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Delibes: referente de periodistas, maestro de escritores y ejemplo para cazadores

Después del merecidísimo aluvión informativo de las últimas semanas, a nadie se le escapa que ya no está entre nosotros una de las figuras más representativas de la literatura española del Siglo XX. Miguel Delibes murió pocos días antes de que diera la cara esta primavera timorata, a la que le ha costado más de la cuenta desembarazarse de los influjos de un invierno que parecía no tener fin, un invierno como los de antes, para cazadores con oficio y perros que saben bien lo que toca en cada momento de la jornada cinegética.

Además de su pérdida, sentí enormemente que, a la llegada de la noticia del fallecimiento, el pasado número de esta revista ya estuviese en imprenta, pues hubiera deseado, siquiera de forma breve, rendir homenaje a uno de los grandes de nuestras letras, a ese cazador que escribía y que fue capaz, junto a otros insignes autores, de despertar en un servidor la devoción por la lectura. Pero Delibes, como buen periodista que fue, entenderá, allá donde quiera que esté, mi involuntaria desatención hacia su persona, motivada ésta por el cierre de la publicación para estar punGrande-aperturatual en quioscos. Por lo tanto, sirvan estas líneas, así como el reportaje que hemos preparado sobre los perros de caza a través de sus libros, para el cual uno de sus hijos, Juan Delibes, nos ha cedido amablemente unas bellas fotografías, como humilde tributo a este vallisoletano universal al que ya definí en otra ocasión como “referente de periodistas, maestro de escritores y ejemplo de cazadores”.

Y es que en estos tiempos de prisa, estrés y ansiedad; de pérdida de valores, falta de educación y enaltecimiento del mal gusto; de crisis económica, cultural y moral; de políticos vacíos, harto previsibles y algunos hasta corruptos; de mesías aupados a cualquier tribuna (informativa o de ocio) y en cualquier soporte de comunicación con el único objetivo de generar polémica faltando al respeto y haciendo prevalecer el lado más soez del ser humano...; saber que ya no contamos con la presencia física -que no literaria- de Miguel Delibes, se me antoja, cuando menos, desalentador. Porque Delibes, enemistado con los protagonismos efímeros y fútiles, hizo de la sencillez, honestidad, claridad y libertad un modo de vida que sirvió de guía para muchos de nosotros, al tiempo que ennoblecía como pocos nuestro idioma, a través de su estilo directo y sobrio, y alegraba las librerías con sus siempre esperadas novedades narrativas.

Hacer apología a estas alturas de la figura de este académico de la lengua española y del tesoro que encierran todos y cada uno de sus textos, todas y cada una de las entrevistas que ha concedido o todos y cada uno de los discursos que ha pronunciado, sinceramente, me parece que está de más. Su obra, prolija e imperecedera, está ahí, para deleite de generaciones presentes y futuras, para disfrute de todos los públicos, lectores cazadores incluidos, por supuesto.

Sólo me resta agradecer a este ilustre castellano, al que jamás conocí y con el que me hubiera encantado hablar de campo, de periodismo, de caza, de literatura, etc., la revelación que para mí supuso la lectura de sus ya inmortales obras, en algunas de las cuales me sentí muy identificado y que a buen seguro condicionaron muchas de mis decisiones vitales: primero, por haber vivido mi infancia y juventud en un pequeño pueblo; segundo, por haber orientado mis pasos profesionales hacia el periodismo; tercero, por haber escrito mi primer libro hace unos años; y cuarto, por haber sentido y sentir una emoción y pasión irrefrenables al patear el cazadero acompañado por mi perro. Descansa en paz, maestro.

(Carta del director publicada en Perros de Caza, nº232, mayo de 2010)