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Protestamos mucho pero…

Es curioso nuestro colectivo. Seguro que si preguntamos a cada uno de nosotros cuál es el problema de la caza, todos sacaremos a colación lo que nos pasa y cómo debemos arreglarlo, pero muy pocos nos preocupamos del principio, de la base, del origen de nuestra intensa problemática actual, que no es otra que la pésima imagen pública que tenemos.

Y siempre se dice que cada uno tiene lo que se merece. Porque, queramos o no, nos hemos instaurado en nuestros trece a la hora de decirle a la sociedad quiénes somos. Más bien nos hemos empeñado en no decir nada y que sea la sociedad la que venga a conocernos y comprendernos, y eso hoy en día no funciona. Seguimos empeñados en que, puesto que la razón y la Ley nos asisten, nada tenemos que hacer, siendo los demás los que tienen que esforzarse en conocernos y comprendernos.

Pues no, y a la vista está que nos equivocamos. A pesar de ser legión, nuestro colectivo es uno de los peores vistos por la sociedad. Esto además es aprovechado por grupos animalistas y anticaza, porque les facilitamos enormemente ser diana de sus protestas y la fuente de sus ingresos. Y nosotros nos dedicamos a hacerles el ‘caldo gordo’ con nuestra actitud y nuestra desidia.

Muchos, la mayoría de los cazadores, tienen una filosofía muy clara ante esta situación, ignorarla pensando que, como ellos (los enemigos) están equivocados, no hay que hacer nada. Mientras ellos (los enemigos) siguen socavando nuestra imagen con gran efectividad. Vamos a poner un ejemplo: ¿Se acuerdan de la gran manifestación que reunió en Madrid a más de doscientos mil cazadores y que colapsó la Castellana? ¿Recuerdan qué es lo que fue noticia para todos los medios de comunicación? Yo sí, fue la presencia en aquella manifestación de cinco militantes animalistas disfrazados que aparecieron unos segundos en la cabecera de la manifestación, justo, ¡oh, sorpresa!, cuando aparecía toda la prensa. Y podría dar muchísimos ejemplos, como los miles de manifestantes que reunimos en cada provincia en nuestras manifestaciones y que no tienen eco en la prensa, sin embargo, los animalistas y anticaza, con sólo cincuenta, sí, cincuenta manifestantes, salen en todas las cadenas de televisión. Y después de esto: ¿alguien piensa que estamos por el buen camino? ¿Alguien piensa que no tenemos que hacer nada? Pues perdónenme, creo que estamos totalmente equivocados.

Manifestación de cazadores del 1 de marzo de 2008 en Madrid.

Ya hace muchos años, y está publicado, abogué porque la federación destinara parte de sus fondos a unas campañas de imagen de la caza y del cazador, y hoy por hoy, pienso lo mismo, aunque ahora creo que ha de ser el colectivo el que se movilice en ese sentido creando sus propios instrumentos. Y no para convencer a los anticaza, no, sino para abrirle los ojos a la sociedad actual. Nadie va a venir a ayudarnos, nadie va a darnos ninguna razón y el tiempo corre en nuestra contra. Cuanto más tiempo tardemos en entender que necesitamos levantarnos de la poltrona y empezar a trabajar eficazmente en la unión del colectivo, menos tiempo vamos a tener para revertir esta situación.

Las redes sociales arden, los insultos, amenazas y los deseos de muerte hacia los cazadores crecen de manera exponencial. No son pocos los que sufren acoso, incluso en su propio trabajo, por parte de grupos extremistas que se confiesan animalistas, luchadores y que no piensan respetar ni leyes ni la integridad física del cazador. Y nosotros seguimos enfrascados en nuestra cada vez ‘más pobre’ razón, perdiendo día a día los pocos apoyos que nos van quedando en la sociedad.

Yo sí me he propuesto luchar, pero no basta con que unos pocos nos revelemos y nos pongamos en marcha, ya que hace falta la ayuda y el apoyo de todos, porque la voluntad y las buenas palabras se quedan en eso, simplemente en buenas palabras y cada vez está más cerca el que nuestros hijos, o quizás nuestros nietos, no tengan la oportunidad de disfrutar de la caza como nosotros lo hicimos, porque no quisimos esforzarnos en defender nuestras razones ante la sociedad, porque no quisimos adaptarnos a los nuevos tiempos, porque nos negamos a hacer lo necesario.

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