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toda una proeza en sus inicios corceros

Caza el primer corzo de su vida a 400 metros y tiene 8 puntas

Un joven de Teruel ha cazado el primer corzo de su vida en un increíble lance a gran distancia, y con la sorpresa de encontrarse un sensacional trofeo de 8 puntas.
Mata el primer corzo de su vida a 400 metros y tiene 8 puntas Alberto junto a su espectacular corzo.

La suerte de Pablo, de Mudejar Hunting, no solo sigue en racha sino que además al parecer es contagiosa. Y si no que le pregunten a su amigo Alberto, al que acompañó en una mañana de rececho en busca del primer corzo de su vida y el resultado fue tan espectacular como el lance. Los dos amigos salieron la mañana del 16 de junio por el coto en el que cazan habitualmente en Teruel y han querido compartir con Cazavisión una jornada inolvidable.

Aquella mañana “hacia mucho frío y humedad”, recuerda Alberto, quien ha conseguido abatir el primer corzo de su vida, ¡y qué corzo!. “Eran sobre las 5:30 de la mañana cuando emprendimos el camino Pablo y yo. En el primer sitio al que nos asomamos en unos bancales muy buenos no vimos nada, así que seguimos recechando y empezamos a escuchar los ladridos de un corzo al otro lado del barranco”, rememora el joven cazador.

corto 8 puntas

Emocionados con los ladridos, “decidimos seguir el ladrido para intentar verlo y nos asomamos a un alto. Al otro lado del barranco, como a 400 metros en un pelado entre los pinos, conseguimos ver una corza comiendo. Era una hembra joven sin corcino y, mi amigo Pablo, me dijo que seguramente estuviera ya con un macho. La hembra cada poco tiempo miraba hacia atrás como esperando y cuando nos fijamos donde miraba la corza vi al macho”. 

A esa distancia ya pudieron ver que se trataba de un ejemplar bastante grande, “pero claro, tan lejos no se podía apreciar bien del todo, aunque veíamos las cuernas un palmo por encima de las orejas. Mientras juzgábamos, la hembra se metió en los pinos y el macho iba detrás. Pablo me dijo que le tirase, que se iba a ir, pero yo no he tirado nunca a esas distancias así que le dije que le hiciéramos una entrada”.

Pero en ese momento, el viento cambió y “se nos puso en contra. Con la corza ya en los pinos y el macho detrás, decidí intentarlo. Me tumbé en el suelo y me temblaba todo el cuerpo de los nervios. Pablo me dijo que respirara hondo e intentara relajarme. Apunté a la paletilla del corzo y subí la cruz para compensar la caída de la bala. El corzo estaba de culo y Pablo imitó el ladrido para que se girase y funcionó. El corzo se dio la vuelta y en ese momento, apreté el gatillo y el corzo cayó en el sitio. No me lo creía, era mi primer corzo y salí corriendo hacia él. Cuando llegué y vi lo que era, me quedé sin aliento… ¡Menudo bicho! Y en una cuerna tenia 5 puntas. No podía parar de gritar de la emoción…”