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Los avariciosos de la caza de la codorniz

Tras muchos años acostumbrados a pírricas capturas en media veda, hemos bajado el listón hasta considerar que una docena diaria de codornices es una buena percha, cifra que para sí la quisieran muchos cazadores el primer día; y esa docena de codornices se ve multiplicada por cuatro a pocos corros que se encuentren, suerte esta que no se debe de extrapolar.

Sin embargo, esa docena de coturnas segirasoles queda chica para quienes se meten en maizales, girasoles, alfalfas, remolachas, patatas y demás refugios donde se guarecen y gustan de estar las codornices después de haber comido y bebido. Aquí se mete algunos sinvergüenzas a cazarlas a la hora de la comida o de la siesta, que es cuando no se deben de cazar, y lo hacen a esas horas para que no les vea nadie y luego puedan presumir en la taberna del lugar de lo buenos cazadores que son. A lo cobarde y vil de la acción se une el eco del que se hacen los que –y no entiendo por qué intereses- pregonan que uno en tal lugar abatió las tantas y las cuantas sin preguntar cómo y por qué. ¡Pero hombre, si allí estuve yo y no oí más que quejas y quebrantos! Luego, para más inri, los ecos de sus hazañas llegan a donde los debieran de tamizar, así que al día siguiente de la apertura tengamos a los medios de comunicación generalistas dando fe de la buena caza que se está dando en un determinado lugar. ¡Mentira!

Luego, hay seres tan miserables e insolidarios que, para destacar por algo en esta vida, están de principio a fin del día cazando y con perros de refresco para poder presumir de la pírrica miseria que es “atrapar” (qué no cazar) más codornices que los demás. Pobres diablos y necios quienes de sus capturas se hacen eco. Estos miserables de las grandes perchas cazan a la hora de la siesta, metiéndose en los frutos para redondear y engrosar la percha. Son oportunistas que la hacen a la “chita callando”, conculcando la legalidad, como es ir ellos por fuera de los sembrados y los perros cazando por dentro.

Esos avariciosos que van cazando en mano precedidos de una jauría de perros arrasan y por regla general cuentan la suma de las “atrapadas” por todos los componentes como si del logro de uno sólo se tratara. El logro del que lo cuenta, y luego nunca falta un tonto que lo publica.

Existen corros querenciosos y bien cuidados donde hay codornices a tutiplén, es cierto, pero aquí me estoy refiriendo a la generalidad del pequeño grupúsculo que ensucia al colectivo de cazadores con su manera de proceder.

Ojo, que también hay buenos cazadores con buenos perros que cazan más que los demás y logran perchas fuera de lo normal; pero suelen ser lugareños con muchas facultades y conocedores de donde estaban las codornices el día anterior, aun cuando eso de perrear se está poniendo muy mal por culpa de cuatro que lo hacen sin cesar.

(Foto: Alberto Aníbal-Álvarez)