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Durante las noches de agosto

Cazarás buenos jabalíes en espera si no olvidas estos consejos

Dejada atrás la caza del corzo en celo, en esos días a caballo entre julio y agosto, avanza ya un mes en el que los aguardos nocturnos al jabalí se convierten en la principal opción venatoria de este tiempo estival.
  • Aquellas inmensas tierras cerealistas que durante meses sirvieron de cobijo y fuente de alimento a venados, corzos y jabalíes, de repente se han quedado desnudas, una alteración vertiginosa del medio que incide directamente en el comportamiento de estos ungulados. Por eso, no es de extrañar que a estas especies durante un tiempo les cueste acomodar sus sentidos a la nueva situación. Al jabalí, aún más a los machos adultos, su instinto les lleva a tomar todo tipo de precauciones por unos parajes que les resultan desconocidos.
  • Aparte del natural recelo que al jabalí le produce la brusca trasformación de su hábitat habitual, también juega en contra del esperista la facilidad para encontrar sustento de estos animales: una vez acabada la recolección del cereal, es evidente que queda mucho grano en las tierras, las patatas se empiezan a recoger y, sobre todo, los cultivos de girasol y maíz ya han granado, y no son sólo una fuente de alimento importante, sino que además estas forrajeras les proporcionan también refugio.
  • Los cebaderos, tan efectivos durante muchos meses del año, ahora ya no lo son tanto, por consiguiente, si queremos optimizar nuestras posibilidades de éxito, no nos que más remedio que buscarles las vueltas de forma diferente. Afortunadamente, contamos con la posibilidad de plantear la espera en alguna baña o revolcadero de los utilizados por esta especie para desparasitarse.
  • Si bien la posibilidad más atractiva para colocarnos de espera en agosto es elegir un bañal sobado, también puede darse la circunstancia que, instalados en plena canícula, no exista ningún humedal ni charca con algo de agua en el coto, y claro, no nos queda otra alternativa que buscar alguna siembra en la que los daños sean evidentes.
Parcela de girasol muy tocada por los cochinos.
  • Localizar algún cultivo de maíz o girasol en los que la presencia de los suidos sea evidente resulta determinante, tanto por las posibilidades que existen de culminar con éxito el anhelado lance, como por la delicia que supone para cualquier amante de la naturaleza ver o escuchar a estos animales tronchar las mazorcas o las tortas arropados por la luna en el inmenso silencio de la noche.
  • Abatir un buen guarro en maíces y girasoles no es nada fácil a no ser por un golpe de suerte. A buen seguro que los astutos macarenos también participan de estos festines. A veces las huellas lo ponen bien de manifiesto, pero un animal de este porte entrará muy tarde tras haber tomado el aire durante varias horas y desde distintos puntos antes de decidirse a entrar.
  • Vistas las distintas opciones a las que hemos hecho mención, la atracción que les produce el baño, mejor diríamos el barro como antiparasitario frente al despiadado ataque de incómodos invertebrados (pulgas, garrapatas, etc.), será la mejor opción que cabe para jugar el lance. La única dificultad reside en dar con los revolcaderos naturales, ya que por lo general suelen ser lugares muy resguardados, puntos concretos en los que sepamos que existen tierras blancas de greda o bien arcillas rojas muy viscosas, que son las que poseen esas cualidades protectoras para su piel.
Gran jabalí en un punto de agua en verano.
  • Si no conocemos con anterioridad algún emplazamiento de este tipo, lo mejor es patear el monte en busca de huellas recientes de barro, bien entre los arbustos o en los troncos de los árboles, signos inconfundibles de que algún jabalí se ha restregado en ellos. Por consiguiente, una vez descubiertos esos rastros de barro, habrá que seguir las huellas que nos lleven al anhelado humedal.
  • Otra opción que suele dar buen resultado con los machos resabiados es invertir la costumbre y en vez de preparar la espera tradicional, llegaremos de madrugada para colocarnos en alguna trocha sobada que sepamos le lleva de regreso a su encame. Ésta es otra opción de escaso arraigo entre los esperistas, pero que suele dar buenos frutos; el mayor inconveniente es que hay que conocer muy bien el monte y el careo habitual del cochino para elegir el lugar adecuado.

(Texto: J. M. R. V. / Fotos: IA S. y Shutterstock)

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