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Basta de dolor en tanatorios y hospitales por cazadores muertos y heridos

Cazador en un puesto de montería.

Son muchas las posibilidades de caza ahora, en mayor y menor. Sin embargo, quizá por eso, por la llegada masiva de los cazadores a los cotos españoles, sienta que mis palabras deban dirigirse no a lo mucho y bueno que tenemos por delante con independencia del tipo de caza que practiquemos, sino a la seguridad que debe presidir nuestras acciones en cada una de las fases de la acción venatoria, que arranca en nuestros hogares y finaliza en los mismos tras las jornadas de campo en solitario o en compañía de otros aficionados.

Caza de perdices y conejos a principios de temporada.

Aunque muchos hayan trotado de lo lindo tras los corzos, los conejos en verano y durante la media veda, o lleven batiéndose el cobre con los guarros en esperas nocturnas desde hace algunas lunas, o con los venados en la berrea..., lo cierto es que hay otros muchos, quizá muchísimos más, que, por las circunstancias que sean, no han gozado de las oportunidades de los anteriores y, como es lógico, están deseosos de vivencias, de sonidos, de lances, de olores, de tiros, de vistas, de abates, de cobros...

Por eso, con la temporada de monterías y batidas abierta en algunas autonomías y a punto de abrirse en el resto, con la temporada de caza menor cuyos desvedes se producirán en los próximos días o semanas, cualquier momento de tranquilidad que dispongamos sería adecuado para que reflexionásemos, todos los cazadores, sin excepción, sobre algo tan básico y a la vez importante como la seguridad en el ámbito de esta afición, que en las pocas fechas que llevamos de campaña cinegética 2018-19 ya contabiliza algunos desgraciados accidentes

Montería en una jornada de lluvia.

Ni mucho es un ejercicio mental sesudo. Únicamente se trata de aprovechar un rato de calma, un tiempo a solas con nosotros mismos, para analizar nuestros actos en los cazaderos e interiorizar que el deseo, más veces de lo debido convertido en ansia, no se puede traducir jamás en imprudencias que nos pongan en peligro o a terceros, que desemboquen en esos terribles accidentes de caza que acaban con aficionados heridos o muertos y ensombrecen el ánimo de un colectivo sobrado de preocupaciones como para tener que sumar una más al morral.

¡Nos ofrece tantas reválidas la caza a lo largo de una vida, nos resarce en tantas ocasiones esta maravillosa afición, es tan generosa esta práctica o actividad con los cazadores sensatos!, que no tiene sentido que en ciertas ocasiones la temeridad, el riesgo y el peligro se antepongan a la prudencia y a las más elementales normas de seguridad. De verdad, ningún venado, perdiz, jabalí o conejo merece la pena ni justifica el dolor de familiares y amigos en tanatorios y hospitales.

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