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FRANK CUESTA TERMINA WILD FRANK: CAZA CON UN ÉXITO ROTUNDO

“Nadie sabe cómo sería el mundo sin caza, pero sería un desastre”, el ovacionado final de Wild Frank: Caza

Ayer se estrenaba el último capítulo de Wild Frank: caza, poniendo fin a la polémica serie en la que el herpetólogo ha recorrido España para conocer el mundo de la cinegética en 360º y que le lleva a concluir que la caza es absolutamente necesaria.
Final de la serie Wild Frank: caza, donde el ecologista ha concluído que el mundo sin caza, sería un desastre. Final de la serie Wild Frank: caza, donde el ecologista ha concluído que el mundo sin caza, sería un desastre.

La serie que ha tenido en vilo a todos los cazadores de este país ponía ayer el broche final, con un último capítulo que ha hecho sacar pecho a los cazadores y con el que Frank Cuesta ha defendido como conclusión, que la caza es una actividad completamente necesaria. Monterías en cotos sociales, visita al Parque Nacional de Guadarrama, o incluso la polémica muerte del niño de 4 años que falleció durante una montería esta temporada en un trágico accidente, han sido parte de un episodio en el que se ha mostrado que la caza, es mucho más de lo que los animalistas piensan. 

 

El propio Frank Cuesta ha reconocido a lo largo del episodio que estaba equivocado en muchas cosas y que ahora, tras conocer la cinegética de primera mano, no le ha quedado más que reconocer que “no conocemos un mundo sin caza, pero sería un desastre seguro”. Ha sido una serie intensa, donde el equipo de Cuesta ha hecho un exhaustivo trabajo para intentar enseñar el mundo de la caza al completo, con el objetivo de formar e informas, para que la gente deje de opinar desde el desconocimiento absoluto. 

 

La caza social es una de las cosas que más echaban en falta los espectadores en los anteriores capítulos, para quienes supone el grueso de la cinegética en nuestro país. Por eso, en este último capítulo, Frank se ha centrado en el tipo de caza “más humilde” para terminar de afrontar todos los ángulos desde los que abordar la caza y el resultado, ha sido más que satisfactorio para el colectivo. 

 

Frank Cuesta acompaña a una joven montera durante la montería del coto social al que pertenece

 

Las imprudencias fatales 

 

Una de las manchas negras de la caza ha sido sin duda el terrible accidente que sufrió un niño de 4 años durante una montería, en la que perdió la vida por una serie de fatales imprudencias. El incidente ha sido duramente aprovechado por los grupos ecologistas que pedían la prohibición de menores en las actividades de caza y que sin duda, produjo un dolor tremendo entre los cazadores. 

 

Frank abordaba el accidente en una serie de entrevistas en las que se recalcaba la importancia de cumplir con los requisitos de seguridad necesarios como no moverse del puesto y tirar siempre sabiendo a lo que se dispara, que fueron dos de las imprudencias cometidas por el cazador que acabó con la vida del pequeño. Su actitud fue respetuosa y en ningún momento quiso hacer leña del árbol caído, sino lo contrario. 

 

Entrevistando a Jose María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza y de Mutuasport, ponían de manifiesto que se trata de un accidente muy poco común, ya que como explicaba Mancheño, “en el año 2018 tuvimos tres fallecidos” y “ocho o nueve accidentes con heridos que no fallecieron”. El presidente de la FAC defendía el lugar de los niños en la caza, ya que “para el que es cazador como yo, como para otros cientos de miles, es habitual que mi hijo me acompañe igual a cazar conejos, a cazar perdices o a una montería”. 

 

La taxidermia de la mano de los Garoz en el corazón de Yébenes

 

Frank Cuesta y Ramón Garoz durante la vista a los Yébenes, en castilla La Mancha

 

El pueblo de Los Yébenes, en Castilla La Mancha, tiene sus raíces forjadas en la caza, una actividad vital para el pueblo en el que se encuentran, los Garoz. Una familia de taxidermistas de lo más reconocido en España, que llevan tres generaciones dedicadas al mismo oficio y con quienes Frank protagonizó uno de los ratos más entrañables y divertidos de la serie. 

 

Ramón Garoz continúa como su padre y su hermano, la noble tradición de la taxidermia que su abuelo les inculcó y que les ha llevado a explorar todos los límites de la taxidermia, la talla y la escultura. En su desarrollo del arte, han realizado sus propias tumbas sobre las que descansa un venado de bronce y en las que quieren ser depositados el día que abandonen los caminos de este mundo, algo que para Frank fue completamente chocante. “Sois unos raritos”, le dijo el ecologista a Ramón Garoz, quien con su naturalidad característica le contestaba sin titubear “¿pero tu te has visto?” señalando las famosas crocks que calza siempre Cuesta. 

 

Frank Cuesta en las instalaciones de La Catedral de la Caza, explicando como la caza se convierte en alimento

 

Los Yébenes es un término de 66.000 hectáreas de monte dedicadas a la caza, la ganadería y la agricultura, pero sobretodo la caza. En el se encuentra también La Catedral de la Caza, una planta de procesado de carne de caza, a la que Garoz decidió llevar a Frank para que viese en lo que se traduce la venatoria. Algo que Frank trató con respeto y naturalidad, espetando a los espectadores a no escandalizarse por las piezas colgadas, “aunque a algunos os parezca grotesco, de aquí vienen los filetes que compráis en el supermercado en bandejas”. 

 

El control de población, otra de las virtudes de la caza

 

La población de cabras monteses de el Parque Nacional de Guadarrama es un problema grave

 

Frank decidió visitar el Parque Nacional de Guadarrama, donde Pablo Sanjuanbenito, co-director del parque, le mostró los efectos tan nocivos que pueden llegar a tener los radicalismos animalistas. En el parque, la población de cabras monteses es de 5.000 ejemplares, “cuando la capacidad del mismo es de 1.500”. En el parque no pueden cazar para controlar la población gracias a un recurso interpuesto en los tribunales por PACMA -quien por cierto, fue invitado al programa a explicar su postura y se negaron a aparecer-. 

 

Sanjuanbenito enseñó las consecuencias para la vegetación que tiene una población tan fuera de control como la del parque, que impide la recuperación de las plantas y cada vez limita más la capacidad de alimentar que tiene el ecosistema. “Los animalistas dicen que hacen esto por el bienestar animal, pero si aquí entra la sarna van a morir de la manera más cruel que se pueda imaginar. Que te peguen un tiro duele, pero morirte de sarna es una cosa muy cruel”, defendía el co-director del parque, algo en lo que Frank estuvo de acuerdo, “es una guerra estúpida y absurda, y al final son ellos –los animales– los que pierden”

 

Fran Cuesta explicándo lo nocivas que resultan las cabras para la vegetación del parque, que no puede recuperarse por el exceso de animales que soporta

 

Conejos con podencos a diente

 

Fue quizás uno de los momentos más aplaudidos de toda la serie, la intervención de Juan Beltrán, un humilde cazador andaluz que dedica su pasión a colaborar con el medio ambiente, en el control de la plaga de conejos que asola las cosechas en su zona. Juan caza con podencos a diente, una modalidad que Frank aplaudió y donde comprendió y quedó patente, que el instinto cazador de los perros es algo que llevan dentro y no algo que les impongan los hombres para abusar de ellos en la caza. 

 

Frank Cuesta y Juan Beltrán, el "cazador pobre" en la jornada que compartieron cazando a diente con los podencos

 

El “cazador pobre” como el propio Beltrán se definió, terminó invitando a Frank a comerse los conejos en salsa que habían cazado los perros esa misma mañana y aunque Cuesta no coma mamíferos, si se puso morado a mojar pan en la salsa. Un gesto con el que culminó la serie y que dio paso a oleadas de mensajes en las redes, agradeciendo el apoyo y la defensa de la caza que ha hecho Fran Cuesta a lo largo de la serie. 

 

“Este es el final de la serie. Yo quería terminar el programa con la caza más simple o más normal –con la que muchos hemos crecido–. Mucha gente está en contra de la caza, lo que pasa es que nadie sabe realmente cómo sería el mundo si no existiera la caza. Y el mundo sería un desastre. Y habría muchas más epidemias para los humanos y para los animales”, concluía para dar final a la serie Frank Cuesta.