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Setter inglés

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Características básicas

Grupo:
7
Sección:
Sección 2: Perros de muestra británicos
Raza británica
Talla:
En el estándar FCI, los machos entre 65 y 68 centímetros (25,5-27 pulgadas). Las hembras entre 61 y 65 centímetros (24-25,5 pulgadas).
Pelo:
Debe ser ligeramente ondulado desde la parte posterior de la cabeza a nivel con las orejas, pero nunca rizado. En general, el pelaje ha de ser largo y sedoso. La parte posterior de los muslos y de las extremidades anteriores casi hasta los pies deben estar bien provistas de flecos.
Colores:
Negro y blanco (azul Belton), naranja y blanco (naranja Belton), limón y blanco (limón Belton), hígado y blanco (hígado Belton) o tricolor, es decir, azul Belton y fuego o hígado Belton y fuego.
Cola:
Tiene su inserción casi en la línea dorsal. De mediana longitud, ni tiene forma de espiral ni es demasiado delgada; está suavemente curvada en cimitarra sin tendencia a formar aro. Los flecos son largos y separados.
Orejas:
De mediana longitud, inserción baja, colgantes en pliegues regulares contra las mejillas.
Cráneo:
Ovalado entre las orejas y bien desarrollado, con protuberancia occipital clara.
Ojos:
De color avellana oscuro.
Nariz:
Debe ser de color negro o hígado, según el color del pelo. Fosas nasales amplias.
Pecho:
Bien descendido y profundo entre las escápulas.
Miembros anteriores:
Los hombros son oblicuos y estirados hacia atrás, el antebrazo es grueso y muy musculado, las cañas son redondas y aplomadas.
Miembros Posteriores:
Corvejones bien angulados, muslos particularmente largos desde la cadera hasta el corvejón.
Pies:
Deben ser cerrados, compactos, protegidos por pelos bastante largos entre los dedos.

Ficha descriptiva

Cronología Moderna:
Su historia moderna comienza cuando uno de los sportman más destacados de Inglaterra, Edward Laverack, consigue en sus caniles de cría los primeros ejemplares realmente dignos de representar al moderno setter inglés. Laverack seleccionó particularmente una antigua línea preservada por el reverendo A. Harrison entre 1825 y 1845. En las primeras exposiciones caninas británicas (a partir de 1859) y en los primeros field trials (partir de 1865) los setter ingleses seleccionados por Laverack cosechan grandes triunfos. Otros aficionados continúan el trabajo iniciado por Laverack, como Purcell Llewelyn, a partir de 1869, o William Humphrey, entre 1925 y 1964. El setter inglés llegó pronto a España, pues el primer campeón de España de esta raza fue “Ter”, en el año 1919.
Carácter:
Capaz de trabajar en todo tiro de terreno, sus características le hacen idóneo para el bosque, donde un manto fuerte y protector le libra de las asechanzas de zarzas y ramas y donde unas patas fuertes y relativamente cortas le permiten remontar o descender las lomas sin menoscabo de su ritmo y energía. Con un temperamento dócil, inteligente y siempre dispuesto a obedecer las órdenes del cazador, es fácil de controlar en el campo, resultando más dúctil y manejable que su compatriota el pointer.
Utilización:
Utilizado para la perdiz, la esquiva becada y las acuáticas, es un magnífico nadador y buen cobrador en agua. Sabe combinar una muestra absolutamente fija, estatuaria, con una persecución a marcha lenta, silenciosa, en perfecto mimetismo con el entorno, que le hace pasar desapercibido para la pieza. Es por ello uno de los perros de muestra más útiles, especialmente en terrenos húmedos y climas frescos.
Manejo Práctico:
Las necesidades alimentarias de un setter inglés macho como ración de mantenimiento se sitúan entre 1.530 y 1.680 Kcal. diarias (100 Kcal. diarias menos para las hembras). Estas cantidades deben aumentarse en los ejemplares sometidos a una intensa actividad física, hasta llegar a las 5.000 Kcal. diarias.

Becadero de élite

Setter inglés en muestra a una becada.

 

Sin duda es uno de los perros de caza más difundidos en Europa, lo que es comprensible si nos atenemos a sus excelentes cualidades venatorias asociadas a su temperamento dulce y fácil adiestramiento. Apto para todo tipo de caza menor, el setter inglés encuentra en la becada la pieza idónea donde dar una verdadera lección de buen hacer. Es la becada pieza para el tirador brillante, avecilla a la que se ha llamado premio de los hábiles y lujo de la caza, que necesita perros superdotados, bien trabajados y mejor educados, canes que no temen la fría humedad de los bosques donde a los débiles y delicados se les hiela el valor y desisten de caza tan trabajosa.

 

Si tomando papel y lápiz dibujamos un prototipo canino apropiado para cazar becadas en las montuosidades del norte hispano, veremos que nuestros trazos van definiendo un perro con suficiente grado de independencia como para cubrir bastante terreno, un perro que puede cazar lejos pero que compensa esa lejanía siendo al tiempo extremadamente obediente, que aguanta firme la muestra y nos permite acercarnos a él cuando ha localizado la pieza. Si ahora nos alejamos del dibujo descubriremos sobre el papel la bella estampa de un setter inglés. La becada, reina del sotobosque, tiene en el setter inglés al rey para su caza. Aguanta bien la salida del ave y como permanece en muestra el tiempo que se precise, tornando junto al cazador en su búsqueda, se ha convertido en el auxiliar de muestra más valorado para este cometido.

 

Nuestro perro posee arrestos y afición, ni el bosque más cerrado ni el zarzal le refrenan, nada merma su afición por la becada, es inteligente cazando, puede alejarse lo justo para el husmeo de la pieza, pero mantiene ese sentido de la dependencia innato en la raza, tan difícil de definir, que le hace permanecer atento a nuestras indicaciones, sin olvidar que caza para nosotros. Decir setter inglés becadero es decir pasión por la caza, equilibrio y serenidad para el adiestramiento, seguridad en el olfato, potencia en los terrenos más abruptos y búsqueda metódica que hacen de él un excelente compañero en los bosques. Todos los años, desde finales de octubre, miles de setter ingleses baten los bosques de la cuenca norte de España en busca de la ‘dama’. Son jornadas intensas, muchas horas de trabajo arduo en unas condiciones climatológicas y orográficas que pocas razas aguantan con la entereza de este perro británico. Del setter inglés se puede decir: “¡Pero si este perro no es perro! ¡Si es una máquina de cazar!”.

 

Setter inglés con el campano que le delata como perro becadero.

 

Stop al gigantismo

 

Con la talla del setter inglés se han producido algunos desacuerdos en el pasado que permanecen latentes hoy en día. Pudiera parecer un tema banal, pero lo cierto es que resulta de suma importancia si queremos mantener al setter inglés como perro de trabajo y no como mascota familiar. El Setter Club de España, en el estándar que publica en su página web, da una altura a la cruz para los machos de 56 a 62 centímetros, y en las hembras de 54 a 60 centímetros, medidas muy próximas a las que utilizó el “Club du Setter Anglais” de Francia durante noventa años. Efectivamente, en el estándar francés de 1911 la talla para los machos se situaba entre 56 y 62 centímetros y para las hembras entre 53 y 58. Durante décadas el club francés se negó a aceptar el estándar británico, ya que consideraba que el patrón racial allí propuesto no era apropiado para un perro de trabajo. El 10 de enero de 2000, el comité directivo del Club francés del setter, a propuesta de su presidente, decidió adoptar el estándar depositado en la FCI, en 1987, por el Kennel Club de Gran Bretaña (la última actualización del estándar realizada por el Kennel Club es del año 2004). De este modo cesaba teóricamente una discrepancia que tenía casi un siglo de antigüedad. La traducción al francés de ese estándar, muy rigurosa, es obra de Raymond Triquet, uno de los más competentes cinólogos actuales.

 

El estándar británico, imperante en todas las exposiciones y pruebas de trabajo de países miembros de la FCI, y por tanto también en España, establece para los machos una altura entre 65 y 68 centímetros (25,5-27 pulgadas) y para las hembras entre 61 y 65 (24-25,5 pulgadas). El Kennel Club UK, en el mencionado estándar oficial del año 2004, ha cambiado las 27 pulgadas de altura máxima por 69 centímetros.
En Francia, a pesar del reconocimiento oficial del estándar británico, se sigue trabajando oficiosamente con medidas inferiores: machos con un máximo de 62 centímetros y un mínimo de 58, con dos centímetros de tolerancia para el mínimo, y hembras con un máximo de 60 centímetros y un mínimo de 55, con dos centímetros de tolerancia para el mínimo, son las alzadas idóneas en el país vecino. Con esto vemos que un macho de 56 centímetros y una hembra de 53 obtendrían en Francia la confirmación de pureza racial que les hace aptos para la cría, aunque ambos ejemplares deberían descalificarse si les aplicamos el estándar de la FCI.

 

Setter inglés tras el cobro exitoso de una becada.

 

¿Quién tiene razón en esta batalla de medidas? El tamaño de un perro influye notablemente en su rendimiento; los perros de gran alzada a la cruz son más torpes, pesan más y se cansan antes que aquéllos más ligeros, no siendo infrecuentes los casos de linfatismo que producen perros apáticos y poco predispuestos al trabajo. Un perro de trabajo no puede ser un animal de mucho volumen corporal, sino un perro contenido, con buena estructura ósea y poderosa musculatura inserta en ella, exento de grasa (el perro delgado siempre trabaja mejor). Tampoco podemos olvidar que la altura marca armónicamente las proporciones del resto del cuerpo. Un conocido cinólogo, el genovés Fabio Cajelli, fundador de la Società Venatorie Genovese y muchos años secretario de la Federazione Italiana della Caccia, dedicó mucho tiempo a investigar sobre las cualidades de la raza inglesa, y entre otras cosas dijo: “Su aspecto general debe denotar la predisposición al trabajo, gran facilidad de movimiento, músculos largos, buena osamenta, pero no demasiado fuerte, diámetros trasversales no muy pronunciados. Nunca se recomendará bastante el descartar aquel setter inglés mastodóntico, con abundante piel, linfático, con cabeza grande”.

 

Si aplicamos a un setter de 68 centímetros a la cruz las correspondencias armónicas del estándar del Setter Club de España, en el que el cuello debe alcanzar los 4/10 de la altura de la cruz, la mayor longitud del tronco no ha de superar 1/20 de la altura en la cruz -o como máximo 1/18- y la circunferencia del tórax debe ser 1/4 parte superior a la altura de la cruz y su diámetro transversal un 39% de dicha altura, nos encontramos con un perro de proporciones impresionantes, cuya robustez o pesadez le restan la elegancia característica de la raza. Setters de tanta alzada pueden resultar muy vistosos trotando sobre el ring de Crufts en una exposición de belleza, pero su rendimiento en el bosque becadero será más que deficiente. Indudablemente el club francés de la raza tenía razón al patrocinar perros más pequeños y limitar esas grandes alzadas que nada favorecen el trabajo en el campo, por esa misma razón el estándar que publica el Setter Club de España es más acertado que el que maneja la FCI.
Si te interesa un setter becadero dile stop al gigantismo, y aquí nos hemos topado con uno de los mitos de la raza, el empeño en llamar Llewellyn al setter inglés muy cazador, de poca alzada y muy temperamental en el campo.

 

Los Llewellyn, ¿mito o engaño?

 

Muestra típica de la raza setter inglés.

 

Con frecuencia encontramos al setter becadero identificado como setter Llewellyn, un error que es necesario erradicar. En España no podemos hablar con exactitud de un setter Llewellyn, pues en el contexto de la FCI los Llewellyn no son una raza diferente, sino una línea de sangre que fue fijada por Llewellyn Purcell (1840-1925). No existe, por tanto, un setter de caza al que llamar Llewellyn y un setter de belleza al que llamar inglés. Todos son setter inglés y todo perro vendido como Llewellyn es presumiblemente una mistificación o una estafa.

 

Cuando Llewellyn Purcell comenzó a criar setter inglés utilizó paralelamente dos líneas de sangre, una denominada Dashing, en homenaje a “Dash II”, uno de los últimos perros criados por Laverack. La otra fue Wind’em, en honor a “Count Wind’em”. Del cruce entre “Dash II” y “Countess Bear” nació “Bondhu”, campeón field trials y un extraordinario semental. Desde entonces Llewellyn Purcell llamó a todos los perros de la línea “Dash” con el sobrenombre “Bondhu”. Eran perros 100% sangre Laverack, en tanto que la línea “Wind’em” tenía solamente un 50% de sangre Laverack. Los perros que descienden directamente de estas dos líneas son los únicos que pueden ser nombrados como Llewellyn.

 

Sin embargo, en Estados Unidos se creó en 1902 un registro genealógico denominado Field Dog Stud Book  (FDSB) que registra desde entonces los setter Llewellyn como una raza independiente del setter inglés. El Field Dog Stud Book es el registro genealógico más antiguo de Estados Unidos, pues comenzó a llevarse en 1874. Actualmente, además de su inscripción en el mencionado registro, los setter Llewellyn son sometidos a una prueba de ADN que garantiza su pureza. El American Kennel Club, socio de la Federación Cinológica Europea, no reconoce el registro FDSB, por lo que los Llewellyn con pedigrí de la Field Dog Stud Book no pueden criar ni tienen pedigrí en España. En Estados Unidos los aficionados a estos setter ingleses se asocian en la North American Llewellyn Breeder Association (NALBA).

 

Cabeza bien puesta

 

El setter inglés es una de las más elegantes y bellas razas de perros de caza.

 

La caza de la becada exige, más que ninguna otra, perros con cabeza, inteligentes, resolutivos, pero la inteligencia reside en el cerebro y la caja que contiene este órgano es el cráneo. La cabeza es la caja de la sabiduría, por ello en esta raza es tan importante que la cabeza cumpla unos requisitos muy bien señalados en el estándar.  ¡Ay, la cabeza! Cuantos ríos de tinta se han vertido en torno a la conformación de la cabeza de las dos razas de muestra inglesas por excelencia, el pointer y el setter inglés. El setter inglés es un dolicocéfalo. Si estamos interesados en conocer su estándar es recomendable recurrir al que publica el Setter Club de España y no a la horrible traducción que hizo Óscar Valverde, de la Canina de Costa Rica, para la Federación Cinológica Internacional. El señor Valverde es criador de teckel y fue presidente de la Asociación Canófila Costarricense (ACC). Cuando hace años la FCI solicitó a la Real Sociedad Canina de España la traducción al castellano de los estándares de razas foráneas que tenía aprobados, nuestro organismo cinófilo fue incapaz de llevar a cabo tal tarea, motivo por el que ‘disfrutamos’ de esas traducciones plagadas de americanismos.

 

Algunas de las indicaciones del estándar pueden parecer confusas a quienes no están versados en zoognóstica. Dice respecto a la cabeza. “Dolicocéfala; su longitud total es de 4/10 de la altura en la cruz. La longitud del cráneo es igual a la longitud del hocico y la mitad de la longitud total de la cabeza se encuentra sobre la línea horizontal, que une los dos ángulos internos de los ojos. El índice cefálico total no tiene que sobrepasar el número 45, es decir, la anchura bicigomática del cráneo debe ser inferior a la mitad de la longitud total de la cabeza. La longitud de los ejes longitudinales superiores del cráneo y del hocico son paralelos entre sí”. Por tanto, debemos remarcar que el setter inglés tiene el cráneo alargado, pertenece al tipo dolicocéfalo, para el cual no puede admitirse la cabeza plana.

 

Los perros de cabeza ancha tienen gran capacidad cerebral y en el cerebro radica una de las grandes virtudes de un perro de muestra, la inteligencia. Pero una cabeza ancha admite un cráneo plano, como ocurre en muchas razas de presa. ¿Cómo conservar la capacidad craneana en una cabeza alargada como la de los dolicocéfalos? Un cráneo plano y ancho que comprimimos lateralmente para alargarlo podrá conservar la misma capacidad cerebral si permitimos que sea ovalada su parte superior, la bóveda, lugar donde radican las facultades superiores. Por eso el estándar es sabio al describir el cráneo: “La parte superior del cráneo, vista de perfil, tiene que ser ligeramente convexa, la parte posterior ha de ser ovalada y sensible la cresta occipital”. Si trazamos una línea que corte desde el stop a la cresta occidental, el cráneo del setter inglés no debe desarrollarse conforme a una línea paralela a ella, lo que sería un cráneo plano, sino que debe ser una línea convexa.

 

Patrón de dos setters a una becada.

 

La cabeza presenta en los estándares medidas de anchura en relación a la longitud; tal relación se conoce como índice cefálico total. Es la relación entre la longitud total de la cabeza (medida desde la apófisis occipital externa hasta el margen supero-anterior de la trufa) y su ancho bicigomático (medido de margen a margen externo del arco cigomático). El índice cefálico total (I.C.t) se obtiene multiplicando el ancho bicigomático por cien y dividiendo por el largo, según la siguiente fórmula: anchura cráneo x 100 / longitud cabeza = índice cefálico total. En los perros dolicocéfalos el ancho bicigomático del cráneo debe ser inferior al largo total de la cabeza, por lo tanto el índice cefálico total no debe nunca superar el número 45, como tan acertadamente nos recuerda el estándar. Todo setter inglés con un índice cefálico por encima de 50 será un perro con el cráneo demasiado ancho y una cabeza pesada, tipo perdiguero portugués, que tiene un I.C.t. de 60 (un bóxer tiene un I.C.t. de 80). Un I.C.t. entre 45 y 50 corresponde a razas con una cabeza de tipo medio, por ejemplo la de los schnauzer.

 

Los índices biométricos son relaciones numéricas entre las distintas partes del cuerpo. Fueron establecidos hace más de doscientos años por Andrés Retzius, un profesor sueco de anatomía, con la finalidad de clasificar restos humanos prehistóricos. Posteriormente se aplicaron a la ganadería y son utilizados para fijar con precisión un modelo o ejemplar tipo. Se parte siempre de la altura en la cruz del perro con la finalidad de mantener una armonía total en todas sus proporciones. Por eso vemos que el estándar nos decía de la cabeza: “su longitud total es de 4/10 de la altura en la cruz”. Existe una gran variedad de índices biométricos: puedo señalar el que mide la profundidad del pecho, el torácico, el corporal, el de volumen corporal, el cefálico relativo, el de apuntamiento del hocico o, el más importante, el mencionado índice cefálico total. En todos los casos hemos de cuidar el lenguaje, pues es fácil confundir cabeza larga (setter inglés) con puntiaguda (galgo), o corta  (dogo argentino) con chata (bulldog), por ejemplo.

 

(Texto: Eduardo de Benito / Fotos: Archivo)