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Cuando la especie se encuentra sumida en el periodo de celo

Desmontamos 4 bulos muy extendidos sobre corzos

Como pasa en todos los ámbitos, lo que se cuenta y la realidad pueden diferir hasta ser irreconocibles. Y el mundo del corzo no es una excepción, así que voy a desgranar algunas de esas cosas que se cuentan sobre los Capreolus y que no son lo que parecen.

La caza selectiva mejora los trofeos

Todavía hay muchos que piensan que la calidad de los trofeos de corzo se puede mejorar a base de retirar esos machos ‘malos’ que vemos en nuestras salidas. Pues no. No es posible mejorar la calidad mediante la bala, al menos si la bala va dirigida a abatir supuestos trofeos sin futuro.

La calidad es casi consecuencia exclusiva de la calidad y cantidad de comida. Así que los corzos buenos se obtienen a base de balas, pero dirigidas a las hembras y a los machos jóvenes para mantener una densidad baja respecto al medio, dejando que los machos tengan para sí una comida de calidad y evitando la saturación del medio en el que viven.

Si tiraste un corzo en un sitio, no lo vuelves a ver en semanas

Nada más lejos de la realidad, al menos en el periodo territorial. Si un macho es disparado y fallado, como es lógico se alejará del lugar, pero no lo hará por mucho tiempo y pronto retornará al mismo sitio.

La querencia a su territorio es tan fuerte, que incluso fallando al mismo corzo varias veces, lo hemos visto seguir saliendo al mismo prado. Ciertamente, cuanto más viejo es un corzo, más esquivo se vuelve y puede que le afecte más, aunque por norma, un tiro entre las patas no hace a un macho cambiar sus querencias.

Si un macho es disparado y fallado, como es lógico se alejará del lugar, pero no lo hará por mucho tiempo.

Si disparamos a un corzo en un sitio y no vuelve, resulta muy posible que no lo haga porque esté muerto por ahí y lo que interpretamos como fallo no fue tal.

Los corzos son blandos

Al que acuñó esta sentencia lapidaria habría que hacerle cargar con todos esos corzos que se van incluso con tiros de corazón. Por supuesto que un corzo no es como un hartebeest o un ñu, pero lo cierto es que es un cérvido resistente si lo comparamos con su peso.

Una bala mal colocada puede tenernos detrás de un corzo todo un día. Lo primero que debe saber todo cazador corcero es cómo reacciona esta pieza al tiro cuando le impacta y cómo lo hace cuando la bala no le toca.

Correr tras el tiro suele ser siempre síntoma de que se ha pegado al corzo.

Si la bala lo toca, éste no se queda parado salvo muy contadas ocasiones en que lo has dejado muerto en pie. Si no reacciona, cosa muy común, es que lo hemos fallado. Puede que sea sólo un segundo y luego emprenda la carrera, pero si no brinca, cocea, corre o se arruga, es que no lo hemos tocado.

Lo de correr tras el tiro suele ser siempre síntoma de que se ha pegado al corzo. Hay que saber distinguir entre pausa y carrera del arreón que dan cuando los pinchamos.

Los corzos son monógamos

Como solemos ver a los corzos en parejas o a lo sumo en grupos familiares, tendemos a creer que son amantes fieles que se tiran toda la vida juntos. Incluso los hay que dicen que si cazas al macho territorial, esa hembra se quedará huera en esa temporada. Pues sí y no.

A la hora de la verdad, en el celo, aquello se vuelve una juerga y cada cual hace lo que puede.

Los corzos tienden a formar parejas que se mantienen más o menos unidas a lo largo del año, y en ese sentido sí son algo monógamos. Pero a la hora de la verdad, en el celo, aquello se vuelve una juerga y cada cual hace lo que puede. Unas veces la hembra se aparea con ese macho y otras muchas lo hará con otros machos diferentes. Incluso en algunos casos, los vástagos que engendra en un mismo parto son hijos de machos diferentes. Vamos, que muy monógamas y puritanas no son las corzas.

Por eso no hay ningún problema porque se cacen los corzos antes del celo o incluso en el propio celo, porque las hembras ya se ocuparán de buscar quien les dé ‘cariño’ llegado el momento.

(Texto: R. Centenera / Fotos: Shutterstock)

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