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Los chupones de la caza

Los chupones de la caza

Hay elementos caraduras que se meten en política al socaire de la caza para medrar. Esto ocurre como consecuencia de que hay un importante contingente de sujetos físicos y jurídicos que se benefician ellos o sus familiares de mamandurrias consistentes en la venta de humo a través de sus perennes puestos y de la poca vergüenza con la que se apoyan unos a otros.

 

Miren ustedes, el cazador de postín usa el menguante contingente de cazadores de a pie para unos fines totalmente ajenos a nuestros intereses. Tanto es así, que sus conmilitones amenazan a los gobiernos con manifestaciones, incisiones y decisiones, para las cuales utilizan a los cazadores como si de un rebaño de borregos se tratara y para que paguen y se convierten en teloneros. 

 

Motivos todos ellos por los que hay que tener un par de cojones y afianzar nuestra situación de cazadores de a pie, olvidándonos de chupones que dicen ser el “alma máter de la caza” a través de empresas que terminan haciendo planes de gestión o recibiendo alguna subvención por trabajos virtuales. 

 

Malandrines, todos ellos, que crean asociaciones virtuales, con cuchipandas anuales y similares. Gente que disfruta de prebendas venatorias por estar metidos en el mogollón de la cuestión. Vendedores de tarjetas, orgánicos de pacotilla, tratantes caninos, etc.

 

A los cazadores de a pie les sobornan con mezquindades, tales como las de nombrarles especialistas en matar cormoranes, jabalíes, conejos, ciervos y demás, donde dicen que ayudan a gestionar el medio a través de la escopeta o el rifle. Muchas veces son contratados por quienes recibieron el ‘outsourcing’ venatorio de la administración. ¿Cuándo se van a auditar las diferentes entidades venatorias o las relacionadas con esta  actividad que reciben dinero de la administración? 

 

Y ya, para terminar, por el momento, es una verdadera mofa o befa que se nos cuelen los políticos sin mando en plaza, o con él, para prometer lo que no pueden dar, a cambio de votos. Una vergüenza. Mientras tanto, seguimos aguantando ataques de grupos animalistas, ecologistas y demás, sin decir ni ‘mu’. ¿Hasta cuándo?