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Podenco andaluz

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Características básicas

Raza española
Talla:
Grande: Machos: 54-64 centímetros. Hembras: 53-61 centímetros. Mediana: Machos: 43-53 centímetros. Hembras: 42-52 centímetros. Chica: Machos: 35-42 centímetros. Hembras: 32-41 centímetros.
Pelo:
Cerdeño (duro y largo). Sedeño (sedoso y largo). Liso (corto y fino).
Colores:
La capa es blanca o canela, o bien integrada por ambos colores. El color blanco existe en sus variantes plateada, mate y marfil; y el canela puede variar desde el claro al canela encendido.
Cola:
De implantación baja, o debe sobrepasar en longitud al corvejón. En movimiento debe tener forma de media luna hacia arriba.
Cráneo:
Subconvexo, con protuberancia occipital levemente marcada. Anchura inferior a su longitud con muy poca diferencia.
Ojos:
De tamaño pequeño y forma redondeada. La pigmentación de los bordes de los párpados ha de estar en concordancia con el color de la trufa o pelaje.
Nariz:
De forma redondeada, de tamaño medio, fosas nasales bien abiertas y color miel.
Pecho:
De longitud y anchura similar al diámetro bicostal. Caja torácica profunda. Costillares robustos y ligeramente arqueados. Antepecho ancho y profundo.
Miembros anteriores:
Bien aplomados, musculosos y bien proporcionados en relación al cuerpo.
Miembros Posteriores:
Muy fuertes y de gran desarrollo muscular, con muslos largos y anchos. El corvejón presenta tendones fuertes.
Pies:
Pie de forma redondeada, ni de gato ni de liebre. Con dedos fuertes y uñas de color blanco o castaño. Los traseros algo más abiertos que los delanteros.

Ficha descriptiva

Cronología Moderna:
Durante años recibió diversos nombres. El más generalizado fue el de podenco ibérico, también podenco español, podenco ibérico andaluz, podenco andaluz de rehala y podenco rondeño. A partir de 1982, en el Simposium de las razas caninas españolas de la Universidad de Córdoba, y especialmente tras su reconocimiento, se ha afianzado la denominación de podenco andaluz. Fue reconocido como raza por la RSCE en 1992 y obtuvo el reconocimiento oficial del Ministerio de Agricultura mediante el Real Decreto 558/2001, de 25 de mayo.
Carácter:
Dotado de gran inteligencia, nobleza, sociabilidad y siempre alerta. De justas reacciones a los estímulos, que denotan un carácter vivo y equilibrado. Muy cariñoso, sumiso y leal con el dueño, aunque rompe este vínculo ante el castigo injusto. Todo ello le confiere una gran capacidad para el adiestramiento.
Utilización:
Es un perro nacido para cazar, con un excelente olfato y muy resistente a la fatiga. No se amedrenta ante nada, es metódico y rápido en la búsqueda, con un latir alegre tras la pieza, tanto en la caza mayor como en la menor, siendo un excelente cobrador de pelo y pluma, ya sea en agua o en terreno accidentado.
Manejo Práctico:
Las necesidades alimenticias de mantenimiento han sido calculadas en 1.350 kilocalorías diarias para los machos y 1.200 para las hembras. En los ejemplares utilizados en la caza esos valores deben llegar a duplicarse para contrarrestar el excesivo gasto de energía. Por su ímpetu sin límites puede forzársele en el trabajo más allá de lo conveniente para su salud, por lo que es conveniente alternar la caza con el reposo.

Cazador total por naturaleza propia

Podenco andaluz en acción.

 

La vasta campiña andaluza es el medio que ha forjado esta raza de perros de caza. Una tierra caracterizada por sus altas temperaturas y la falta de precipitaciones, en la que se alarga la estación seca hasta seis meses -y más-, y se registran temperaturas que superan en muchas ocasiones los cuarenta grados, lo que implica una máxima evaporación. Así, el podenco andaluz hubo de nacer seco, enjuto, rústico y frugal en sus exigencias, pidiendo poco y dando mucho. Es el representante de una tierra en la que el que no cumple, no vale.

 

El podenco andaluz es un perro de caza único y excepcional para los montes hispanos. De las distintas poblaciones podenquiles de nuestra tierra, el ibicenco, el canario, y el andaluz, posiblemente sea éste último el más bastardeado frente al tipo original de la raza, conservado más genuinamente en las islas. Debemos tener en cuenta que los más antiguos vestigios de la existencia de perros de tipo podenco se remontan a unos nueve mil años antes de Cristo, concretamente en la estepa sahariana, en la edad mesolítica.

 

Según afirma Przezdziecki en su libro ‘Los lebreles en la Prehistoria’, los podencos llegaron a Hispania de la mano de los fenicios. En tanto que en las Islas Canarias y Baleares, por el efecto de aislamiento que crea la insularidad no hubo apenas mestizaje con otras razas, en la Península, en el campo andaluz, pronto se cruzó con los perros del país, rastreadores o de muestra. De ello resultó un animal de menor talla que el podenco ibicenco pero de mejores cualidades cinegéticas -ya que no se circunscribe sólo al conejo- y mucho más dócil, lo que permite un más fácil manejo del animal por parte del cazador, y con una notable menor agresividad intraespecífica, lo que ha favorecido su integración en rehalas y colleras de todo tipo.

 

En el mediodía hispano se le utiliza tanto en la caza mayor como en la menor para ir tras el conejo, y ocasionalmente también se emplea para la liebre e incluso la perdiz. Es digno de reseñar que algunos tienen una muestra tan firme y sostenida como pueda tenerla el mejor perdiguero. Con rasgos gruesos podemos situar su acción cinegética entre la de los perros rastreadores (sabuesos y grifones) y los de carrera (galgos), pues no puede actuar como los primeros por ser menos sagaz su nariz, ni como los segundos por ser menos veloz que los corredores, aun cuando en su acción cazadora rastrea, otea y corre la pieza. Es el único perro que realmente caza por igual con la vista, el olfato y el oído.

 

Joven podenco andaluz, con una liebre cazada en un coto madrileño.

 

Libre de modas

 

Sin duda, la tardía entrada del podenco andaluz en los anales de la cinofilia oficial en nada perjudicó a la raza. La Real Sociedad Canina de España no reconoció su existencia hasta 1992, dándose la paradoja de que por entonces había más podencos en el agro andaluz que la suma total de las restantes razas autóctonas en todo el territorio nacional. Y digo que no perjudicó, y casi afirmaría que fue beneficioso, porque en tanto otras razas autóctonas debían competir con razas alóctonas, siendo generalmente desplazadas por ellas -el sabueso español por los sabuesos franceses, o nuestros perdigueros burgaleses y pachones navarros por los perros de muestra británicos-, no hubo raza alguna que pudiese competir con los podencos andaluces en su rendimiento en el campo.

 

Como un farallón inamovible, el podenco andaluz aguantó todos los envites de las modas gracias a su rendimiento funcional y a su capacidad de adaptación. Es un perro de caza para cazadores, un perro alejado del antojadizo mundo de las estructuras cinófilas, donde los gustos personales de tal o cual juez o las modas imponen el valor de los perros por encima de sus cualidades funcionales. El tardío reconocimiento permitió que la raza fuese seleccionada de modo natural, empleando la utilidad como baremo y eliminándose aquellos ejemplares inútiles para la caza, por muy hermosa vitola que poseyeran. La dicotomía entre criar un perro de caza o criar un perro con papeles (pedigrí) ha dañado profundamente a muchas castas de perros cazadores; por suerte no al podenco andaluz.

 

Caza menor

 

Ninguna raza canina es tan genuinamente característica de la cuenca mediterránea como los podencos, ecotipo de perro conejero. Los podencos andaluces en talla mediana y talla chica, tanto en pelo liso como duro, son una de las mejores opciones para el aficionado a la caza del conejo. En ocasiones he asistido a controversias sobre las bondades de una determinada talla o manto para cazar en los zarzales, pero la verdad es que en los tipos mencionados estas diferencias pasan a un segundo término cuando nos encontramos con un podenco vehemente, cazador, con el empuje que caracteriza a la raza. Estos podencos responden bien en los más variados terrenos y cazaderos, como prueba su amplia difusión en toda la comunidad andaluza y en la parte sur de Castilla-La Mancha.

 

Cazador con varios podencos andaluces.

 

Ya sea en las serranías o en los llanos mesetarios, en los zarzales o las chumberas, ya sea rica o escasa la vegetación, suave o arisca, el podenco mediano y chico es una opción ganadora para el conejo, la liebre y la perdiz al salto. Da gusto verles batir los lindazos cubiertos de maleza y los sotos para desalojar con sonoros ladridos a los conejos, a los que persiguen en rauda carrera.

 

Los podencos andaluces son capaces de casi todo, y hay que verlos trabajar en su doble condición de levantador de conejo y perseguidor por el rastro para entender el sentido profundo de un estilo de caza milenario, conservado gracias a su eficaz rendimiento. Son perros que laten lo necesario y trabajan con rapidez, que no derrochan energías en dar espectáculo sino que la dosifican, de ahí su fama de incansable en el monte.

 

Perfecto para la caza de pelo

 

Observando la morfología, el aspecto externo de un perro, vemos cómo ha ido modificándose para su adaptación a un tipo de caza y piezas concretas, lo que nos permite deducir su estilo cinegético. Unos rasgos morfológicos bien definidos señalan al podenco como indiscutible cazador de conejos. Analizando su estructura física observamos una oreja de tamaño medio a grande, envelada, dirigida al frente pero dotada de gran movilidad para captar los ruidos que emite el conejo en sus desplazamientos.

 

Los ojos están posicionados semilateralmente, otorgándole así una visión panorámica, un gran angular de visión para detectar cuanto pasa en su entorno. Posee una cabeza de tipo lupoide, seca y fina, con hocico largo que puede introducir entre las zarzas para morder al conejo agazapado. Su pecho, poco descendido, queda en los mejores ejemplares por encima de los codos. Un pecho así no estorba la movilidad de los miembros anteriores y facilita los cambios bruscos de dirección, tan necesario por el peculiar zigzagueo del conejo al escapar entre la maleza. El vientre retraído, nunca agalgado, y los miembros posteriores muy musculados le permiten la tensión muscular que precisa para el salto, esos impresionantes botes que da entre la maleza para otear la huida del conejo.

 

Junto a un par de conejos cazados.

 

Otros rasgos de su fisonomía nos enseñan además su perfecta adaptación al Mediodía hispano, caracterizado por altas temperaturas. La piel bien pegada al cuerpo, con ausencia de panículo adiposo, que le permite el trabajo en los días de más calor sin menoscabo de su salud, y unos pies apretados, de dedos bien recogidos, necesarios para moverse por terrenos secos y áridos.

 

Modo de cazar

 

El estilo de caza de los podencos es muy personal y muestra claramente que es un especialista. El porte de la cabeza es el de un perro que busca la pista sobre el terreno, por lo tanto es tendente a ir bajo, con el morro no muy distante del terreno. El rabo, formando un amplio arco, señala con vibraciones las fases de la busca. Las orejas alternan la máxima erección durante la búsqueda con una menor tensión perceptiva, pero sin llegar nunca a estar relajadas. Cuando el podenco detecta una pieza de pelo se produce una armónica fusión de cualidades físicas, psíquicas y fisiológicas en las que se incluye el tono de voz, el movimiento y el equilibrio psíquico. Por su naturaleza emplea a la hora de cazar todos sus sentidos (olfato, vista, oído), pero también todo su cuerpo, transformado en energía cinegética, así como una cualidad que es única y que no posee ninguna otra raza de perros de caza: la astucia. El podenco es hábil para engañar y para evitar el engaño; caza con sigilo, silencioso, cuando las circunstancias así lo reclaman, pero es alborotador, con ese latido estridente y llamativo que posee, cuando se necesita.

 

El podenco no atropella la pieza, no la espanta; actúa con método, con sutiliza, del mismo modo que se desplaza en el monte por los túneles y pasadizos que las piezas hacen entre la maleza. No es una imposición del exterior frente a esa naturaleza, ante un determinado hábitat y piezas, sino que forma parte de ese mundo, está en comunión con él. A diferencia del perro de muestra, que va de la civilización a la naturaleza, el podenco es naturaleza en estado puro; de ahí emanan sus insuperables cualidades de cazador.

 

Cazador con su podenco, antes de arrancar la jornada cinegética.

 

La caza en terrenos quebrados, en monte muy cerrado o en zarzales es muy dura, una hora de trabajo del podenco en estos terrenos es equivalente a varias horas de esfuerzo del perro de muestra en el llano, sacrificio al que hemos de añadir las altas temperaturas. El conejo es un animal muy sereno, que aún ante el mayor peligro conserva la sangre fría, y puede por ello ofrecer un gran reto a los podencos. Cuando el andaluz localiza el conejo se transforma, queda inmóvil, en tensión para verificar que la pieza está allá escondida. De ser así la cola parece cobrar vida propia, moviéndose a izquierda y derecha a gran velocidad: es un movimiento mecánico, producido por la enorme tensión nerviosa a la que se encuentra sometido el podenquillo.

 

De pronto surge el latido característico de la raza y empieza a jipiar: es el ladrido de aviso que dará paso a una historia mil veces repetida, el combate entre el predador y su pieza. Gira el perro alrededor de la mata buscando el punto para atacar, manteniendo el cuerpo arqueado y estirándose para no perder de vista el sitio donde estima que se encuentra la pieza. Generalmente entra en la mata o zarzal por el lado opuesto al cazador para que el conejo salte de cara a la escopeta. En ocasiones la habilidad del podenco o la torpeza del conejo permiten que el perro salga llevando la pieza en la boca, pero por lo general el can emprenderá una veloz carrera tras el conejo, latiendo con entusiasmo.

 

Ayer paz, hoy confusión

 

Comencé hablando del tardío reconocimiento del podenco andaluz por la Real Sociedad Canina y de cómo eso no representó un inconveniente para la raza, que por su innegable utilidad no fue desplazada por ninguna otra. Sería de suponer que tras el reconocimiento todo sería miel sobre hojuelas, pero no fue así. Al poco tiempo del reconocimiento por parte de la RSCE ya teníamos dos clubes de la raza enfrentados: de un lado el primero en crearse, el Club Nacional del Podenco Andaluz, constituido en junio de 1990, y posteriormente, al retirarle la RSCE la raza por disidencias entre sus directivos, la Asociación Española de Criadores y Aficionados al Podenco Andaluz y Maneto.

 

Recogiendo el conejo cobrado por un podenco andaluz.

 

Es sorprendente ver cómo una raza que ha permanecido sin rencillas durante miles de años, en cuanto es tocada por la denominada ‘cinofilia oficial’ se convierte en un avispero de disputas. Hay un divorcio claro entre los usuarios de perros de caza, los cazadores, y las estructuras cinófilas, que en el caso del podenco andaluz se ha puesto de manifiesto desde los primeros pasos para su reconocimiento como raza. Antes de ese reconocimiento, la RSCE convocó en diversas ocasiones a los podenqueros andaluces para que acudiesen con sus perros a concentraciones donde sus técnicos se encargarían de estandarizar la raza. Los podenqueros andaluces respondieron a la llamada acudiendo en importante número, pero con más curiosidad que entusiasmo, pues el hombre del agro andaluz sabe desde hace milenios que poco puede esperarse de lo que no es el propio trabajo personal. Los cinófilos que desde Madrid habían acudido a aquellas concentraciones a impartir cátedra se llevaron la sorpresa de ser los alumnos de una sabiduría milenaria, la de los hombres que han criado y cazado con podenco andaluz desde que el mundo es mundo.

 

Este perro, el más auténtico y genuino de los nuestros, todavía hoy lucha por mantener una señas de identidad alejadas de la burocracia de la corte. A pesar de ello la raza vive un buen momento, pues cada vez es mayor el número de buenos perros, animales notables en su categoría, a los que se exige no sólo rendimiento en el campo, sino también cumplir las exigencias zootécnicas en cuanto a su morfología, carácter y crianza. El podenco andaluz afronta el futuro con la certeza de que está a la altura de la demanda de una sociedad que pide perros de caza completos, donde la funcionalidad no se ha puesto al servicio de la belleza.

 

(Texto: Eduardo de Benito / Fotos: Archivo)

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