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Petición de Asaja

Abandonar carroñas en el campo sin tanta burocracia

Ganaderos de varios pueblos de la provincia de Salamanca, en las zonas de Arribes y El Rebollar, han denunciado que los buitres les han comido vacas de parto y sus terneros.
Asaja_Muladares_M Buitres leonados en el borde de un acantilado.

El presidente en la provincia de Salamanca del sindicato agrario Asaja, Luis Ángel Cabezas, insta a la Junta de Castilla y León a que "autorice a los ganaderos a dejar los cadáveres de animales muertos por causas naturales en el campo para alimentar a las aves necrófagas. El problema de los ataques se solucionaría si todos los ganaderos tuvieran autorización para dejar los animales muertos en el campo. En la provincia de Salamanca, con un nuevo Decreto que aprobó la Junta de Castilla y León hace un año, sólo están autorizados 36 ganaderos a dejar animales en el campo, algo insuficiente. Se ha querido regular lo que tenía perfectamente regulado la naturaleza y hemos convertido a los carroñeros en depredadores, por lo que se está metiendo la pata".

A finales de los noventa, coincidiendo con la aparición de la Encefalopatía Espongiforme Bovina, más conocida como “enfermedad de las vacas locas”, se prohibió abandonar carroñas en el campo. La consecuencia ha sido un declive en la disponibilidad de carroñas, sobre todo en las procedentes del ganado intensivo, que pasan de estar disponibles en el campo (habitualmente se vertían en las cercanías de cada explotación), a ser recogidas y eliminadas por otras vías.

Los ganaderos culpan a la falta de alimento el “cambio de conducta” de los buitres: algunos carroñeros famélicos ya no esperarían a que muera el animal y lo atacan, comenzando a devorarlo aún vivo, sea un cordero, una oveja o incluso reses grandes como vacas y yeguas. Los grupos conservacionistas piden la reapertura de muladares como medida de choque para evitar más “ataques” y solucionar el problema.

Algunos biólogos, como Alvaro Camiña, consideran que muchos supuestos ataques son partos moribundos de animales con problemas, particularmente en razas de vacuno como las charolesas cruzadas con pardo alpinas, en las que por conseguir una mayor productividad de carne, a la hora del parto las madres sufren a veces las consecuencias de que el ternero sea mucho mayor de sus posibilidades y le cuesta salir por el canal de parto. En vacas primerizas es frecuente que tengan complicaciones y, si no se está atento, puede morir la madre. Es cuando los buitres, que están tras las placentas, comen también los animales muertos en estas circunstancias, pero no porque los hayan matado. La evolución de la ganadería ha influido, pues, en la aparición de estos incidentes.

Pero los ganaderos constatan también ataques a animales sanos que no estaban de parto, e insisten en que los buitres tienen hambre. Piden que se solucione autorizando sin tantas trabas el abandono libre de carroñas allí donde se produzcan, atendiendo a la especificidad de nuestro país, con una población de más de 100.000 buitres, y a la constatación de que en el pasado, el no respetar esta norma no originó tantos problemas como para tomar estas medidas, y los que haya se pueden corregir con normas sencillas, sin tanto requisito de solicitudes y expedientes interminables que nos hemos echado encima.

El Parlamento Europeo aprobó el 24/04/2009 volver a dejar restos animales disponibles para la alimentación de las aves necrófagas silvestres. Esta decisión se plasmó, dos años y medio después, en un Real Decreto del Gobierno español en noviembre de 2011 por el que las Consejerías de Medio Ambiente, de acuerdo con las autoridades sanitarias de las diferentes comunidades autónomas, debían delimitar y aprobar “zonas de protección para la alimentación de las especies necrófagas”, donde se podrá autorizar la alimentación de las especies carroñeras fuera de comederos o muladares. A partir de 2013 se empezaron a otorgar permisos en zonas de la Red Natura 2000, y áreas contempladas en los planes de recuperación de especies carroñeras amenazadas y todas aquellas zonas importantes para las especies necrófagas de interés europeo donde existe ganadería extensiva.

En toda la Comunidad Autónoma de Castilla y León, entre julio y septiembre de 2013, se hicieron 876 solicitudes, y en noviembre de ese año se llevaban 374 expedientes revisados, con 210 autorizaciones “provisionales” y el resto rechazadas. De 10.000 toneladas de carroñas que la ONG española SEO BirdLife calculó en su día consumen anualmente los buitres de nuestro país, en la primera década del siglo XXI los programas de retirada de cadáveres redujeron en más del 80% el número de cadáveres de ovejas y cabras que podrían de forma potencial ser consumidos por las aves necrófagas y alrededor de un 100% el de vacas.

España acoge al 95% de las aves carroñeras europeas: 26.000 parejas de buitre leonado (Gyps fulvus), 1.600 parejas de alimoche (Neophron percnopterus), 2.000 de buitre negro (Aegypius monachus) y 125 parejas de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), lo que supone el 98% de la población europea de buitre negro, el 94% de buitre leonado, el 82% de alimoche y el 66% de quebrantahuesos. Además, mantiene la tercera parte de la población nidificante de Europa de milano real y casi toda su población invernante, la segunda población nidificante de milano negro, la primera de águila real y toda la de águila imperial ibérica.