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En pocos meses, el ganadero ha perdido casi 100 reses en cinco lobadas

Los lobos matan 15 ovejas en un solo ataque en Zamora

Es el pan nuestro de cada día para muchos ganaderos españoles. La expansión descontrolada del lobo vuelve dejar tras de sí un ataques de graves consecuencias.
Ovejas lobos sayago


En Asturias, Cantabria o Galicia, las lobadas van creciendo según avanzan las semanas. Pero si hay un lugar donde el efecto es absolutamente catastrófico, es la comunidad de Castilla y León.

 

El ingente crecimiento de las densidades de lobo, unido a la suspensión del Plan de Aprovechamiento Cinegético de la especie, está provocando la quiebra para muchos propietarios de la autonomía. Una situación que quizás no tenga marcha atrás para muchos de ellos, sobre todo teniendo en cuenta la presión que ecologistas y animalistas radicales ejercen sin descanso.

 

Esta semana, un ganadero ha vuelto a sufrir otro palo brutal. En la localidad zamora de Tamame de Sayago, dentro de esta histórica comarca castellanoleonesa, los lobos han perpetrado un nuevo ataque, dejando a su paso quince ovejas muertas y otras tres heridas. A priori, habrá quien le quite hierro al asunto diciendo que no se trata de una de las lobadas de mayores consecuencias. En este mismo medio, hemos narrado otros sucesos de mayor calado.

 

No obstante, cualquier muerte de ganado es un mazazo tremendo para los pequeños productores locales de nuestro país. Pero además tenemos que sumar, en el caso concreto de este afectado de Fresno, que se trata del quinto ataque que sus reses sufren en solo unos meses.

  Lobos Sayago

 

En cada uno de los cuatro anteriores episodios mortales, los lobos terminaron con la vida de 24, 19, 14, 20 animales respectivamente. Esto se traduce en cerca de un centenar de reses muertas, concretamente 92. Con dichas cifras, podemos hacernos una idea de la penosa situación en la que queda el ganadero zamorano tras la quinta lobada.

 

El problema de las lobadas, no se queda tan solo en los propios ataques. Si bien es cierto que las administraciones facilitan ayudas a los dueños de las explotaciones afectadas, estas muchas veces resultan insuficientes, y el proceso burocrático es laborioso en ocasiones.
 


Como bien sabemos, para recibir una compensación en necesario que haya constancia física del ataque, debiendo quedar algún resto del animal muerto. Pero esto no siempre sucede. Son innumerables las ocasiones en las que los lobos arrastran las reses hasta el monte y las devoran. Los animales muertos no aparecen en estos casos y los productores no pueden acceder entonces a las ayudas.

 

Las medidas disuasorias no siempre funcionan

 

A pesar de que tratan de tomar medidas para frenar las lobadas, las quejas se centran en que los cánidos parecen acostumbrarse a ello. En el caso de la comarca de Sayago, vecinos y conocidos del ganadero cuentan que la parcela está situada al lado de la Mina de Caolín de la localidad de Tamame “y ni las luces ni el ruido de la mina consiguieron ahuyentar a los lobos".

 

Mastines o pastores eléctricos pueden a priori ser una solución. Pero la situación, como decimos, está cambiando y ni siquiera estas medidas consiguen parar la sangría de muertes.

 

Paulino Núñez, un ganadero de Guadalajara víctima de las lobadas, contaba hace unos días que ni el vallado eléctrico ni los mastines presentes en su finca habían podido evitar la tragedia.