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Media veda: mucha ilusión, pero malas perspectivas

Una percha de codornices tras una jornada de media veda.

Esto es precisamente lo que mejor resume nuestro ánimo ahora mismo, con la media veda 2019 a la vuelta de la esquina. 

 

La caza estival no se presenta, en general, con las mejores perspectivas, tras la sequía y los calores que hemos vivido, sobre todo en lo referente a codornices y tórtolas, que ya sabemos que las torcaces en los últimos años siempre suelen dar buen juego. Pero la ilusiones siguen intactas y miles y miles de cazadores se aprestan al vivir el desvede, que este año se centrará en torno a la Virgen de Agosto. 

 

A ver si nos equivocamos y las perchas son más abundantes que en la temporada anterior, pero todas las noticias que me llegan no pintan nada bien con estas aves migratorias que pasan el verano con nosotros. Sobre todo, las codornices se están viendo al cosechar los trigos, pero, cuando llegue la apertura, nuestros campos, en un año tan malo de cosecha cerealista, estarán más limpios que un campo de fútbol. Y así poco se puede hacer en las salidas con los perros tras las coturnas. 

 

Media veda 2019

 

Y de las tórtolas, mejor no hablar, ya que a pesar de los cupos de capturas y los cuidados que se las dispensan en nuestros territorios, hacer una tirada apañada es ya una quimera. El cambio climático también lo están notando todas las aves que cumplen cada año sus ciclos migratorios de forma muy determinada.


 
Los que cada vez son más abundantes son precisamente los jabalíes, que ya se configuran como plaga en muchos de nuestros territorios, con la amenaza de la peste porcina africana avanzando por Europa hacia nosotros. Así que aprovechemos estas circunstancias para centrar en esta especie nuestra actividad venatoria, en un intento de control poblacional y para reducir daños en los cultivos y las nefastas consecuencias en las carreteras.

 

Finalmente, solo me resta felicitar aquí a dos buenos amigos y grandes cazadores, a José Madrazo, que acaba de ser galardonado con el Premio Weatherby 2019, el más prestigioso reconocimiento del mundo venatorio, el Nobel de la Caza, siendo el cuarto español en lograrlo, tras los fallecidos Valentín de Madariaga y Ricardo Medem, que lo recibieron en 1977 y 1997, respectivamente, y Enrique Zamácola, ganador en 2000. Y al flamante ganador del Premio Literario Jaime de Foxá, del Real Club  de Monteros, de Gerardo Pajares, por un artículo dedicado a una especie, el urogallo, que a pesar de vedarse su caza hace 40 años, sigue amenazada de extinción. “Los cazadores, tristemente, compartimos con el gallo [urogallo] el mismo sino, un futuro incierto y fatal, entre el desinterés, cuando no la incomprensión o algo peor, de la Comunidad que nos rodea”. Nada más acertado.