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De corzos, cochinos y lobos

Para mí, al igual que para muchos otros cazadores españoles, este mes de julio es muy especial, venatoriamente hablando, un mes para disfrutar de la caza. Se concentran en él una serie de posibilidades cinegéticas que le confieren un encanto difícilmente superable.

Podemos cazar conejos, preparar a nuestros perros para la media veda, pero corzo-hierbassobre todo, aprovechar esos días en los que los corzos parecen volver a aparecer, como surgidos de la nada, después de semanas de permanecer con una mínima actividad en lo más profundo del bosque. Y además, qué mejor momento que éste para las esperas cochineras... Noches, calor, mosquitos y otros insectos, luna y viejos macarenos con grandes bocas como objetivo, aunque a la hora de la verdad se quede todo en bastante menos. Es julio, nos vamos de caza, pero antes vuelve a las páginas de Caza Mayor la polémica en torno al lobo.

Mientras algunos grupos pseudoecologistas siguen empeñados en presentar al lobo como víctima y hablar de descenso poblacional para seguir recibiendo subvenciones, la realidad del lobo en nuestros territorios es otra muy diferente, que puede verse mejor reflejada por una noticia que he leído en ElCotodeCaza.com. Así, la Junta de Castilla y León ha autorizado el abate de otros cuatro lobos más en el área de Riaño y otros tres en Mampodre, debido al aumento de los ataques del cánido al ganado en los últimos meses. Los encargados de llevar a cabo la caza de estos siete lobos serán los celadores del Parque Regional de Picos de Europa (seguimos con las mismas de siempre, sin ofertarlos para la caza).

Estos siete nuevos permisos se suman a los quince lobos que abatieron en la pasada temporada de caza los propios cazadores locales o que tenían alquilados los cotos de las zonas donde se encuentra el lobo. “De momento van a ser nuestros profesionales los que se encarguen de reducir la población de lobos ante el daño que están haciendo al patrimonio de los ganaderos, no contemplamos pero tampoco descartamos que se permitan organizar batidas a los cazadores locales, ya que estas batidas suelen servir para tranquilizar a la gente, es algo de lo que reclaman, pero no suelen ser tan eficaces como la gente piensa”, explican en la Junta.

La medida se ha anunciado en medio de fuertes críticas de ganadores y municipios, ya que son muchos los potros y otros ganados atacados por los lobos. Precisamente, un ganadero decía que “en la zona se considera que se deberían de realizar batidas en un orden correcto, lo que implicaría realizar ojeos con personas y perros y que fuesen más los ejemplares de lobos autorizados a batir, si es que se quiere solucionar este problema”.

Pero no sólo es el ganado el objetivo del lobo. También se están viendo afectadas, sin que nadie haga nada, las poblaciones de especies cinegéticas, sobre todo corzos. Últimamente vienen apareciendo muchos restos de animales víctimas de ataques. Lógicamente, los ingresos por las subastas de caza de las Reservas representan una fuente muy importante de ingresos, y en algunos casos la única, para las juntas vecinales de los pueblos de montaña, de ahí el miedo a que el lobo acabe también con ese recurso económico.

Recientemente, en la revista Federcaza un habitual colaborador, cazador y buen conocedor de la situación, Francisco Chan, se refería así a la situación en la reserva de Ancares: “de los miles de corzos que poblaban los Ancares leoneses, al igual que ha ocurrido con los gallegos, ya no quedan más que unos pocos cientos que, curiosamente, los perros los levantan cerca de las casas. ¡Pobrecillos, allí buscan su último refugio! Después de un día entero trotando esos montes, del jabalí sólo hemos podido hallar pisadas de un gran macho. Otro navajero apalobos-manadareció comido por los lobos; hembras y crías huyen de la Reserva. La mayor cantidad de rastros de lobo que he visto nunca están concentrados en los alrededores de Candín. Durante la jornada, amén de una docena larga de heces del lupus, sus huellas, vistas en la nieve y el barro, fueron incontables.

Los guardas se quejan de que todo empezó cuando en Asturias dejaron que se les fuese de las manos el correcto y necesario control equilibrado de predadores, y ahora ni son capaces, ni tienen apoyo político para meterle mano al asunto. Nadie tiene el valor de reconocer la necesidad de proteger a las presas en esta Reserva. Esta verdad incómoda denuncia la ruina económica para los pueblos del entorno. Año tras año verán achicarse más y más sus ingresos por la caza. Pronto, muy pronto, Ancares sólo será un parque monotemático donde la labor de la guardería consistirá en llevarle comida al lobo en carretillas, porque ya no encontrarán nada salvaje sobre lo que predar. En España somos así...: o el todo, o la nada. Hemos estado a punto de aniquilar al lobo, al que llamábamos alimaña; pocos años después lo sobreprotegemos para que llegue a destruir la biodiversidad de una Reserva”.

Sobran más comentarios. ¿Hasta cuándo se aguantará una sobreprotección al ‘hermano lobo’ y, sobre todo, ¿quién paga las consecuencias?