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Miguel Ángel Romero nos explica por qué se desplazan a la costa

Así se comportan las becadas frente a las heladas

Una vez aposentadas, las becadas realizan, entre otras, migraciones altitudinales, esto es, de una zona alta a otra más baja, dependiendo de si se les termina el alimento o se hiela el terreno en las diferentes cotas.
Becadas_Heladas_G Imágenes de una becada y de un suelo helado.

No hay que olvidar jamás que la disponibilidad de alimento es lo que fuerza a las becadas a migrar. Estas aves se acomodan en un lugar y van a comer a los prados y pastizales, no habiéndoles escrito que donde se esconden las becadas suele haber buena comida para ellas.

 

Esto no quiere decir que al principio de la mañana se pongan en un sitio con buena despensa, pues suelen acomodarse para recibir los primeros rayos de sol en el lomo y luego se mueven apeonando o volando a su lugar habitual, que irán cambiando en el transcurso de su estancia en función de si tienen o no comida.

 

Si tienen alimentos, buena cobertura y troneras donde tomar el sol, ni se mueven del sitio. No todas van a los prados y pastizales; si así fuera, hace lustros que aquí se las habían cargado ciertos 'animales' de boina y cazamariposas, así como otros que vierten purines en las praderas.

 

El motivo de moverse a los prados

 

Las becadas suelen acomodarse donde, además de comida, disponen de solanas, pero a pesar de ello por la noche se van a comer a los prados. ¿Por qué? Hay quien sostiene que van a las praderas para, al mismo tiempo que comen, ubicarse en lugares donde puedan ver venir al zorrazo criminal.

 

Becada echada y suelo de un oinar helado.

 

Otros aluden a la peculiaridad de su aparato digestivo, que las hace esconderse en lugares donde de día puedan alimentarse, trasladándose de noche a otros lugares para cenar y así no agotar la despensa diurna. Algunos opinan que vuelan al atardecer por un instinto ancestral que las orienta con respecto a las demás, en tanto que otros creen que lo hacen para hacer ejercicio y que luego, si tienen un buen escondrijo, vuelven a él.

 

Sea por una u otra razón, lo que es cierto es que se mueven y que no sólo comen al atardecer y al anochecer. Se alimentan durante más veces al día, y eso no se puede afirmar o desmentir sin haber analizado los estómagos, como hizo en su estudio de hace unos años -y que incluimos en archivo adjunto- Luis Carlos Cabanas Mur, ingeniero de Montes, jefe de Caza y Pesca de la Siputación de Álava y uno de los grandes en el mundo de la becada y de la ingeniería forestal en España.

 

Epagneul bretón portando una becada en un coto con hielo en el suelo.

 

Para conocer a fondo una especie hay que saber lo que come, además de cómo y dónde se encuentra su alimento. Todo ello nos llevará a estudiar la entomología, la botánica, los montes y muchas cosas más. Ser cazador o pescador de verdad significa toda una vida dedicada al estudio y sentir que a uno le alcanza la edad desconociendo lo fundamental.

 

La costa como refugio frente a la nieve y al hielo

 

La becada no busca un escondrijo y se queda en él desde que viene hasta que se va. Excepcionalmente sí actúa así, pero la mayor parte de las veces está condicionada por las heladas, y con esto no me contradigo con lo de antes. Las heladas son el principal problema de las sordas que se quedan aposentadas , y es el motivo por el que huyen a las costas o a sus alrededores cuando barruntan un temporal.

 

Muchos pensarán que las becadas temen la helada porque no pueden meter el pico en el suelo. Eso es una verdad a medias, pues las becadas no sólo se alimentan de lombrices de tierra. Es cierto que son unas grandes devoradoras de orugas y que es su alimento preferido por encima de cualquier otro, pero no le hacen ascos a otros alimentos.

 

Hojarasca helada y becada fotografiada de noche.

 

Cuando el hambre les aprieta, y lo hace pronto, no hacen ascos ni a lo vegetal. La sorda es una superviviente nata, y como el zorro, come cualquier cosa que la mantenga viva y la aporte grasa suficiente para migrar y micromigrar. Vienen muy delgadas, eso es cierto.

 

La becada se vale del pico para meterlo en la tierra y comer, pero también patean el suelo para que salgan los bichos de sus huras, levantan piedras y hojas en busca de lo que ellas saben, e incluso comen semillas como las perdices, y muchas cosas.

 

(Texto: Miguel Ángel Romero Ruiz / Fotos: Archivo y Autor)