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Cosas de torcaces

Cualquiera que transite por Madrid,  habrá visto palomas torcaces a montones en cualquier lugar y eso que estoy seguro de que las darán caña como lo hacen con las demás. En Madrid,  yo las he dado pan en la calle O'Donnell en la acera del Hotel Convención frente a la antigua Maternidad, que ahora no sé lo que será. Es más, en las acacias de la citada calle he visto nidos que casi podía cogerlos con la mano, pero no es de recibo que vean a un provinciano de mi edad trepando por las famélicas acacias de tan distinguida calle. Ahora no me hacen falta pichones de torcaz para la horgadera u orguera, pues no pongo la chabola con cimbeles porque en el País Vasco sólo se quedan a  la vuelta de la invernada (contrapasa).

Pichones-de-torcaz_0_0A primeros de agosto fui a Menorca y vi tantas torcaces como en Mallorca o más. Luego vine a Saldaña (Palencia) y un día me acerqué a la capital a enterarme bien de los lugares de la pesca del cangrejo señal “americano y con afanomicosis igual que el rojo” y aparqué mi coche nuevo en la calle Casado del Alisal, casi enfrente de donde tiene su delegación Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme mi coche nuevo adornado con unas respetables cagadas. Mire para arriba y había un torcazón dando sombra a dos pichonazos más grandes que la madre.

Hacía un calor de espanto.  Me cabreé por no llevar la cámara. Paseé, para enfado de mi mujer,  por la citada calle y encontré cinco nidos más con pichones y sin pichones. Los de Palencia son arbolones altos a diferencia de las endebles acacias de Madrid. ¡Torcaces en Palencia capital! ¡Si no lo veo no lo creo! Bueno, aun cuando me salga de contexto, les diré que en la zona de Saldaña (Palencia) cuando engancho un bando picado a los maizales, abato más con tres tiros que en mi puesto palomero de pasa en Montoria (Álava) durante tres años. Pero la pasa tiene su encanto.

Una vez en Toro (Zamora), no hará ni cinco años, cobré 16 torcaces de tres tiros en un maizal, que se dice pronto y bien. Son casi un saco de torcaces. Me costó acercarme, pero tuve la suerte de que me las echara encima un avaricioso que entró de frente al bando. Las que cayeron fulminadas me las cobró el perro que llevaba para cobrarme los patos en el Duero (un setter). Pero eso de cobrar palomas heridas en los maizales tiene su dificultad, pues medio volando o andando avanzan que es un primor y se esconden como un pollo de perdiz cansado. Y claro, no desprenden la nube olfativa de la otra caza que dirían los aprendices de “magos caninos”.