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La historia (no tan lejana) de los lobos, la trashumancia y los mastines

Recuerdo que en mi infancia, después de comenzada la primavera, transitaban los merineros con sus ovejas merinas por el cordel de la Mesta, que venía de Abia de las Torres (Palencia) y pasaba por la linde del campo de Fuente Andrino con el de Villaherreros.

Recuerdo que el ancho camino de entonces se convertía en un prado de guadaña poco antes de que pasara el primer rebaño de merinas. Cuando venían los rebaños, cada familia nos poníamos con un palo en la linde de nuestras tierras para que no entraran en ellas las merinas. A veces recibíamos una bronca del rabadán por arrimar demasiado la reja del arado al camino, pero agachábamos la cabeza y la cosa no pasaba a mayores, pues tanto él como nosotros sabía lo que valía un puñado de trigo para nuestras maltrechas economías.

Cierro los ojos y aún puedo ver los rebaños con los pastores al frente y alguno que otro en los flancos y en la cola del rebaño. Al rebaño le seguían yeguas de vientre, además de burros y mulos con sus utensilios: sartenes, ollas, hatos y un montón de cachivaches que uno se imaginaba como si de un pueblo plegable se tratara. Desde entonces siento una especial devoción por esos careas que a lo largo de mi vida he ido observando, y que yo diría que tienen más pastor-2 inteligencia que muchos humanos.

Pero lo que a nosotros nos interesa son los mastines. De aquella iban a los flancos, por delante y por detrás de los rebaños. Imponían con sus carlancas y llamaban la atención por no hacer ni caso de los careas. Iban lentamente caminando al lado de las merinas, pero a pesar de su aparente mansedumbre, todos sabíamos que cuando se acercaba un perro mastín había que poner pies en polvorosa. Ni el más joven del lugar se interponía jamás entre el mastín y el rebaño.

Es cierto que la cultura popular la han machacado y la siguen machacando  sistemáticamente por intereses inconfesables. Es cierto también que todavía hoy se sigue ridiculizando la cultura popular y mucho más a los pastores. Pero no es menos cierto que por la seguridad de los usuarios de los montes, algo se tenía que resucitar. Todo el campo no es un parque de la ciudad (llámese natural, regional o como quiera el demonio, que no Dios). Es más, todo el monte no es un LIC, ni una ZEPA, ni han metido los hocicos so pretexto de la Red Natura 2000.

Otro día les conpastor-1taré cómo desde que salían los merineros (también se les denominaba meriteros) de los extremos (Extremadura) les seguían los lobos a una distancia prudencial, y algunos se quedaban a vivir entre nosotros si los trigales y los majuelos les daban el cobijo debido. La comitiva de esa compaña lobuna jamás dejaba de visitar los muladares de los pueblos de los alrededores, parecía que se los sabían todos (los olían).  Recuerdo que un memo muy en boga en esto del lobo me discutió un día que yo no podía haber visto lobos en Tierra de Campos. Esa mente privilegiada y otras por el estilo son las que aconsejan y hacen planes directores sobre el lobo, y yo me acuerdo, como suele decirse, de la santa madre que los parió a todos.