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Iniciativa de la Asociación del Corzo Español a través del Grupo Operativo Capreolus

Cámaras térmicas en drones salvarán corcinos en los cultivos

La Asociación del Corzo Español (ACE), consciente de la muerte de corcinos atrapados por las cosechadoras cada año en toda España, está desarrollando, a través de un equipo de expertos, un sistema de detección para evitar la mortandad de crías de corzo.

Con el Proyecto Aequilibrium en marcha, alumbrado por la Asociación del Corzo Español y el Grupo Tagonius, la ACE vuelve a alumbrar una gran iniciativa gracias podrían salvarse muchos corcinos que todos los años mueren atrapados por las cosechadoras y segadoras.  

Tal y como explica la Asociación que preside Florencio Markina, “el corzo es un pequeño cérvido cuyas crías, llamadas corcinos, todos los años sufren numerosas muertes y mutilaciones debido a los trabajos agrícolas. Los partos de esta especie se producen entre abril y junio. La madre deja oculta al corcino recién nacido en un lugar con hierba alta, acudiendo a alimentarlo varias veces al día. El corcino permanece agachado, confiando en su capacidad de pasar desapercibido para evitar a los depredadores. Cualquier ruido o alteración (como un tractor acercándose) hace que se mantengan lo más ocultos e inmóviles posible hasta que pasa el peligro”.

Pero claro, esta estrategia, que funciona muy bien en terrenos naturales, resulta muy perjudicial en cultivos y pastizales. “La altura de la hierba o el cultivo hacen que estos lugares sean vistos por la madre como un lugar ideal para esconder a sus crías mientras se aleja en busca de alimento. Al comenzar las tareas de siega o recolección los corcinos permanecen lo más agachados e inmóviles posible, evitando ser detectados hasta que la máquina los atrapa. En el caso de cosechadoras el corcino es absorbido e incorporado a las balas de heno o paja, muriendo en el proceso. Si se trata de una segadora esta puede limitarse a provocarle graves cortes causándole gran sufrimiento hasta que el corzo es sacrificado por el agricultor o muere desangrado”, apuntan desde la ACE.

Grupo Operativo Capreolus

Con la idea de proporcionar una solución efectiva a este problema se ha creado Grupo Operativo Capreolus, cuyos métodos actuales, que se han probado ineficaces, se basan en la detección a pie de terreno con personal, en ocasiones ayudado por perros de rastreo.

Cosechadora trabajando en un cereal.

El nuevo método propuesto se basa en la detección de los corcinos mediante cámara térmica transportada en un dron. “Las imágenes obtenidas se analizarán mediante un software especialmente desarrollado basado en el que las investigaciones más punteras emplean para censos de animales salvajes, de forma que se puedan identificar los corcinos ocultos con seguridad y eficiencia. Una vez localizados, personal especializado tomará las medidas necesarias para evitar que sean atrapados por la cosechadora o la segadora, asegurando su supervivencia”, apostilla la Asociación del Corzo Español.

El Grupo Operativo Capreolus, que cuenta con la colaboración del Departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), está constituido por los siguientes socios beneficiarios: Asociación del Corzo Español (ACE), Grupo para la Recuperación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), Estudios Medioambientales (ESMA), Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC) y Unión Agroganadera de Álava (UAGA).