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Cuando esta mini-temporada de caza estival afronta su recta final

Codornices, tórtolas y palomas: así va la media veda 2018

En ocasiones, cuando escribo de caza o de pesca, soy criticado y vilipendiado por decir lo que veo y fotografío, sin poner las imágenes frente a un espejo cóncavo, como en esta serie de artículos sobre la media veda 2018.

Cuando cojo la pluma para escribir de caza, no lo hago para satisfacer mi ego con la literatura, pues tengo varios premios en ésta y otras materias de los que me siento orgulloso aun cuando absolutamente todos y cada uno de mis menesteres vitales, tuve que torearlos a puerta gayola por el motivo de una cierta envidia generosa consustancial con una España de diez cabezas donde nueve embisten y una piensa.

Y, siguiendo con Machado, me atenaza el recuerdo de sus letras: "La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María…". Terminemos esta introducción recordando a Quevedo cuando escribió: “Muchos dicen mal de mí, / y yo digo mal de muchos; / mi decir es más valiente; / por ser tantos y ser uno".

Distintos caminos tomados por la caza menor y mayor

Miren ustedes, sin ambigüedades ni juegos de palabras, la caza menor va de mal en peor salvo excepciones como la torcaz y pare usted de contar. No se me olvida decirles que la vox populi sobre la perdiz  dice que ha criado bien. Hombre, si hay pocas, por mucho y bien que críen, seguirá habiendo pocas. ¿O no?

Por su parte, la caza mayor va cada día a más, aun cuando sobre el jabalí se cierne una temible espada de Damocles. Pero obviando esto, tengo que decirles que nos vamos a morir de éxito.

Me transmiten desde altas instancias cinegéticas que si digo la verdad de la codorniz y la tórtola, nos cierran la media veda. Miren ustedes, sinvergüenzas, yo siempre voy a escribir lo que vea, lo que me digan mis fuentes y lo que lea, comprobando todo ello por si acaso. Y no me echen la culpa de su mala o nula gestión, porque entonces escribiré de lo mucho que valgo debido a lo mucho que callo.

Repaso a lo que llevamos de media veda

Codorniz

Hasta momentos antes de la desveda, los dedos más bobalicones de la venatoria española, aplaudidos por los vendedores de tarjetas, hicieron declaraciones de la gran campaña codornicera que iba a amanecer.

Perro los pobres diablos no dieron el brazo a torcer a pesar de que media afición vino el primer día de vacío o con la pírrica cantidad de un pollo o de una codorniz con la rama de huevos por dentro. Con excepciones legales, claro, como todo en la vida. Y con excepciones ilegales y mala praxis venatoria consistente en meterse ellos y los perros o todos juntos por los cereales, alfalfas, girasoles, maizales, remolachas, etc., o utilizando aparatos con los cantos de las codornices digitalizados.

Muchas perchas grandes de forma sistemática tienen su origen en cazar en los frutos sin recoger o utilizando los aparatos digitales. Pero no se puede hacer tabla rasa. Es más, yo fotografío a quienes sé de sobra que son legales, los furtivos ya no me interesan, pues en todos vi el denominador común de la insolidaridad, la miseria, la envidia y la avaricia.

Cazador y sus perros con las codornices cobradas.

Al subir hacia el norte las cosechadoras junto a las empacadoras de paja, las codornices fueron disminuyendo y a partir del 2 de septiembre, ya ni se salía a cazar codornices, salvo raras excepciones entre las que me encuentro, en aras de que los perros anduvieran en mi coto.

También hay quien dada la situación, suelta codornices de granja en el campo sin permiso oficial. Ésos hacen buenas perchas, claro, pero debían ir a la cárcel, pues si aquerencian codornices las mata el invierno y si no las mata, ya tenemos una variedad genética con la que justificar subvenciones.

Mis previsiones fueron correctas y sin mácula, pero no las de ustedes. Si bien es cierto que hubiese preferido que hubiese sido al revés. Yo dije que pocas y di pelos y señales, mientras que ustedes me contradijeron sin ningún miramiento y a través de sus maldades. 

Tórtolas

La abundantísima tórtola turca sólo se puede cazar por daños y algún que otro apaño, pues está considerada como “especie no cazable”. La tórtola común está ausente en el tercio norte peninsular, siendo anecdótica su caza. En la mitad sur hay cebas y su baja es considerable desde hace pocos años hasta nuestros días.

Tórtola turca.

Paloma bravía

Por fin se ha abierto este año y la gente está muy contenta, sobre todo los mayores y aquéllos quienes no pueden destinar mucho dinero a la caza. Son las palomas de las ciudades que en estas épocas salen a las afueras en busca de una comida cuyas vitaminas, glúcidos, prótidos, etc. no encuentran en las urbes.

Ya se levantan voces pidiendo que este tipo de palomas las cacen los grupos de personas antes mencionadas a una distancia de las ciudades donde no tengan por qué pertenecer a un coto y si lo hacen, que sea gratis, como lo son las licencias de caza y pesca en Euskadi para los mayores de 65 años.

En Vitoria todos los mayores de 65 años le estamos muy agradecidos a quien fue alcalde de la ciudad además de diputado por Álava y otros muchos cargos más. Se llama Alfredo Marco Tabar. Cazador empedernido y un hombre empeñado en hacer el bien con independencia del partido al que pertenece.

En el próximo post me centraré más en el devenir de las especies, pero por Álava ya andan pasando la grada y el girasol ha granado y hasta las palomas bravías no le hacen ascos. Cada vez tengo menos dudas de que la caza menor sigue adelante con y por las palomas, además de con las tórtolas turcas, que se reproducen como ratones.

(Texto y fotos: Miguel Ángel Romero Ruiz)