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La cigüeña es una enemiga declarada de la caza

La cigüeña en España ha crecido en poco tiempo de forma espectacular, tanto es así, que en los ecosistemas actuales no encuentran comida y se llevan por delante todos los nidos con huevos o con pájaros y hasta no hace ascos de los gazapos de liebres o de conejos. Pero en esta ocasión, vamos a observarla bajo un prisma rural de antaño para terminar diciendo lo que hace hogaño.

Mi desprecio a los incultos y malandrines de hogaño

No espero aplausos ni votos de esos carismáticos defensores de lo que desconocen. De sujetos tales, no espero otra cosa que lo que me hacen. Pero he de decirles a ustedes, mis queridos lectores, que por esos mendrugos todavía hay quien no se cree que los buitres se zampan al ganado antes de morir (toma, como nosotros, los humanos). Es más, yo creo que hasta ellos ignoran que ese gatito, no sé si de angora, momentos después de estar ronroneando en el regazo de una gran señora,  sale a cazar al campo y no le mete mano a cazar ni Ismael Tragacete. Es más, yo les he visto por los tejados dando vueltas a las tejas para zamparse las crías de los gorriones. Sólo les faltaba volar. ¡La madre que les pario! A mí me pillan con el perro por el campo y multa que te crío, pero al gatito de marras, no le atizan ni una pedrada en el lomo para que vaya a zamparse los ratones de su casa.

Con todo el amor del mundo a los niños y niñas de antaño 

Jamás vi a un niño de pueblo molestar a las cigüeñas. ESO, NUNCA. Santo Dios. Me viene a la mente mi pueblecito castellano… donde un sujeto (cuya vida Dios confundió) estaba trajinando en la huerta y como hacía calor, se había quitado uno de aquellos chalecos donde se albergaba en uno de sus bolsillos el reloj de cuerda enganchado al ojal con una cadena jalonada con dos o tres escudos de plata. El señor era mayor y mal bicho de nacencia. Un revirado. Cuando más callados estábamos los niños en la escuela para que no se despertara el maestro y nos preguntara la lección, vimos al viejo corriendo y jurando debajo de la cigüeña que le había apañado el chaleco con su reloj para un mayor lucimiento de su nido. Las cigüeñas atropan todo lo que ven para su nido. Lo mismo les da que sean palos, sacos, talegas, tablas, ramas. Todo es bueno para su nido. Nido que si se le deja varios años sin quitarle palos, bien puede alcanzar una tonelada de peso. Cómo se lo digo.  Son bárbaras. El tío Marcos reclamaba al cura que  le devolviera el chaleco con su “peluco” y todo. Cosa a la que no accedió el consejo del pueblo, pues la limpieza del nido y el arreglo de sus posibles desperfectos, era cosa que se hacía en huebra después de meter la paja de la era y de sacar el abono del corral. Eso era a primeros de octubre. Luego, el tío Marcos, denunció al pueblo porque el “peluco de la marca Roskopf” no le funcionaba y encima estaba defecado… por las cigüeñas, claro (no va a ser por el alcalde pedáneo). Cosas del Tío Marcos. 

Todavía recuerdo, con nostalgia, cuando allá por San Blas no venía puntual la cigüeña,  la cantidad de refranes negativos que se pronunciaban. Recuerdo, que siempre oí contar, y hoy ya he podido comprobarlo, que la cigüeña es monógama de por vida. Si se moría una, al año siguiente estaba puntualmente la otra ocupando el nido y no dejaba acercarse a ninguna otra. ESO SE DENOMINABA: UNA CIGÜEÑA VIUDA. Todavía conservo unas actas de cuando mi abuelo materno (Martín Ruíz) fue alcalde de Fuente Andrino (Palencia). Llevaba tres años que venía una cigüeña viuda (es difícil distinguir el sexo desde tierra). Como eso no podía permitirse, mandó al sacristán que la atizara un perdigonazo y el bueno del sacristán, así lo hizo y hasta la degustó y todo. Cual no sería la sorpresa de mi abuelo, cuando otro vecino felón le denunció y al día siguiente tuvo que dar explicaciones mil a la Guardia Civil. El asunto se resolvió por las buenas y ese mismo año se aquerenció una pareja nueva. Qué cosas. Recuerdo que se les ponía un cesto recortado de esos de vendimiar con sarmientos alrededor y su acomodo de paja dentro del cesto. Vamos, qué se lo dejábamos hecho. 

cigue__asblogEl nido de las cigüeñas siempre estaba ubicado en la torre de las iglesias para disgusto del sacristán y del párroco, pues no les hacían un soporte elevado y los palos y matos del nido hacían goteras en el campanario. Goteras que había que arreglar en huebra, a costa del párroco o del sacristán, dependiendo siempre de los usos y costumbres del lugar. Tradiciones que de forma escrita u oral se vinieron transmitiendo desde los tristemente fenecidos CONCEJOS ABIERTOS. En algunos pueblos,  el tercer cigoñino se le denominaba el del SACRISTÁN. Pues cuando no podían cebarlo sus padres por no tener con qué, tiraban del nido al más escuálido y ese era para el sacristán en pago de sus desvelos, quien muy puntualmente lo recogía para proceder en consecuencia. Recuerdo,  con más cariño que estupor, como hará unos 30 años o así, aquí, en Álava, cierto grupo ecologista hacía un inventario de las cigüeñas que nidificaban en la provincia. Me parece que no llegaban a la decena y echaban la culpa de ello a los párrocos (pobres párrocos), entonces ya en franco declive, mientras que las cigüeñas iban en aumento a juzgar por las muchas que yo veía cuando me desplazaba a Extremadura. Y les dije que las veía avanzar cada año y que llegarían a la Llanada Alavesa, pero no me hicieron caso. Y llegaron, si bien es cierto, que no se han aventurado mucho más allá en tierras poco abiertas ausentes de agricultura o ganadería. Lo de ellas es el campo llano y la Iglesia alta. Viven en tremendas colonias unas veces dispuestas por el hombre y otras de “multo propio”. La cigüeña, antaño, era observada por todo el pueblo y uno contaba que la había visto llevar una cachaba para hacer el nido, otro que le estaba dejando sin sarmientos al Tío Evaristo. Otro que la había visto copular en lo alto de la torre. Los diez o doce días que tardaban en hacer el nido era un verdadero espectáculo verlas laborar sin descanso. Para últimos de febrero, casi siempre solían tener huevos.  Pero lo que era y es digno de admirar, son esos  protocolos de recibimiento machacando el ajo y retorciendo el cuello. No es lo mismo centrar toda la observación en una pareja que en una colonia, si bien es cierto que ambas cosas tienen su encanto, pues son unas verdaderas ladronas y se quitan los palos las unas a las otras. Parece que se van a pelear, pero como la que llega no sabe quien ha sido, la emprende con la que tiene al lado.

La cigüeña en la actualidad

No corre absolutamente ningún peligro, tanto es así, que está dando origen a verdaderas quejas de quienes tienen que sufrirlas en vez de deleitarse con ellas. Los cazadores tenemos, en SU SOBREDIMENSIÓN, a unos verdaderos enemigos.