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Qué hacer y qué no hacer en los aguardos nocturnos

6 fallos y aciertos en las esperas de jabalíes en verano

Quizás no sean estas fechas las mejores para hacernos con el cochino de nuestra vida en una espera nocturna, pero por suerte o por desgracia es cuando buena parte de nosotros tenemos algunas semanas de vacaciones y podemos hacer aguardos nocturnos.
Aciertos_Fallos_Guarros_Verano_G Gran jabalí cazado en espera nocturna.

Cuando no estamos en la playa, los apasionados de las esperas de jabalí solemos aprovechar para hacer uso de los permisos que las Administraciones suelen concedernos con el fin de evitar en la medida de lo posible los daños que los guarros hacen a las cosechas, a los sistemas de riego o a los pastos.

 

A continuación describimos 6 errores y aciertos que podemos cometer en las esperas de cochinos en estas semanas, concretamente 4 fallos y 2 aciertos que nos vienen a decir qué hacer y qué no hacer en los aguardos nocturnos.

 

1. Aguardar en el agua: ACIERTO

 

Qué duda cabe…; el agua es la vida, y más en pleno verano, cuando los animales la necesitan tanto para beber como para refrescarse y para librarse, aunque sólo sea momentáneamente, del incordio de moscas, mosquitos y demás insectos que amargan la existencia de cualquiera.

 

No se ha terminado de poner el sol y los animales acuden ya desesperados en busca de saciar su sed y de librarse por un rato de moscas, moquitos, garrapatas y demás.

 

El agua y el barro constituyen en cualquier mes un lugar apropiado para esperar a los guarros, pero ahora es visita obligada y temprana para ellos, que en muchos casos adelantarán incluso hasta antes de que la luz del día termine de irse; eso sí, como podréis imaginar, guarretes jóvenes y marranas con sus crías entrarán más o menos decididos, pero los adultos tomarán -como siempre- las medidas oportunas para salvaguardar su existencia, dando cuantas vueltas hagan falta y tomando cuantos vientos sean necesarios antes de -nunca mejor dicho- lanzarse al barro.

 

2. Cazar en los comederos: ERROR

 

Ni los comederos automáticos ni los cebados a mano son ahora lugares especialmente productivos. Por supuesto que en determinados sitios especialmente faltos de alimento pueden seguir funcionando igual que en otros meses del año, pero por lo general ahora son mucho más efectivas las esperas en el agua, en el barro, en los pasos o en los cultivos que en los comederos.

 

Los viejos macarenos no se dejarán ver fácilmente en ningún sitio ni en ninguna época del año, pero desde luego será algo más fácil encontrarlos en una baña dentro del monte.

 

Además, igual que en invierno un cochino sabe que ese peligroso pero fiel artefacto que suelta un kilo de maíz todos los días es relativamente seguro a altas horas de la noche, sabe también que ahora, en pleno verano, ni a las dos ni a las tres de la mañana es tan seguro, pues sabe que estos meses la presencia de su enemigo, el hombre, se multiplica por diez y se alarga en el tiempo muchas más horas que en otros meses más intempestivos.

 

3. Insistir e insistir sin desmayo: ERROR

 

La perseverancia suele ser muy buena consejera en infinidad de aspectos de nuestra vida, y más en el deporte, pero en esto de las esperas no es desde luego la mejor virtud; si vemos, por ejemplo, las huellas de lo que parece un buen cochino en el barro de una acequia, no suele dar resultado repetir y repetir la misma espera desde las nueve de la noche hasta las dos de la mañana durante siete días seguidos.

 

 

 

Mucho más productivo que gastar siete cartuchos repitiendo comportamiento es gastar sólo un par de ellos pero bien gastados, esto es, echando, por ejemplo, una noche entera en lugar de retirarnos a las dos, o cazando un día de nueve de la noche a tres de la mañana, y si no vemos nada, cazando tres días más tarde desde la una hasta el amanecer. Cambiando nuestras costumbres es como probablemente logremos sorprender a ese buen guarro que tanto anhelamos.

 

4. Ponerse en los rastrojos: ACIERTO

 

Hay quien tras unos meses cazando con mejor o peor fortuna en un tomado trigo mocho, abandona esa tierra tan pronto como es cosechada, pues presume que ahí la comida ha desaparecido y que por tanto los cochinos se trasladarán irremediablemente a otro lado en busca de nuevas despensas que asaltar.

 

Allá donde ya se haya cosechado el cereal habrá grano derramado por el suelo que aprovecharán los jabalíes para llenar la andorga, incluso de día.

 

Ni la cosechadora John Deere más moderna ni el peine Massey Ferguson más fino son todavía capaces de no derramar parte del grano que recogen al cosechar, y eso lo saben bien los animales, desde los guarros hasta los venados, desde los ratones hasta las torcaces.

 

Es cierto que los animales han perdido la protección que les proporcionaba el cereal crecido, por lo que no saldrán tan alegres a lo abierto, pero con poquita luna y bien entrada la noche, una tierra recién cosechada es un excelente puesto de esperas.

 

5. Ponernos al anochecer: ERROR

 

Salvo que estemos jugando a cambiarle nuestra estrategia a un resabiado cochino que nos tiene cogido el aire, la extendida costumbre de dirigirse al puesto con el sol ya escondido por detrás del horizonte es de todo menos buena.

 

En verano no podemos llegar al puesto haciéndose de noche; cuanto antes mejor, y si es con el sol todavía fuera mejor que mejor.

 

En estos meses las horas de noche son muy pocas y las necesidades de agua y alimento muchas, por lo que los animales no pueden permitirse el lujo de esperar un par de horas tras la caída del sol para empezar a moverse; al puesto hay que llegar todavía con el sol arriba, y de hecho no es demasiado raro en verano que antes de que el astro se termine de esconder tengamos ya la faena lista.

 

6. Utilizar repelente: ERROR

 

Sí, en ocasiones no tendremos más remedio que bañarnos en Relec o volvernos a casa si no queremos morir devorados por los diminutos o no tan diminutos vampiros tocacojones, pero mientras sea posible evitar los repelentes, mejor evitarlos, salvo en puestos muy elevados o tan bien situados que sea imposible que carguen el aire a ninguna parte por la pueda aparecer/entrar/dar la vuelta un marrano.

 

La manga larga y los pantalones largos quizás nos agobien un poco a media tarde, pero por la noche no sobran, y nos librarán del ataque de los mosquitos.

 

Por desgracia, los supuestos repelentes naturales inodoros o los electrónicos al menos a mí no me han dado buen resultado, pero sí uno más antiguo que el sol, el de la manga larga, el pantalón largo, los guantes y la máscara mosquitera. Hoy en día hay ropa antimosquitos de todas las facturas, y aunque cazar en camiseta sea una gozada, si no queda más remedio nos tocará cubrirnos enteros, cara incluida, levantándonos la mosquitera de la cara sólo para echarnos los prismáticos a la cara o, por supuesto, en el momento de disparar.

 

(Texto y fotos: IA Sánchez)