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Y ahora, presión y negociación en defensa de la caza

Concentración de cazadores del pasado 15 de abril de 2018.

Hay que unirse, ya que eso nos dará fuerza, los cazadores y todos los que realizan su actividad en el mundo rural en defensa de nuestros legítimos intereses.

Son muchos los problemas que hay que afrontar, debemos salir a la palestra ante los ataques y la incomprensión de una sociedad fuertemente marcada por la influencia pseudo ecologista, esos animalistas radicales que, en connivencia con algunos partidos políticos, están decididos a acabar con la caza.

Pero la actividad cinegética, y con ella los que la practicamos, goza de buena salud y así lo ha demostrado el 15-A, con la respuesta a la convocatoria de la RFEC y de las federaciones autonómicas, y lo mostraremos más claramente en la gran manifestación que está prevista celebrar en 2019, cuando las elecciones locales y autonómicas estén ya en el horizonte.

Imagen correspondiente a la concentración del 15-A en Logroño.

También lo ha demostrado la presentación del estudio ‘Impacto Económico y Social de la Caza en España’, elaborado por la consultora Deloitte para la Fundación Artemisan, que desvela que la caza genera en España 6.475 millones de euros (de forma directa, indirecta e inducida), el 0,3 por ciento el PIB, y emplea a 187.000 personas.

Es practicada por cerca de 800.000 personas, y de ellas 334.000 tienen licencia federativa. Hay un gasto directo de la actividad cinegética de más de 5.470 millones de euros, 3.683 millones de euros corresponden al gasto de los cazadores, 877 millones a los titulares de cotos, 781 millones a los organizadores de cacerías, 44,7 millones a la carne de caza... El 87% del territorio español está declarado como de aprovechamiento cinegético, lo que suponen 43,8 millones de hectáreas repartidas en 32.817 cotos.


Números apabullantes, que de alguna forma deberían servir para que la sociedad se dé cuenta, aunque no sea lo más importante, de la repercusión económica tan brutal que tiene la caza en nuestro país.

Y digo que no es lo más importante ya que pongo por encima de ella dos acciones que realizan los cazadores: el control de las poblaciones para paliar sus efectos en los cultivos, en los accidentes de carreteras, en la difusión de las enfermedades… y la conservación de los espacios naturales y de las diversas especies que en ellos encuentran acomodo gracias a la gestión que venimos realizando en esos territorios.

Hay que estar dispuestos a seguir defendiendo la actividad cinegética en todos los foros, en todos los terrenos. Pero para ello también debemos saber negociar, presionar a los partidos mayoritarios para lograr su apoyo, ya que el panorama electoral está muy abierto en los próximos tiempos y los cazadores debemos dar nuestro respaldo a aquéllos que antes nos lo hayan dado a nosotros o por los menos están dispuestos a hacerlo si llegan al poder. En esa dinámica, demostración de nuestra verdadera fuerza en la sociedad y negociación con nuestros representantes políticos, es por donde debemos ir en el futuro si queremos que la actividad cinegética, tal y como la conocemos, tal y como la venimos practicando decenas de años, se mantenga así de cara al futuro.