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Desde su comienzo hasta el final

Un fin de año con las claves de la organización de monterías

Coincidiendo con el fin de año, reflexionamos sobre la organización de monterías, pues montear significa mucho más que disparar sobre un animal, y hoy ya son muchos los que han descubierto y son devotos del inigualable encanto de la liturgia montera.
Claves_Organizacion_Monterias_G Armada de una montería en el punto donde se dejan los vehículos.

No hace tanto la gente iba a un puesto de montería y lo único que le importaba era cuantificar el número de tiros, consumados o no, que uno había efectuado durante la jornada montera.

Lo de menos era la organización de la cacería, cómo se había cazado la mancha, y demás pormenores venatorios, pero en cambio ahora mismo es notorio que entre los asistentes a las monterías cada vez está más arraigado el verdadero espíritu montero.

Regeneración

Si me permiten, les diré que con los años voy encontrando el gusto por las cosas bien hechas y, en honor de la verdad, me satisface decir que desde hace años, dentro del ambiente montero, se notan ciertos aires regeneradores.

Empezando por el principio, tanto el marco de la cita como el propio desayuno, en el cual las migas nunca debieran faltar, qué duda cabe que ahora mismo la mayoría de los organizadores procuran cumplir con la liturgia montera, o así debiera ser, para izar el telón de cada jornada montera.

Imagen correspondiente a la reunión y desayuno de una montería.

La reunión, prolegómeno previo al sorteo, es un entreacto inseparable en cualquier montería, gancho o batida, donde los monteros confraternizan y cambian impresiones acerca de cómo va la temporada, sobre el estado de la mancha que se va a cazar y demás temas cinegéticos que siempre fueron y serán el sabroso aderezo de toda montería.

Sorteo de puestos

Y sobre el sorteo, sobra decir que éste es un momento solemne que merece la máxima seriedad por parte de los organizadores y presentes, y por supuesto, en el que la transparencia debe ser total.

Nos atreveríamos a decir que el índice de confianza por el cual pudiéramos medir a cualquier orgánico o sociedad de cazadores siempre será directamente proporcional a la legalidad con que se realizan los sorteos. Tanto en la preparación de las papeletas como durante el propio sorteo, la mesa debe ser sumamente escrupulosa y garante de este acto.

Sorteo de una montería.

No quisiera dejar pasar por alto una práctica que debería ser habitual en cualquier montería, que el responsable o Capitán de Montería, antes de que se extraiga el primer sobre o papeleta, debería dirigirse a los presentes para informarles acerca de todo lo concerniente a la montería que va a tener lugar: número exacto de armadas y puestos con los que se cubrirá la mancha, la forma de soltar y cazar los perros, y otros temas y normas de interés, siempre con anterioridad de que dé comienzo el sorteo.

En otro orden de cosas, aclaro que el sistema elegido para sortear es lo de menos, es igual hacerlo por medio de bolas numeradas que con sobres cerrados, insistimos, lo fundamental es que exista transparencia absoluta previa y durante todo el desarrollo del sorteo.

Obligaciones del orgánico

Nos consta, con las consabidas excepciones, que hoy en día la profesionalidad en el sector de la caza es patente, y voy más lejos, cada temporada que pasa es palpable que se están haciendo mejor las cosas. Capítulo aparte es el de los desaprensivos, que en honor a la verdad, no nos cabe la menor duda de que los hay y seguirán existiendo, una lacra difícil de eliminar sobre todo en una actividad como la nuestra en la que se mezcla inclinación ancestral con dinero.

Puesto de montería correctamente señalizado.

Entre todos y cada uno en su medida, debiéramos luchar por expulsar a estos vinculeros arribistas que tanto dañan a nuestro colectivo. Con franqueza, pienso que debemos ser nosotros mismos, por supuesto, los más interesados, que hay que empezar a plantar cara a esa clase de gentuza que pulula a sus anchas dentro del mundillo venatorio.

Ante la indefensión manifiesta del cazador frente a tanto cachicán que se mueve en la caza, abogo por redactar cuanto antes un código ético en el que se recojan los deberes y obligaciones de los organizadores, bien sean personas físicas o sociedad de caza, con el fin de crear un marco real, en el que el cazador no esté desamparado, tal y como ahora mismo ocurre, frente a esos vividores que sólo les interesa el dinero fácil.

De acuerdo con que en una mancha abierta no se pueden garantizar resultados, pero sí que es exigible, cuando menos, que en cualquier montería se cuide la distribución de las armadas dentro de la mancha y que las posturas estén debidamente señalizadas y exentas de riesgo para los demás participantes.

Y, como es lógico, aunque demasiadas veces se olvida, que los postores cumplan con su papel de auxiliares, no como suele ocurrir con mayor frecuencia de la deseable, que a la hora de la verdad las mejores posturas son para los recomendados de la organización en sus funciones de postores.

Desde luego que la figura del postor con armas es lícita, pero, fundamentalmente, su labor es la de ayudar a los monteros, tanto al colocarse en las posturas como después en el pisteo de las reses.

¿Qué debemos exigir?

  • Que en la papeleta del sorteo se incluya un plano en el que se detallen las armadas y puestos, así como la manera de echar la mancha.
  • Puntualidad en la salida de las armadas y colocación de posturas, y al acabar, celeridad en la recogida y presentación de los trofeos en la junta de carnes.
  • Todas las posturas deben estar bien señalizadas, anteponiendo siempre la seguridad por encima de cualquier otra premisa. 
  • Recordar a los postores que son personal auxiliar encargados de ayudar al montero, tanto a la hora de colocarse en el puesto, como en el cobro y el pisteo de las reses.
  • Que el organizador ejerza como verdadero Capitán de Montería, cabeza visible y garante durante los prolegómenos, el desarrollo de la montería y al final de la misma.

(Texto: J. L. T. / Fotos: Archivo).