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Una experiencia única entre cazadoras en la montaña leonesa

En un puesto en lo alto de la montaña.

Antes de finalizar 2018 acudí a una llamada “cacería de mujeres”, y digo llamada pues no considero apropiado nombrarla de tal manera. El significado de ello es mucho más que eso. No hay que quedarse con las palabras que la forman y por eso quería contar aquella experiencia y todo lo que me transmitieron.

 

Todo comenzó cuando la llamada telefónica de mi querido amigo Rubén me informaba que estaba preparando una cacería femenina. He de decir que siempre he sido partidaria de este tipo de iniciativas, sobre todo cuando la finalidad de éstas son la unión y convivencia entre mujeres. Algo que es cierto, pues somos minoría de mujeres cazadoras en comparación con los hombres, además de  lo dispersas que nos encontramos por toda España.

 

Algunas de las cazadoras participantes en estas jornadas de caza y convivencia.

 

Me alegró mucho su llamada, pero aún más el concepto de la cacería que intentaba transmitirme. No iba a ser una jornada cinegética más, sino un fin de semana de convivencia entre nosotras, para poder compartir nuestras experiencias e ideas sobre la caza, unirnos, apoyarnos y conocer una modalidad tan bonita como son las cacerías en alta montaña, pudiendo animar a muchas chicas que comenzaban a cazar o conocían de su existencia, pero no tenían esa figura que les podía introducir en esta bonita afición. Por supuesto que, inmediatamente, dije que sí sin pensármelo y reservé esas fechas en mi calendario.

 

Llegado el día y con un par de horas de viaje, la jornada de convivencia comenzaba visitando el Museo de la Fauna Salvaje del Dr Eduardo Romero, donde él mismo nos hizo un tour y nos transmitió ese amor que siente por la naturaleza. Sin olvidar sus grandes anécdotas de las jornadas cinegéticas vividas. Comenzaron así nuestros primeros cambios de impresiones e ideas.

 

Con Eduardo Romero Nieto, en su Museo de la Fauna Salvaje.

 

Luego, cómo no, llegó la cena, una cena familiar y acogedora donde pudimos terminar de conocernos para disfrutar en hermandad de la jornada de caza del día siguiente. Recordaré con especial cariño el momento del sorteo de los puestos, donde hubo muchas risas y complicidad entre nosotras, sobre todo con las expectativas de la jornada siguiente. “¿Dónde te ha tocado? Madre mía, ese puesto es bueno”.

 

A la mañana siguiente todo eran nervios, era el gran día. En el desayuno comenzaban las primeras apuestas sobre quién iba a abatir; los puestos número 2, 3 y 6 eran los favoritos, si bien ninguno era el mío, pero eso no hizo que los nervios desaparecieran. Era la primera vez que asistía a este tipo de cacería, por lo que la incertidumbre de la jornada era todavía mayor.

 

Preparadas para partir al campo.

 

El transcurso de la jornada fue único, con ladras, ciervas y rebecos que recorrían los senderos al movimiento de los perros, tiros y un precioso día soleado con vistas nevadas. En la recogida todo fueron alegrías y unión entre nosotras. Sin olvidar el gran noviazgo por parte de una de mis compañeras. La suerte de abatir no se dio, aunque la suerte fue conocer grandes personas, grandes compañeras y ese gran paraje como es la Reserva Regional de Caza de Mampodre, donde una vez al año se ofrece la oportunidad de realizar una cacería para la gestión de la misma.

 

Incentivar este tipo de iniciativas es un trabajo laborioso y arbitrario, donde aquéllas que ganamos algo somos nosotras por disfrutar de la jornada y los pueblos que viven de la caza y actualmente están desprotegidos por la falta de turismo cinegético. Pueblos, como Puebla de Lillo, que en gran medida son nuestra seña de identidad del mundo rural, que debemos cuidar y proteger para continuar con nuestro legado.

 

Con los jabalíes abatidos.

 

Gracias a todas aquellas personas que colaboraron y estuvieron allí para que todo saliera a la perfección, sobre todo a Rubén y a mi querida amiga Eva por sus grandes detalles. Al fin y al cabo eso es lo bonito de la caza, ¿no? Disfrutar de las jornadas, independiente del resultado, y de la unión por parte de todos.