de belleza. Si lo homologa más adelante, estoy seguro de que le dará más puntuación”. Desde luego que será un guarro que marque historia. Desde aquí solo podemos dar la enhorabuena al cazador, por un lance como se tienen pocos (o ninguno) en la vida, y al equipo de la Taxidermia Benedito por su extraordinario trabajo.