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Llanuras, sierras y viñas ponen a prueba todas las temporadas a estas grandes razas de muestra

Los mejores terrenos para cazar perdices con pointer, setter inglés y bretón

Estas tres razas de perros de caza están entre las favoritas de los cazadores españoles y con ellas obtendremos muchas satisfacciones si sabemos en qué lugares debemos cazar dependiendo de las características del terreno.
Pointer_Setter_Breton_G Espectacular imagen de un pointer en muestra.

En la llanura, el pointer

 

Se dice que para ser perdicero en el llano hay que tener buenas piernas, a lo que yo añado que el cazador, además, ha de tener un alto conocimiento del cazadero y un tesón a toda prueba, ya que de otra forma el llano se hace inabordable y las patirrojas nos esquivarán una y otra vez.

 

Lo fundamental para cazar en terrenos llanos es saber y poder mover las perdices hasta que, metidas en lugares apropiados (a veces en pleno barbecho), podamos entrarles y tirar algunas. Para todo esto necesitamos un perro de caza que recorra muy bien el cazadero, que marque de lejos, que acote los peones, que guíe al más leve indicio de perdices apeonando por delante, y ese perro puede ser perfectamente un pointer.

 

Imagen de una jornada de caza de perdices en llano con pointer.

 

Sobrevaloramos su muestra, la estética de su parada, cuando al perdicero de llano lo que mejor le viene es su guía para poder reaccionar y situarse -dando a veces una carrera- a la altura del perro para tirar al pájaro que se está escurriendo por delante.

 

Excelente nariz y sumamente eficaz desde el primer hasta el último día, aprendamos a no temer su velocidad y a aprovechar lo mucho que facilita las cosas a un perdicero dinámico en el llano. Respecto al resto del equipo, sin duda alguna escopeta semiautomática con tres estrellas (dos a finales de temporada), cartuchos de 34 gramos de séptima, canana y un chaleco corto (morral sólo si tiramos piezas de pelo).

 

Cazador junto a su pointer en muestra a una perdiz.

 

Con esta raza, en este escenario...

  • A favor: el dinamismo y la capacidad de guiar perdices esquivas, que deberá abordar el cazador.

  • En contra: la facilidad para desvincularse de la escopeta cuando no hay un entrenamiento constante.

 

En la sierra, el setter inglés

 

Las perdices de la sierra, en la amplia variedad de montes que tapizan nuestro país, están acostumbradas a vérselas con alimañas de todo tipo, así que cuando el cazador entra por arriba o por abajo del cerro, ellas saben muy bien por dónde escurrirse.

 

Para ser perdicero de sierra hace falta mucho tesón y una motivación altísima; la forma física acompañará, pero lo que tira del cazador que recorre la sierra es su afición, ya que un perdicero que acude a un cazadero tan duro sin el estímulo suficiente, se rendirá en poco rato.

 

Setters ingleses cazando perdices en sierra.

 

Para estas perdices se necesita un perro de búsqueda amplia pero medida, que repase muy bien zonas más o menos abiertas y manchas intrincadas, que marque de lejos, que se comunique bien con el cazador, que trabaje vinculado con la escopeta, y todo esto, de la mano de una gran resistencia y fondo físico, lo encontramos en el bravo setter inglés.

 

Esta raza, que en el llano se aleja a veces de forma excesiva, en la sierra recorta y trabaja muy centrado con el cazador, dejando constancia de una sensibilidad muy especial para captar las emanaciones de la perdiz.

 

La escopeta superpuesta nos va a cuadrar al máximo en este escenario, tres y una estrellas para toda la temporada con cartuchos de 32 gramos de séptima y sexta (primer y segundo disparo), canana, chaleco y piernas fuertes...

 

Setter inglés portando una perdiz.

 

Con esta raza, en este escenario...

  • A favor: la sutileza con la que recorta y bloquea las perdices entre las matas.

  • En contra: esa tendencia que a veces lo lleva a parecer sordo ante nuestras llamadas de atención.

 

En viñas y liegos, el bretón

 

Sin duda alguna, este tipo de cazadero es de los más bellos y, a la par, de los que mejores perchas pueden depararnos. Sabemos que la viña tiene siempre perdices y que, llegado el caso de haberlas movido con cabeza, las tiramos a perro puesto a partir de media mañana, bien en el borde de una parcela de viña o en los retales de liego o de viña vieja que se alternan con este cultivo.

 

Cazador y bretón en una viña.

 

El perdicero de viña debe ser un aficionado constante porque se recorren muchos kilómetros, y por ello, y porque las voladas de las perdices a menudo nos exigen dar buenos rodeos, su ritmo ha de ser continuado, dando una carrera cuando lo pide la perdiz, pero manteniendo un paso constante toda la jornada, adaptado a la búsqueda de su perro, que en el caso del bretón podemos definir como diésel.

 

El epagneul bretón se caracteriza por una búsqueda metódica y muy concienzuda; son perros que barren bien el cazadero y que nos aportan su intuición y su agudeza olfativa cuando, mediada la jornada, toca repasar despacio cada parcela de viña, cada liego, cada pegote de brozas que veamos.

 

Escopeta yuxtapuesta con tres y una estrellas, cartuchos de 32 gramos de séptima, bolsas de ojeo y morral si hay pelo, que en este terreno lo hay seguro.

 

Epagneul bretón, un consumado cazador de perdices en viñas y liegos.

 

Con esta raza, en este escenario...

  • A favor: su polivalencia y la capacidad de cazar a una distancia efectiva en todo momento.

  • En contra: a veces tiende a realizar una búsqueda demasiado lineal, sin lazos.

 

(Texto: Miguel Soler / Fotos: iStock y Archivo)