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ANTE LA PASIVIDAD DE LAS ADMINISTRACIONES

¡Alarma! La sarna está masacrando los venados y ya hay más de 10 personas contagiadas

Hablamos con Manuel Heras, cazador cantabro que denuncia la epidemia de sarna que arrasa sus montes y se ha convertido ya, en un peligro para la sanidad pública que lleva más de 10 casos en humanos en su zona.
Venado muerto por la sarna Venado muerto por la sarna en Cabezón de Liébana (Fotografía: Manuel Heras).

Hace unos días compartíamos el desgarrador vídeo de la agonía de un venado, que por culpa de la sarna fue a parar moribundo y desubicado, entre la carretera y unas casas. Manuel Heras fue quien lo grabó y difundió por las redes sociales, para alertar de la nueva epidemia de sarna que está arrasando con los venados de su zona y ha mermado de tal forma la población, que han pasado “de subastar 10 o 12 ciervos en Cabezon de Liebana, a 2 este año”

 

“Ya harto de esta situación y de la pasividad de la administración, me he decidido a denunciarlo y llegaré donde tenga que llegar para que esta brutalidad no se produzca”, nos asegura Manuel desesperado por ver cada día como más venados mueren en sus montes, ante los impasibles ojos de la administración.

 

Manuel Heras es cazador de cuna y ganadero por vocación y tradición, pero está viendo como su medio de vida pende de un hilo, sin que nadie ponga medios para resolverlo y con la desfachatez de usar la mentira como herramienta de defensa, por parte de unos administradores que se lavan las manos: “En Cantabria no hay ningún protocolo contra la enfermedad, en palabras del director de la reserva  "los animales que quedan vivos se inmunizan" cosa que no es cierta y esta demostrado”, denuncia Manuel.

 

No se tomó ninguna medida, simplemente se les dejó morir, sin retirar cuerpos, sin sacrificar animales enfermos, sin nada…"

 

Vecino de San Andrés, un pequeño pueblo perteneciente al ayuntamiento de Cabezón de Liebana, Manuel representa a los propietarios de los terrenos y la caza de más de 55.000 hectáreas, en su condición de representante de las juntas vecinales de la comarca de Liébana, en la Junta consultiva de la Reserva Nacional del Saja. “Desde hace muchos años la sarna existe en nuestros montes, pero desde hace unos 10 años se ha multiplicado” alerta Manuel, aunque lo verdaderamente alarmante es que “cuando un ciervo muere en nuestros montes, no hacen nada, no se retira ni se entierra, no se le hecha insecticida ni nada. Se queda en el sitio para seguir propagando la enfermedad”

 

Cadáver en proceso de descomposición de un venado muerto por sarna pegado a las casas del pueblo.

 

La experiencia con los rebecos parece no haber servido para nada, a pesar de haber visto las fatales consecuencias que tiene la inacción ante la propagación de una enfermedad para la fauna salvaje: “Tenemos una zona de montaña, en la que teníamos una excepcional población de rebeco cantábrico, además de ser un lugar único para la práctica de la caza. Lejos de mantener una población controlada y acorde en número de ejemplares al territorio, se abandono totalmente. La población alcanzó casi los 400 ejemplares hasta que la sarna dejo menos de 30 en 10 años. No se tomó ninguna medida, simplemente se les dejó morir, sin retirar cuerpos, sin sacrificar animales enfermos sin nada... Simplemente dejarles morir ciegos, de hambre mientras la carne se les cae a trozos... Un verdadero infierno”.

 

Manuel culpa a aquella inacción ante la masacre de los rebecos, de ser el origen de la nueva epidemia que arrasa las poblaciones de ciervos ahora, “como era de esperar la enfermedad paso a otros animales, zorros, lobos, ciervos y animales domésticos”  pero fue a partir del año 2012 cuando “se empezaron a ver ciervos con bastante sarna y en los últimos tres años cada vez más”. Para un amante de la naturaleza como es Manuel, “es un auténtico horror ver las condiciones en que están estos animales, no es posible imaginar el sufrimiento que tienen que pasar, se les pudre la carne en vida…” Las imágenes que compartía hablaban por sí solas. 

 

Amenaza para la salud pública

 

Los venados mueren entre sus pueblos, pegados a sus casas, a sus animales domésticos y lo más grave de todo, pegados a ellos, las personas. Manuel denuncia la gravedad de la situación, ya que solamente en su zona son más de 10 casos los que se han detectado de sarna en humanos. “Hay ciervos que han estado más de un mes cerca y dentro de los pueblos infectando a animales domésticos y a personas. Ya son más de 10 las personas infectadas en estos años y 5 solo en el último año” atestigua este cazador indignado con la brutalidad que están viviendo. 

 

La falta de protocolo de actuación y de los medios necesarios para afrontar la situación, provoca que los riesgos de contagio para las personas se multipliquen exponencialmente: “los animales que mueren dentro de los pueblos o en las carreteras, después de dar aviso y hacer presión los retira un camión o la propia guardería de la reserva, pero ellos no cuentan con medios ni con equipos para retirar con un mínimo de seguridad estos animales, ya que en las 48 horas siguientes a la muerte del animal es cuando el contagio es más peligroso”. 

 

Eso en el mejor de los casos, por que la mayoría de las veces los cuerpos se quedan para siempre donde fallecieron provocando una mayor expansión del parásito letal para la fauna. “Hace más de 15 días avisamos de uno y aún sigue en el sitio”, reclama Manuel, quien está en contacto con las personas que se han contagiado y nos comenta que “es súper doloroso, ya que el picor es insoportable y al final el cuerpo es una herida por todas las zonas afectadas”. Al menos, no parece ser mortal para humanos y se acaba curando con tratamiento adecuado y tiempo. 

 

La brutalidad de la sarna con las especies salvajes resulta desgarradora.

 

La facilidad para el contagio hacen que el peligro sea todavía mayor para los seres humanos, ya que el se produce de forma directa en muchos casos, “pasa directo de los ciervos a las personas muchas veces, ya que un ciervo se rasca contra cualquier sitio y vas tú y pones la mano y lo más fácil es que te contagies”.

 

La inaudita pasividad de la administración con la sarna y el lobo

 

Igual que ocurrió en su momento con los sarrios, cuya población se redujo hasta casi desaparecer por culpa de una pésima gestión, los vecinos de Cantabria ahora ven como la historia se repite con los venados. “Es una situación complicada en la que los administradores de nuestra caza,  que son los funcionarios nombrados por la consejería, ya que la ley por desgracia así lo dice, no hacen absolutamente nada. Bueno si, cobrar sueldos y acabar con nuestros recursos” reclama con impotencia Manuel.

 

Los problemas con la administración van más allá. Manuel es ganadero y cazador, uno de los pocos valientes que todavía se aferran a una forma de vida que cada día corre más peligro y que lucha contra el fenómeno de la despoblación en las áreas rurales, intentando sacar a flote sus reses: “Toda la vida he vivido en contacto directo con la naturaleza, ya que en mi casa siempre hemos tenido ganado. Me a tocado pasar miles de horas en el monte, tanto de caza cómo en mi faceta de ganadero”.

 

Por si fueran pocos elementos en contra, ahora se suma la sarna y cómo no, es otro de los afectados por la población fuera de control de lobos del norte, “aquí ya casi se hace imposible vivir del ganado por culpa del descontrol que sufrimos con el lobo”. 

 

Manuel Heras, que se ha criado en las montañas de la zona de Liébana, asegura que la caza no solo constituye una herramienta de gestión para evitar epidemias como la que ha arrasado los rebecos y ahora amenaza con hacerlo con los venados, sino que además es el motor económico de la región. “Conozco muy bien este territorio y las especies que en el habitan, así como las posibilidades que ofrece esta comarca para la práctica de la caza, un recurso del cual se mantienen estas juntas vecinales” asegura Manuel, añadiendo que se tratadel único ingreso con el que se cuenta. Estamos en una zona donde la despoblación es un hecho y me temo que por desgracia será algo irreversible”.

 

Este ganadero ha tenido que reinventarse por que como él mismo denuncia "del campo ya no se puede vivir". Nos cuenta que "tenía unas 120 cabras por capricho y porque hacen una gran labor al monte, me mataron los lobos 54 en un año y más de 130 en tres" de las cuales además, la administración solo respondió por 7 "de 130 me pagaron 7 y a un precio miserable". Al final, acabó por quitar las cabras por que solo le costaban disgustos y perdía dinero en su intento por seguir con una tradición familiar, que ha heredado de su abuelo y de su padre.