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Del lobo al jabalí

No se crean ustedes que he terminado de escribir todo lo que llevo en las alforjas sobre el lobo y su caza, ni mucho menos. Tal vez me haya ladeado involuntariamente hacia el pastoreo, postergando lo puramente cinegético, pero aún no he escrito de esas preciosas obras arquitectónicas rurales que existen en todo el norte peninsular desde el Neolítico.

No les he escrito, por miedo al furtivaje, de cómo esos comederos de buitres perfectamente instrumentados con las medidas sanitarias que exige Europa se convierten, sistemáticamente, en comederos de jabalíes, osos, zorros y lobos. Así que los pobres buitres se quedan sin pitanza y tienen que comerse los animales no estabulados de donde pillen. Claro, tratándose de carne y despojos veterinariamente examinados, el secreto para que no se lo zampen los osos, lobos y jabalíes, entre otros, radica en depositarlo cada vez en una parte diferente, pero eso con la ley en la mano es imposible.

Y claro, si aun así el lobo ataca al ganado extensivo ¿qué no haría si todavía le aprieta más el hambre? Desde luego, hoy por hoy no hay suficiente carne como para alimentar a buitres, lobos, jabalíes, osos, zorros y otras especies animales. Si me apuran, les diré que hasta la liebre es carroñera. Y el hombre también come carne muerta, ¿o no?

Me duele denunciar a la buena gente que con la mejor de las intenciones dejan la puerta abierta para que entren a comer otros animales en los muladares. Lo hacen con la mejor intención, sí, pero eso propicia que la cabaña de corzos y de jabalíes crezca de forma ingobernable, y sepan que los jabalíes y los lobos no sólo van de noche a por su pitanza. Sé de alguesperas-cochinerasnos sitios que cuando oyen el ruido de la camioneta, cesperas-cochinerasorren detrás de ella como posesos. Hay muchas maneras de querer a los animales y absolutamente todas son respetables; quizás la de los cazadores sea la más difícil de explicar a quienes no lo son, pero yo ya paso de esforzarme.

Tampoco les he escrito sobre la mitología del lobo, un tema que me apasiona desde antaño. Tantas cosas he dejado en la cuneta que me da vergüenza mentarlas. He huido de estudios oficiales, si bien al principio los utilicé para callar la boca de algún indocumentado que se cree que por tener cuatro papelajos tiene a Dios cogido por las patas, cuando no es así. Esos estudios los tenemos todos y gracias a Dios, yo soy un privilegiado desde hace más de 40 años.

Las esperas cochineras

Me enrollo y me emociono escribiendo sobre los temas que de verdad me gustan. Pero no por ello voy a dejarles de escribir sobre las esperas nocturnas al jabalí por daños a la agricultura. Algunos dicen que es un eufemismo para tirar a parado. Lo dicen quienes desconocen una modalidad sumamente difícil, en la que el número de capturas no es elevado y donde los agricultores saben que haciendo los cazadores de ‘espantapájaros’ no les hacen daños.

Tanto a los agricultores como a los ganaderos no les gusta que les hagan daños las especies silvestres, aun cuando se las paguen en proporción de un ciento por uno. Yo he visto sudar a los agricultores a la hora de rellenar un impreso. A mí me han querido regalar un cordero por cumplimentar los partes de altas y bajas de un rebaño. ¡Lo que es legislar sin conocer al campo y a los campesinos! No son tontos, no. Saben que siempre que han escrito jamás fue para nada bueno. Y tan acostumbrados están a que les engañen, que no firman ni en los funerales.

Bueno, comienzo hoy mismo con las esperas nocturnas al jabalí por daños. A fecha de hoy ya llevo cuatro esperas y una suspendida por lluvias torrenciales. Pocas, pero estoy en ello. He visto varias piaras de diferentes tamaños acompañados con unas madres que no se pueden tirar por imperativo legal y porque ningún cazador las tiraría. Pero a veces dan ganas de darlas un paletazo. ¡Qué miradas y bufidos más aviesos dan las condenadas! A mí, que se me han tirado, me dan mucho miedo.