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Inmersos en plena picadilla de 2019

¿Conoces todos los cantos del reclamo de perdiz? Aquí te los describimos

A medida que un reclamo va avanzando en sus celos, y por tanto en sus temporadas de caza, tiende de forma natural a cantar menos en lo referido a la cantidad pero más en cuanto a calidad de recursos empleados.
Perdiz_Reclamo_Cantos_G Reclamo de perdiz cantando en la jaula.

Un pollo cantará generalmente de manera abundante (casi en demasía) y un tanto atropellada, pero basando su ‘dicha’ en sólo dos o tres formas de canto muy reiteradas (canto de mayor, cuchicheo y piñones).

 

Sin embargo, ese mismo pájaro en celos sucesivos irá modulando su voz y la hará más grave, más pausada, más llena de matices (si cabe), y a la vez no cantará tanto de carrerilla, sino que hará pausas entre cantos para escuchar al ‘campo’ y darle su derecho a réplica, con lo cual su trabajo se vuelve mucho más efectivo.

 

Aparte empleará, con más o menos profusión, otros cantos diferentes a los tres ya mencionados. Veamos, a continuación, los diferentes cantos de los que se vale el reclamo para llevar a cabo su trabajo.

 

Gran variedad de registros

 

Reclamo en la jaula, colocada sobre unos sarmientos de viña.

 

Canto de mayor. También conocido como canto por alto, canto de cañón o reclamo. Es el canto típico de la perdiz, con el que todos la identificamos. Podríamos decir que es el canto de presentación, el que emplea para dejar claro dónde está y quién es. Suele emplearlo al comenzar el puesto y generalmente es muy potente, pues con él intenta demostrar su fortaleza. El número de golpes de cada canto de mayor varía entre tres y ocho (incluso más).

 

Cuchicheo. Se denomina igualmente churicheo, curichí, cuchichío, cuchichí o dar de pie. Es un canto de desafío si se dirige a otro macho, y amoroso y se dirige a una hembra; el tono y el volumen en uno y otro caso es totalmente diferente. Es el cántico más empleado durante la caza.

 

Piñones. También llamados besos o pitos. Son golpes secos y sonoros (verdaderamente como los besos). Cuando el reclamo los emplea y dirige a otro macho son signo de máximo desafío, sin embargo cuando la destinataria es la hembra, resultan más bien un requiebro (de hecho son mucho más suaves y seguidos). Los suele emplear al finalizar un canto de mayor, o como remate a una pasada de cuchicheo.

 

Canto de embuchada. Es el mismo canto que el de mayor, solo que empleando un volumen muchísimo más bajo, como si intentara ahogar el sonido o lo hiciera con el buche en lugar de con la garganta. No todos los reclamos lo utilizan, y los que lo hacen suelen emplearlo justamente al destaparlos para comenzar el puesto, o bien a última hora de la tarde (se dice que es un canto de llamada anterior a la retirada a los dormideros).

 

Maullido. Es, a mi parecer, el canto que denota el máximo encelamiento del reclamo. Muy efectivo con las hembras. Rarísimo de escuchar en las perdices del campo. Tal y como su propio nombre indica, se asemeja bastante al maullido de un gato.

 

Guteo. Es el sonido propio que emiten al comer (gu-gu, gu-gu...). Para las perdices del campo es muy tranquilizador y se suelen acercar sin ningún recelo al oírlo.

 

Titeo o cañamoneo. Es éste un canto que sólo emplean los reclamos sobresalientes, y aun éstos lo utilizan en muy contadas ocasiones. Su efecto sobre las hembras es demoledor, acudiendo a la jaula e ignorando completamente a su macho. Siempre he creído que sólo se utilizaba para atraer a la hembra, pero para sorpresa mía, hace algún tiempo se lo he visto emplear a uno de mis reclamos para meter a un macho en la plaza. Suena como un “ti-ti-ti-ti...” apenas perceptible y siempre con la cabeza entre las patas, sin apenas moverse.

 

Regaño. Viene a ser como un graznido. Lo utilizan para hacer callar a los contrincantes o a las hembras muy cantarinas pero poco andarinas.

 

Aguileo. Es el sonido típico que emiten ante la presencia de cualquier amenaza. Su efecto es instantáneo y todas las perdices hasta las que llegue su eco se callarán y aplastarán contra el suelo de forma inmediata. Empleado en ciertas ocasiones seguido de un cuchicheo suave, es tremendamente efectivo para ‘desatrancar’ al  “campo’ excesivamente desconfiado.

 

Rajeo. También conocido como ajeo. Es, a mi juicio, el sonido más desagradable que emite la perdiz. Viene a ser como un “aj-aj-aj...” muy insistente y exasperante. Denota enfado y malestar.

 

Picheo. Es el típico sonido que emiten las perdices cuando son espantadas bruscamente y salen volando. Personalmente no he visto ni oído nunca a ningún reclamo emplear este recurso.

 

Silencio. No, no estoy loco ni nada parecido. No me refiero aquí a la ausencia total de ‘música’ de la que hacen gala no pocos reclamos (por llamarles de alguna manera), ni tampoco a su empleo contumaz y exasperante en algunos ‘medias cucharas’. En ambos casos nos proporcionan las más sonadas ‘culás’, de las que esta modalidad de caza está llena. Hablo de esas pausas más o menos largas -según aconseje el caso- y que están sólo en el repertorio de los reclamos muy buenos y, por supuesto, de los sobresalientes. Es un recurso tremendamente efectivo con el ‘campo’ desconfiado o poco valeroso, pues le da la oportunidad de creerse más fuerte que el ‘dubitativo’ reclamo que lo emplea; hace que nuestro pájaro parezca más dialogante y menos belicoso ante las campesinas.   

 

No es el recibo, desde mi punto de vista, un canto de la perdiz propiamente dicho, aunque muchos así lo consideran cuando se refieren a él como el cuchicheo en un tono muy bajo; más bien creo que es una actitud, ya que he visto en múltiples ocasiones a diversos pájaros recibir con cánticos diferentes unos de otros, y aun al mismo ejemplar emplear un canto u otro según la necesidad. He visto, efectivamente, recibir con el cuchicheo bajo, que es lo más normal, pero también de embuchada y en ocasiones de titeo; incluso es posible que el recibo se realice únicamente de ‘pluma’, es decir, sin canto, empleando tan sólo la expresión corporal (ahuecando las plumas, arrastrando el ala, haciendo la rueda...).

 

Tampoco considero un canto el entierro (responso, quedarse al humo o no cortar el tiro), pues en realidad es la continuación del ‘recibo’ inmediatamente después de sonar el disparo. Incluso hay pájaros que no paran de cantar: están recibiendo bajo, suena el tiro y suben el tono del canto que traían.

 

(Texto: Santos Romojaro / Fotos: A. A.-Á.)