Pasar al contenido principal

Ni un voto a los que quieren joder la caza

Durante una jornada de caza menor en Albacete.

El 2 de diciembre se celebran las elecciones autonómicas en Andalucía y ya en 2019, concretamente el 26 de mayo, coincidiendo con las del Parlamento Europeo, tendrán lugar las citas electorales municipales en todo el país y las de buena parte de las comunidades autónomas.

 

Son éstas, por tanto, unas magníficas oportunidades para poner de manifiesto la fuerza y cohesión del colectivo cinegético -y por extensión del mundo rural- y demostrar aquello tan manido y tan pocas veces llevado a la práctica de que “la caza también vota”, sobre todo cuando en los últimos años, con el ascenso y calado del animalismo en nuestro país y la radicalización de los ecologistas, la caza está siendo vilipendiada casi a diario y puesta en entredicho su continuidad futura.

 

La gran manifestación de principios del próximo año en Madrid es una buena medida de presión para que se visualice el enfado monumental de todos aquellos sectores cuyas actividades se desarrollan en el medio rural español, la mayoría de las cuales, cuando no perseguidas de forma encubierta, han sido desatendidas de manera sistemática por políticos a escala nacional, autonómica, provincial y hasta local, políticos irresponsables y cortoplacistas que incumplen su deber de servicio público y están más pendientes de no cabrear a los radicales que de tomar medidas por el bien del campo y sus millones de habitantes.

 

Ha llegado, pues, el momento de exigir y de presionar a la clase política para lograr un posicionamiento claro y rotundo a favor de la caza, como se está haciendo en Andalucía, a fin de tener claro qué formaciones políticas están por la labor de arrimar el hombro y apoyar a los cazadores, sin importar las consecuencias que esto les pueda acarrear del frente vegano-animalista; cuáles intentan contentar a todos, aun a sabiendas de que la actividad cinegética perderá la partida en un momento u otro frente a los nuevos mesías medioambientales; y aquéllas que están abiertamente en contra de nuestra afición o modo de vida y propugnan su desaparición.

 

Tirando con una escopeta paralela.

 

Y así, con las cartas sobre la mesa tras haber tomado las riendas de un asunto capital con vistas a garantizar no un futuro mejor, sino un futuro a esta práctica tradicional que conserva espacios y especies, que dinamiza el mundo rural, que genera riqueza y empleo y que forma parte de nuestro legado cultural, cada cual hará con sus votos (en los comicios autonómicos, municipales y europeos) lo que mejor le parezca, pero sabiendo quiénes van defender nuestros derechos e intereses, como ciudadanos y cazadores, y quiénes van a pisotearlos sistemáticamente en aras de conseguir una futura prohibición de la actividad venatoria en España.

Personalmente lo tengo muy claro: ni un puto voto a los que quieren joder la caza.

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para facilitar y analizar la navegación de sus usuarios y proporcionarle una mejor experiencia en el uso del mismo. Si está de acuerdo siga navegando o pulse en ACEPTAR. Ver más detalles.