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El primero fue abatido el lunes, y el segundo, el domingo

Cazados dos magníficos corzos en peluca, ¡en el mismo sitio, en la misma semana!

Los corzos en peluca se han convertido en un objeto de deseo para muchos cazadores. Sin embargo, los hay que a pesar de llevar unas cuantas décadas tras los Capreolus, jamás han tenido oportunidad de hacerse con un trofeo de estas características.
Corzos_Peluca_Carlos_Junio_G Corzos en peluca cazados en junio por Carlos Blanco en la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas.

En una entrevista a Laureano de Las Cuevas, miembro de la Junta Directiva de la Asociación del Corzo Español (ACE), publicada en esta web y realizada por nuestra compañera Lucía Rubio, a la pregunta sobre los corzos en peluca y al gran atractivo que representan últimamente para bastantes corceros, éste respondía que “pese a la vistosidad y aparatosidad que ofrece un corzo peluca, es una simple cuestión de hormonas. La peluca del corzo se debe a una falta de testosterona en el momento de la formación de la cuerna, que evita su osificación y la detención de su crecimiento. Por ello la peluca sigue creciendo, aumentando su peso y volumen, llegando a matar a su poseedor, pues llega a cegarle y le imposibilita su alimentación”.

 

Pero esta explicación, tan clara como acertada, no impide que numerosos cazadores de nuestro país se sientan profundamente atraídos por unos trofeos tan singulares, atípicos y raros como los corzos en peluca.

 

Ahora bien, como puede suponerse, no hay ‘pelucas’ por todos lados ni para todos los amantes de los corzos con rarezas en sus cuernas, lo que hace extremadamente complicado abatir un macho de estas características, hasta el punto de que la mayoría de cazadores de esta especie, muchos de ellos con algunas décadas de pasión corcera a sus espaldas por toda nuestra geografía y también fuera de ella, no han tenido oportunidad de ver en el monte -menos aún de cazar- un corzo en peluca.

 

Carlos Blanco tras hacerse con su quinto corzo en peluca, el cuarto en Las Batuecas.

Carlos Blanco tras hacerse con su quinto corzo en peluca, el cuarto en Las Batuecas.

 

Lo anterior convierte casi en extraordinario el abate de un ‘peluca’, y no digamos dos por parte del mismo cazador, o tres, como en el caso de nuestro amigo Carlos Blanco hasta hace una semana, ya que en los últimos siete días, concretamente el lunes pasado (17 de junio) y ayer (23 de junio), ha sumado dos corzos en peluca a su colección, convirtiéndose en uno de los poquísimos, o más bien el único cazador español con cinco de estos animales cobrados en nuestro país.

 

Cazadero, celador y enclave fetiches

 

Ya informamos aquí que el pasado mes de octubre, este cazador abulense cazó un sensacional ‘peluca’, y también a finales de mayo, Blanco volvía a hacerse con otro corzo cuya cuerna mostraba esta anomalía. Pues bien, ambos ejemplares fueron abatidos en la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas (Salamanca), con Ignacio Martín como guarda de estos recechos.

 

Y lo mismo ha ocurrido con los ‘pelucas’ cobrados por Carlos la semana pasada, en Las Batuecas, en compañía de Ignacio y en la misma zona donde fueron cazados los anteriores (“en menos de un kilómetro los cuatro animales”, señala el cazador).

 

El lunes, por la tarde

 

Como hemos señalado en anteriores ocasiones, además de por machos monteses, venados y perdices, Carlos Blanco siente verdadera devoción por los corzos, a los cuales dedica no pocas salidas en diferentes cotos y Reservas de Castilla y León.

 

El lunes 17 de junio se encontraba en la Reserva de Las Batuecas con uno de los permisos adquiridos en la web subastasdecaza.com, de rececho por la tarde junto a Ignacio, que había localizado otro corzo en peluca en la misma zona de los dos anteriores. Sin embargo, este macho no le era ajeno al guarda, pues tanto él como Belén ya lo habían visto en 2017 y en 2018, comprobando cómo su ‘peluca’ ha ido creciendo progresivamente.

 

Ignacio Martín posa con el corzo en peluca cazado el lunes por la tarde.

Ignacio Martín posa con el corzo en peluca cazado el lunes por la tarde.

 

No obstante, esta temporada Ignacio no lo había visto hasta poco antes de acudir Carlos Blanco a cazar en junio. Se encontraba en un enclave de altos brezos en ladera, con una pista forestal en la parte de arriba y un cortafuegos abajo. Tras haberlo estado esperando en un lugar desde el que se dominaba bien la salida al cortadero, guarda y cazador, ante su no aparición abajo y la mengua de luz, empezaron a retornar al coche ganando la pista.

 

Y fue en la misma, como nos comenta Carlos, que descubrieron un animal comiendo. Ignacio rápido advirtió que era un macho, no el que buscaban pero sí otro ‘peluca’ de seis puntas, como un corzo sin descorrear en marzo o abril. Valorada la conveniencia del abate, el cazador tardó poco en dejar en el sitio a este ejemplar que se encontraba a cien metros de distancia y que, además de su atípica cuerna, poseía dos minúsculos testículos.

 

Carlos Blanco, sonriente junto al corzo abatido la tarde anterior.

Carlos Blanco, sonriente junto al corzo abatido la tarde anterior.

 

No era “Peluquín”, como así habían bautizado al corzo que perseguían en aquella ocasión, si bien aquello no supuso ningún problema -todo lo contrario- había cuenta del cobro de este espectacular ‘peluca’ en el mismo sitio y la esperanza de cazar en breve el otro, para lo cual Carlos hubo de hacerse con un nuevo permiso de caza en la subasta online

 

El domingo, de mañana

 

Al amanecer del 23 de junio, Ignacio y Carlos volvían a encontrarse en el mismo paraje de la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas, en la pista forestal desde la que se dominaba el brezal y el cortafuegos de abajo. Esta vez no fue el celador y sí el cazador quien vio primero el corzo en el cortadero, y a pesar de los 600 metros que les separaban y que la visibilidad todavía no era mucha, supo y así se lo hizo saber a su compañero que aquél era “Peluquín”.

 

La pointer "Turca", junto a "Peluquín".

La pointer "Turca", junto a "Peluquín".

 

Había que ganarle bastante terreno bajando entre los brezos y buscar un lugar desde el que realizar un buen tiro, tarea a la que se aplicaron sin dilación nuestros dos protagonistas, los cuales contaron con la ayuda del corzo, que fue recorriendo el cortafuegos en su dirección, camino, probablemente, de una fuente con gran cobertura de helechos situada en las inmediaciones.

 

Llegados a un punto que suponía una distancia de tiro de 200 metros, y contando con la ayuda de un pino caído que optimizaba el apoyo, Ignacio ratificó que se trataba de “Peluquín” y apremió a Carlos para que disparase, pues quizá debido a los ruidos producidos en la bajada por ambos, el animal daba muestras de inquietud y podía desvanecerse entre los brezos con prontitud.

 

No se equivocó mucho el guarda en su predicción, ya que cuando Blanco estaba a punto de mandarle el proyectil RWS Speed Tip Professional Hunting de 150 grains, “Peluquín” emprendió una carrera por el cortafuegos. Pero Carlos estaba decidido a que éste se convirtiese en su quinto corzo en peluca cazado, así que muy seguro de sus posibilidades y confiando en sus grandes dotes de cazador y tirador, siguió la carrera del macho por el cortafuegos y adelantó lo suficiente como para que la bala, aunque algo trasera, impactase en el cuerpo del ‘peluca’.

 

El quinto corzo en peluca de Carlos Blanco, en el incomparable marco de la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas.

El quinto corzo en peluca de Carlos Blanco, en el incomparable marco de la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas.

 

Ignacio no estaba seguro de que lo hubiese tocado, pero una vez en el lugar del tiro, encontraron abundante sangre y trozos de hueso antes de la entrada del bicho en el también espeso y alto brezal por debajo del cortadero. En vista de que tocaba pistear, fueron a Monsagro en busca de las perras de Ignacio, dos pointers de nombre “Turca” y “Lola”, siendo la primera la encargada de seguir el rastro, pues la segunda es una perra muy veterana con la que el guarda, además de alegrías en la caza menor, ha cobrado muchas reses heridas en la Reserva.   

 

Apenas tardó “Turca” en dar con “Peluquín”, que se había internado unos cuarenta metros ladera abajo y al que hubo que rematar allí. Además de los dos cuernos en correal, cada uno con dos puntas, por delante de los mismos, sin llegar a los ojos, se descuelga una gran masa con múltiples protuberancias. Y en cuanto a los testículos, el cazador nos comenta tras su inspección que eran minúsculos y de color blanco, dando la apariencia de no tener riego sanguíneo ni vida.

 

Los testículos de "Peluquín" eran pequeños y de color blanco, dando la apariencia de no tener riego sanguíneo ni vida.

Los testículos de "Peluquín" eran pequeños y de color blanco, dando la apariencia de no tener riego sanguíneo ni vida.

A continuación vino la dura tarea de sacarlo del brezal en el que se había internado, lo que les llevó a Carlos e Ignacio sobre una hora, con los consiguientes arañazos y puntazos recibidos al romper monte cargando la pieza.

 

Sin embargo, mereció y mucho la pena para uno y otro, cada uno en su papel, pues han vuelto a superarse y a establecer un hito al abatir prácticamente en el mismo sitio dos corzos en peluca en una semana, motivo por el que, una vez más, volvemos a felicitarlos, así como a Belén, y también a la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas, que últimamente no para de generar noticias en forma de trofeos extraordinarios y singulares.     

 

(Texto: José María García Medina / Fotos: Ignacio Martín y Carlos Blanco)