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Efectos negativos del castigo físico en la educación

perrroEn todo proceso educativo los premios y castigos conforman una parte esencial de las herramientas de control que maneja el educador. Educar a un perro va más allá del simple esquema estímulo-respuesta (si hace bien tal cosa recibe un premio), pues educar es crear en el educando (perro) por el educador una motivación para realizar correctamente un trabajo. Esta motivación se traduce en la libre vinculación del perro a las tareas que se le demandan.  Una correcta política educativa garantiza que el proceso avance en la dirección correcta.

El castigo fue en el pasado sobrevalorado, nos basta recordar la frase “la letra con sangre entra” empleada por nuestros abuelos. La historia ha desmontado esta creencia y hoy sabemos que el castigo, aparte de demostrar una clara insensibilidad en el que lo aplica, da escasos resultados educacionales. Sin embargo el castigo físico es el método de corrección al que con mayor frecuencia acude el propietario que trata de eliminar una conducta de su perro que le resulta inaceptable. Si le preguntas por qué actúa así, responderá: “Las cosas siempre se han hecho de este modo, una mala conducta se arregla con un buen bofetón”  Para desmontar esta creencia, para interrogarse sobre la utilidad de las cosas, basta recordar lo que los etólogos llaman “la paradoja del mono”

Un grupo de científicos encerró cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cuando uno de los monos subía la escalera para comer los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo. Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros le golpeaban para evitar que trepara. Pasado algún tiempo y tras repetirse en diversas ocasiones la paliza, ningún mono se atrevía a subir la escalera a pesar de la tentación de los plátanos. De este modo todo el grupo evitaba ser rociado con agua fría. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el mono nuevo al ver los plátanos fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado a golpes por los otros monos para evitar el agua. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo no volvió a subir la escalera. Los científicos decidieron sustituir a un segundo mono, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo en las palizas al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. Con el cuarto ocurrió lo mismo y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Quedó entonces en la jaula un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba subir la escalera y llegar hasta los plátanos. Si fuera posible que alguno de los monos nos contase por qué le pegaban al que intentaba comer plátanos, con certeza la respuesta sería semejante a la del propietario anterior: “No lo sé, las cosas siempre se han de este modo”

La mentalidad popular supone que además de premiarse la acción correcta debe castigarse físicamente la incorrecta, algo que rara vez aporta beneficios en la educación. Los primeros que empezaron a cambiar este punto de vista fueron los conductistas al formular la “ley del efecto” enunciada por Edward Lee Thorndike. Thorndike comprobó que cuando por azar un animal realizaba una conducta que venía acompañada por una situación grata para él, la conducta en cuestión se repetía cuando el animal se encontraba en idéntica situación. Para los conductistas el premio reviste muchas más importancia que el castigo, de hecho, interpretan el castigo como la privación de un beneficio (premio), por eso le llaman “refuerzo negativo” También debemos a los conductistas conocer que la eficacia en la administración de los premios y castigos exige de inmediatez en la acción. Premiar tarde no sirve. Las teorías sobre la educación, abanderadas por la escuela de psicología behaviorista del psicólogo Burrhus Frederic Skinner, formularon el concepto de “condicionamiento operante”. El condicionamiento operante es una forma de aprendizaje en la que la consecuencia (el estímulo reforzador) es contingente a la respuesta que previamente ha emitido el sujeto.

Admitimos que si una conducta va seguida de una satisfacción el animal tiende a repetir esa conducta. Los procesos de aprendizaje dependen en gran medida de la recompensa obtenida. Cuando tratamos de educar al perro para una tarea, le inducimos a ello mediante alguna clase de premio, el más recurrido es un poco de comida, pues es de sentido común que se premie el trabajo bien hecho. ¿Y qué pasa si una conducta es seguida por un castigo? En nuestra relación con el perro tradicionalmente hemos instaurado una política que podemos denominar de la zanahoria y el palo (premio y castigo). La mentalidad popular da por cierto que si se premia la acción correcta debe castigarse la acción incorrecta. La experiencia ha probado que mientras la recompensa siempre refuerza la respuesta correcta, el castigo, en general, no debilita la incorrecta. La proposición: “El estímulo aversivo inhibe el comportamiento indeseable”, no parece acertada.  El miedo al castigo provoca que el perro trate de evitarlo mediante un comportamiento de huida, mientras que la conducta indeseada permanece inalterable. En general el castigo tiene efectos negativos, el perro responde con la huida o con la lucha si tiene un temperamento dominante. En perros que han sido severamente castigados durante su educación podemos observar un interesante comportamiento, tan pronto ven los instrumentos educativos como la traílla, aumentan los latidos de su corazón y muestran ansiedad, es el denominado estrés educacional. Ello supone un factor muy negativo para el aprendizaje, pues incluso pueden dejar de realizar actividades aprendidas anteriormente, aunque por esas actividades nunca hubiesen recibido castigo. Se produce una proyección de los estímulos displacenteros hacia actividades que antes realizaba con agrado.

La razón de ello es el comportamiento que el perro adopta ante el castigo, la suya es una respuesta social instintiva. El perro al que castigamos va a responder humillándose, esconde la cola entre las patas y se muestra sumiso; nos está enviando señales de apaciguamiento, nos ve como un superior amenazante y trata de tranquilizarnos. El castigo rara vez logra que el perro establezca una conexión mental entre su propio comportamiento indeseado y nuestra respuesta. En palabras claras, no entiende que es castigado por haber hecho algo mal sino que lo interpreta como un acto de dominancia social por nuestra parte, de ahí que el castigo resulte inútil en la mayoría de los casos.

Desde el momento en que un cachorro entra en casa comienza una educación silenciosa, de la que la mayoría de las veces el propietario no se daperrro 2 cuenta. Es una enseñanza basada en los estímulos positivos o negativos que el animal recibe. El cachorro corretea, come, defeca, juega, realiza multitud de acciones que le van a provocar places o displacer. Si el resultado de la acción es positivo tenderá a repetirla, si fue negativo a evitarla. Ese vivir cotidiano crea un poso de “sabiduría”, que condicionará su vida adulta como perro y su capacidad para aprender aquello que queremos enseñarle. El aprendizaje responde a una multitud de estímulos del más variado orden y una sensibilidad y motivaciones características de cada raza.

La conclusión es que debemos eliminar o reducir al máximo el castigo físico, denominado “castigo positivo” y si necesitamos emplear un estímulo aversivo recurrir al castigo negativo. Se entiende por castigo positivo acciones como golpes, gritos, tirones de la correa, collares eléctricos. Resulta poco eficaz para disminuir la frecuencia de una conducta. Por su parte el castigo negativo busca eliminar una conducta cuando se retira algo agradable que ocurría después de esa conducta. Por ejemplo, estás jugando con tu cachorro que sobreexcitado te muerde, inmediatamente dejas de jugar, entonces le estas aplicando un castigo negativo (si le dieras un bofetón sería un castigo positivo) Positivo hace referencia a añadir algo, el estímulo aversivo (bofetón) y negativo a retirar algo placentero(la continuación del juego)

Si tratas con violencia a tu perro nunca conseguirás educarle. El castigo positivo (castigo físico) provoca efectos muy negativos en el animal. Al estar asociado al dolor, (a todos nos duele un bofetón), puede provocar una agresión refleja de defensa, por lo que incrementa la agresividad en el animal. Deteriora la confianza del perro en tu persona, el castigo provoca problemas emocionales como ansiedad y estrés, el perro te asocia con los castigos y además de desconfiar de ti estas creando un perro tímido, inestable emocionalmente, que no aprenderá nada. Los perros se acostumbran a los castigos, el castigo produce habituación, lo que obliga a incrementar progresivamente la intensidad de los castigos entrando en un círculo vicioso. Primero bastaba un tirón de la correa, finalmente los tirones de correa no sirven para nada. Y, finalmente, con el castigo el perro no aprende la conducta correcta, e más grave aún, inconscientemente puedes estar reforzando la conducta que precisamente quieres eliminar, pues el simple hecho de prestar atención a tu perro para castigarle actúa como un reforzador de esa conducta. Es el ejemplo del perro que ladra para llamar la atención, si le ignoras termina cansándose y la conducta de ladrar desaparece, si acudes a regañarle ladrará más fuerte en el futuro, pues consiguió lo que deseaba, llamar tu atención.

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